Body Painting anatómico de Danny Quirk

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Echad un vistazo a la obra del artista estadounidense Danny Quirk. Con un muy trabajado detalle, su llamativo body painting nos revela ese complejo universo anatómico oculto bajo nuestra piel.

Según he leído en el Huffington Post, Danny (ilustrador científico) halló esta exitosa via de expresión artística tras intentar hacerle a su novia un disfraz de Halloween.

Aqui un par de enlaces que nos muestran su trabajo:

https://www.facebook.com/pages/Danny-Quirk-Artwork/283073600976

http://www.medinart.eu/works/danny-quirk/

La Voz de Su Amo, de Stanislaw Lem

Stanislaw_Lem_2A pesar de su densidad, La Voz de Su Amo (1968), es una de las novelas más fascinantes del polaco Stanislaw Lem (1921-2006), acaso el más grande autor de los que hayan escrito en eso que suele etiquetarse como ciencia-ficción. Pero más allá de los etiquetajes (que a menudo solo sirven para alimentar prejuicios y dificultar una valoración crítica y/o estética adecuada), con Lem sin duda estamos ante uno de las mayores figuras literarias del siglo XX. Y ello a pesar de que quizá no demasiados críticos y académicos (de formación esencialmente humanística) estarían muy de acuerdo con este aserto.

Personalmente estoy convencido de que la importancia de Stanislaw Lem dentro del mainstream literario irá creciendo según avance el presente siglo. Tal cosa sucederá a medida que el impacto social y cultural de la tecnociencia (cada vez más abrumador y gigantesco) se deje sentir también en el mundo de la creación con propósito estético. De hecho, si hablamos de humanidades, no hay una mayor que la ciencia y el conocimiento basado en la evidencia, y tal idea no puede sino abrirse paso con el tiempo.

En La Voz de su Amo, Lem nos presenta un escenario similar al de Contact (1985) de Carl Sagan. Un mensaje procedente de las estrellas llega a la Tierra, se abre camino hasta el corazón de nuestra civilización, dejando a nuestros científicos e intelectuales llenos de zozobra. Mientras se dilucida si dicho mensaje es o no de origen artificial (es decir, si procede de una tecnología extranjera desde un planeta y un sol distantes), el impacto de dicho mensaje sacude todos los departamentos de nuestra cultura humana. Todo se ve sacudido y fuertemente influenciado. Desde la teología hasta el arte, pasando por la filosofía, la antropología, la psicología, la sociología o la política. La Voz de su Amo puede leerse, igual que otras obras de Lem, como uno de esos ricos y rebosantes textos borgeanos que se mueven entre la ficción y el ensayo, que borran la divisoria entre géneros.

La obra de Stanislaw Lem no es solo un verdadero festín intelectual: es también una representación de la cultura en un sentido total: aquel que incluye la ciencia experimental y la técnica en el entramado de nuestra vida y preocupaciones.

Fragmento  (…)

downloadPuesto que incluso en aquel tiempo pertenecía yo a la vanguardia del mundo matemático, el impacto de esta prueba sobre las comunidades de antropólogos, etnólogos, biólogos yfilósofos fue igual a cero. Durante mucho tiempo no pude entenderlo. Mi trabajo no era una hipótesis, sino una prueba formal —y, por tanto, irrefutable—que demostraba que ciertas características humanas sobre las que una legión de pensadores a lo largo de los siglos se devanó los sesos, erantotalmente explicables por un proceso de fluctuación estadística, un proceso—sea en la construcción de autómatas o de organismos— imposible de evitar.

Más tarde extendí la prueba para dar cabida además al fenómeno de la aparición de la ética en los grupos sociales, y en este caso pude recurrir al excelente material preparado por Thorpe. Pero tampoco este ensayo fue tenido en cuenta. Al cabo de varios años, después de muchas discusiones con especialistas dedicados al hombre, llegué a la conclusión de que mi descubrimiento no había sido reconocido, porque ninguno de ellos deseaba esa clase de descubrimiento. El estilo de pensar que yo representaba en esos círculos era repugnante, porque no daba cabida a la contraargumentación retórica.

¡Vaya falta de tacto la mía! Probar algo referido al hombre …matemáticamente. En el mejor de los casos mi trabajo fue considerado «interesante». Ninguno de esos especialistas estaba dispuesto a aceptar que el venerable Misterio del hombre, los aspectos inexplicables de su naturaleza, son una consecuencia de la Teoría General de la Regulación. Por supuesto, esa oposición no se expresó de manera directa, pero la prueba se esgrimió en mi contra. Me había comportado como un caballo en una cacharrería, porque lo que no había podido ser resuelto por la antropología ni la etnografía con su trabajo de campo o por las más profundas meditaciones y reflexiones filosóficas sobre la «naturaleza humana», y que desafiaba la formulación preposicional tanto de la neurofisiología como de la etología, y que procuraba terreno fértil para la siempre proliferante metafísica, para las oscuridades psicológicas y para el psicoanálisis, tanto el clásico como el lingüístico y sabe Dios qué otros estudios esotéricos, yo había pretendido cortarlo, como un nudo gordiano, con una prueba contenida en nueve páginas impresas.

Se habían acostumbrado al alto oficio de Guardianes del Misterio, ya se llamara el Misterio Transmisión de los Arquetipos, Instinto, Fuerza Vital o Deseo de Muerte; y yo, tachando esas sagradas palabras con determinada especie de grupos transformativos y teoremas ergódicos, ¡ pretendía poseer la solución del problema! De modo que me cogieron una decidida antipatía (aunque escrupulosamente disimulada), experimentaron indignación contra ese pagano que había osado levantar una mano contra el Enigma, que intentaba terminar con el perenne flujo de la fuente y silenciar los labios que con toda satisfacción formulaban infinitas preguntas. Como la prueba no tenía refutación posible, se hizo necesario no tenerla en cuenta.

Stanislaw_lem_his_master_voice_francisco_alves_editora_rio_de_janeiro_1991Estas observaciones no se fundan en una vanidad herida. Las obras por las que fui alzado a un pedestal pertenecen a otro campo, el de las matemáticas puras. Pero la experiencia fue muy esclarecedora. Tendemos a subestimar la inercia del estilo de pensamiento en las diversas ramas de la ciencia. Psicológicamente, claro está, es de esperar. La resistencia que oponemos al modelo estadístico es mucho más fácil de superar en la física atómica que en la antropología.

Aceptamos de buen grado una teoría del núcleo atómico lúcida y estadísticamente bien construida si la experimentación le presta apoyo. Al familiarizarnos con esa teoría, no preguntamos: «Muy bien, pero ¿cómo se comportan en realidad los átomos?», pues sabemos perfectamente que semejante pregunta sería una tontería. Pero lucharemos hasta el último aliento contra una revelación similar en el reino de la antropología.

Se sabe, desde hace ya cuarenta años, que la diferencia entre un hombre noble y recto y un maníaco degenerado puede señalarse en un poco de masa de materia blanca en el cerebro, y que la acción de un bisturí en la zona supraorbital puede convertir un alma espléndida en una criatura execrable.

Sin embargo, ¡qué enorme proporción de la antropología —para no mencionar la filosofía del hombre— se niega a reconocer esta circunstancia!

Pero no soy aquí ninguna excepción; científicos y legos convenimos finalmente en que nuestros cuerpos se deterioran con la edad, pero ¡¿y la mente?! Nos gustaría verla distinta de cualquier otro mecanismo terreno sujeto a defecto. Deseamos vehementemente un ideal, incluso uno al que preceda el signo menos, incluso vergonzoso, pecaminoso en tanto nos libre de una explicación peor que la satánica: que lo que está ocurriendo es un juego de fuerzas perfectamente indiferente en relación con el hombre. Y como nuestro pensamiento se mueve en círculos de los que es imposible librarse, admito que hay algo de verdad en las palabras de uno de nuestros más destacados antropólogos. Me dijo una vez —lo recuerdo bien—: «La satisfacción con que usted exhibe la prueba del origen casual de la naturaleza humana no es pura. Además de la alegría del conocimiento, hay placer en mancillar lo que otros consideran bueno y tienen en gran estima».

060515_lem_ficcion_epistemologica_03_0Siempre que ese trabajo mío no reconocido me viene a la mente, no puedo evitar pensar con tristeza que quizás haya muchos parecidos en el mundo. Ricas cargas de descubrimientos potenciales yacen sin duda en muchas bibliotecas, pero han permanecido inadvertidas, sin explorar, para la gente competente.

Estamos a nuestras anchas con esta sencilla imagen: lo que es oscuro y desconocido se extiende ante la monolítica línea frontal de la ciencia, mientras que lo que se ha adquirido y comprendido constituye su retaguardia.  (….)

Stanislaw Lem, La Voz de Su Amo

Ciencia y literatura: intersecciones

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En este artículo de Alberto G Rojo se nos presentan cuatro ejemplos de “intersecciones” entre la ciencia y la literatura: Aquiles y la generación espontánea; Poe y la paradoja de Olbers; Borges y los mundos cuánticos; Sagan y el viaje en el Tiempo. 

En estos ejemplos propuestos, una “obra literaria” ha anticipado en años o siglos la formulación de un problema científico. La “literatura” ha hablado y la “ciencia” ha escuchado, como si dijéramos. La literatura es arte, pero también es un caudal gigantesco de ideas y experiencia, en la que la ciencia puede y debe bucear.

Proust y su Recherche es un ejemplo inmediato. Un esteta observador y minucioso podría haber aportado ideas de valor para la neurociencia. http://www.albertorojo.com/lyc/

M Salas y R Montero (EP)

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Confesiones entre Ciencia y Literaratura.

Fragmento de la crónica del encuentro entre la científica Margarita Salas y la escritora Rosa Montero (EL PAÍS, 22/06/2013), a propósito de la última novela de esta última.

“No es el mejor momento para científicos ni escritores. Trabajar es para ellos una proeza, entre recortes y caídas de ventas. Bien lo saben Margarita Salas y Rosa Montero. Tan distintas, pero ambas pasionales, trabajadoras, empeñadas por hacerse un hueco en mundos de hombres y marcadas por la pérdida del ser amado. La escritora no se encoge ante las adversidades, y en marzo publicó La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral), con trazos autobiográficos, reflexiones sobre el papel de los padres, los problemas de las mujeres o la ciencia. Todo entrelazado con la vida de Marie Sklodowska y el desolador diario que escribió tras fallecer su marido, Pierre Curie, atropellado por un coche de caballos en 1906.

Ambas califican ese diario de “tremendo”. La admiran y saben tanto de esta científica polaca, ganadora de dos Premios Nobel (uno de Física en 1903, junto a su marido, y en 1911, el de Química), que pronto se convierte en la tercera protagonista del encuentro. “Una mujer apasionada”, la define Rosa Montero (Madrid, 1951). Para la científica, alguien que “se mató a trabajar [su muerte, en 1934, estuvo determinada por su repetida e inconsciente exposición al radio]. Una mujer que en los finales del siglo XIX y comienzos del XX se saltó todas las barreras para dedicarse a la ciencia”.  (….) http://elpais.com/elpais/2013/06/17/eps/1371487516_939272.html

Rosa Montero convierte a Marie Curie en punto de referencia esencial en su última novela: La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral, 2013). http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/10/actualidad/1362929613_327803.html

“Audrey”, reborn

Es tal vez el final de la década de los cincuenta. En un lugar típicamente italiano poblado por personajes teatrales y gesticulantes, también típicos e inmediatamente reconocibles como “italianos”, que son parte de esa imagen del país que nos ha transmitido el gran cine clásico italiano. Vemos entrar un autobús lleno de lugareños, entre los cuales resalta en seguida una figura inolvidable: Audrey Hepburn.

Un gigoló simpáticamente canalla mira desde su descapotable a Audrey, sentada en su autobús junto a la ventana. Le señala con un gesto el asiento junto al suyo. Audrey se decide, y cuando sale del autobús, arrancándole con gracioso descaro la gorra al conductor, caminando con su habitual aire desenvuelto y sofisticado, parece simplemente ella.

Bueno, todavía no es ella. Es aún tan solo una máscara imperfecta, a pesar del excelente trabajo técnico. Not there yet, but nearly. No hemos llegado aún, pero llegaremos antes de diez o veinte años, y entonces la máscara será en efecto indistinguible de la Audrey Hepburn original. La imagen generada informáticamente será al fin idéntica a la real.

Pero bien mirado, esta Audrey Hepburn del anuncio de Galaxy, esta Audrey programada, hecha de líneas de código, es ya algo más que una máscara. Sí, algo de ella y de su inconfundible estilo y de su personalidad existe ya  bajo la máscara, y se ha reproducido con el mismo talento. No ha sido por tanto solo un trabajo de informáticos, también ha sido creación de entusiastas y expertos en el espíritu Audrey. Al margen del fondo musical del Moon River de Desayuno en Tiffany´s, la Audrey Hepburn resultante está inspirada sobre todo en la de Vacaciones en Roma y Sabrina, y es más que una imagen computerizada. Hay, empieza a haber, chispa poética y artística. La de la recreación, de la representación inteligente. La chispa del arte, en definitiva.

¿Qué es al fin y al cabo eso que hoy día llamamos Audrey Hepburn? Es una presencia y un espíritu que nos llegan desde las viejas imágenes. En el futuro, podremos aumentar el número de esas imágenes. Recuperar la máscara de Audrey Hepburn en su totalidad, reproducirla hasta lo indistinguible e insertarla allá donde deseemos, es algo que tenemos ya casi al alcance de la mano. Pero  recuperar a la autentica y original Audrey exigirá más recursos que los estrictamente técnicos. Su imagen (su “cuerpo”) la recrearán los informáticos, pero su espíritu (su personalidad, su estilo, sus registros interpretativos, sus reacciones) serán tarea de eruditos, especialistas en cine y en la actriz . Una Audrey Hepburn  resucitada protagonizando nuevas ficciones, siendo ella por completo, será un logro de la técnica pero también del arte. Los académicos, los expertos en cine y en interpretación, los artistas o los psicólogos habrán de insuflarle el alma a esa arcilla. Entonces habremos recuperado máscara y alma. Una nueva Audrey Hepburn echará al fin a andar, y no será solo un simpático autómata. Será ella. O casi.

Películas

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30 películas para mentes científicas. Selección de Arcadi Espada

Esta lista incluye en principio películas relacionadas de algún modo con la ciencia.  Pero también es una selección muy útil para aquellos que quieran vivir el arte desde un marco mental “científico”.

A pesar del nexo común, la selección es muy variada. Los más diversos enfoques, filosofías, épocas, nacionalidades y lenguas. Desde Alphaville (Godard, 1965)  hasta Contact (Zemeckis, 1997), pasando por Solaris (Tarkovsy, 1972), Cube (Natali, 1997) o Scanners (Cronenberg, 1981).