Dino Valls: artista figurativo con fondo médico

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Imagen: Beatriz, Dante y Virgilio. Detalle de Proscaenia (2011). 

“Mi pintura sirve para aportar oscuridad, inquietud, tormento. Lo que hago como artista es ahondar en la parte más oscura y más desconocida del ser humano. Mi pintura vendría a ser una manera de manchar lo blanco”

“Mi pintura tiene un contenido inquietante, no placentero, de desasosiego. No me interesa el arte que atrae o repele, sino que mezcla ambas cosas: mi pintura es un espejo que refleja nuestro inconsciente, nuestra fragilidad. El contenido de nuestro inconsciente tiene una carga de angustia vital, pero no debemos olvidar que mi obra también es una elaboración intelectual de los conflictos que padecemos (identidad, dolor, angustia, ira, soledad, etc.), por eso no me considero surrealista” 

Así se expresa el zaragozano Dino Valls, uno de los pintores más vigorosos y turbadores que hay a dia de hoy en España. No sería tal vez descabellado afirmar, asimismo, que Valls sea también un artista notable en el marco de la historia plástica de nuestra gran nación pictórica. Pero en ese contexto, su obra es todavía recientísima.

Valls estudió Medicina en la Universidad de Zaragoza y se licenció en 1982. No ha ejercido como médico, habiéndose dedicado siempre profesionalmente a la pintura. Pero la medicina, su práctica, y aquello a lo que se dirige (desajuste, dolor, decadencia), está perfectamente presente en las increíbles imágenes que salen de su pincel.

Un crítico ha dicho que las figuras de Dino Valls son nórdicas con gestos mediterráneos. Una atinada síntesis. Abundan los rostros nórdicos, los ojos claros y las miradas turbias y apesadumbradas. Pero creo que sobre el frio de la degradación (y hasta de la muerte) surge una vigor muy personal y una pasión, una atmósfera de alta temperatura. Valls practica un poderoso arte figurativo con vocación hiperrealista y densidad psicológica. 111-DIES-IRAE

Hay influencias de los flamencos, italianos o franceses de los siglos XIV al XVI. Hay en su obra la belleza de lo natural, de aquello que existe tal y como es. De la belleza mancillada por la brutal inclemencia de la ley natural. Las fisiologías en decadencia. El dolor, como el mísmo dice, el tormento.

Valls es un técnico perfectísimo, pero su obra va mucho más allá del simple acabado inmaculado. Hay densidad de ideas, un fondo conceptual poderoso e inquietante.

El artista zaragozano nos interesa en este blog no tanto por su condición (más bien anecdótica) de médico, sino por ese constante aleteo en su obra justamente de la medicina y su práctica. También de disciplinas que en su dia fueron “científicas”, como la alquimia (que no deja de ser el antecedente de la Química) o el psicoanálisis. Y sobre todo, por ese pavoroso naturalismo de aliento hiperrealista (con un punto fantástico) que acerca su obra al modelo renacentista de pintura como ciencia: es decir, como investigación de la realidad.

Valls recrea para nosotros el mundo en su realidad: cuerpos bañado en una luz hermosa y potente, encogidos ante la agresión o esperando su decadencia. La suya y la del mundo circundante. Esa decadencia (desajuste, tormento, dolor) que, algun dia, quiza erradiquemos.

Dino Valls

Bordados de tema microbiológico: Placas de Petri en Punto de Cruz

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En Watty’s Wall Stuff and Cross Stitchery, Alicia Watkins nos muestra sus curiosos bordados en punto de cruz. Entre ellos, los bordados microbiológicos: unas simpáticas “placas de petri” con todo tipo de cultivos de células y microorganismos patógenos recreados con hilo y aguja.

Con elegantes puntadas, Alicia nos borda los más variados agentes etiológicos: bacterias causantes de intoxicaciones alimentarias (como el Clostridium perfringens o la Salmonella), el bacilo del cólera, el retrovirus HIV, los virus del resfriado común y la gripe, el de la rabia o o el protozoo causante de la malaria, el plasmodium falciparum.

Los bordados de Alicia son quizá la biofrikada más bonita y creativa que he visto recientemente. Aqui teneis el enlace a Watty’s Wall Stuff, donde además de contemplar las obritas de Alicia podeis también comprarlas on-line.

Alicia Watkins Watty’s Wall Stuff and Cross Stitchery

Historia Contrafactual o Ucronía

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 Recupero un artículo de 2010 sobre un fascinante género, el de la Historia Contrafactual o Ucronía, que recrea mundos históricos alternativos. Tal cosa puede hacerse en clave literaria o ensayística.

En el ámbito literario, la ucronía a menudo se incluye dentro de la llamada ciencia-ficción. Aunque en rigor, la ucronía solo sería ciencia-ficción si la divergencia temporal (la historia generada a partir del punto de divergencia) fuese producto de un inconcebible dispositivo tecnológico inserto en la propia historia. Y que a su vez fuese descrito de modo verosímil. Living Space (Earth is Room Enough), de Isaac Asimov, tal vez sería un ejemplo.

Por otra parte, no considero ucronías aquellos paleofuturos ya cronológicamente superados y que eran futuro (y no pasado ni presente) en el momento en que el autor los creó. De acuerdo con esto,  Man in the Highcastle de P K Dick (ambientada en el mismo 1962 en que es escrita) o Pavana de K Roberts son ucronías. En cambio 1984, de Orwell, redactada en 1948, no.

 “La Historia contrafactual es un interesante ejercicio de especulación que puede ocupar a historiadores del más alto nivel. Se trata de imaginar un mundo paralelo o alternativo en el que la Historia evoluciona de manera diferente a partir de un determinado punto de divergencia.

02Ese punto de divergencia implica el cambio “de signo” de un hecho histórico o hechos relacionados y próximos en el tiempo. A partir de ahí, el historiador va construyendo especulativamente todo un itinerario histórico alternativo que alcanza hasta nuestros días.

La invasión de Inglaterra por Felipe II, el triunfo del Sur en la guerra de Secesión norteamericana o la victoria nazi en la Segunda Guerra Mundial son algunos de los “mundos si” más analizados por la Historia Contrafactual. “

(….)

Historia contrafactual y ucronías literarias 

Arte con Rayos X: Ingrid Dabringer

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Ingrid Dabringer: Nacida en Viena (Austria). Tras haber residido en los más diversos lugares como Indonesia, Líbano, México, Ecuador o los Estados Unidos, en la actualidad se ha establecido en el lado canadiense de los Grandes Lagos.

Ingrid es una artista conceptual que usa los Rayos Röntgen (X) para crear su obra. Transforma las conocidas y tediosas (e inquietantes) placas grises en algo vivo, sugerente y lleno de color. Las imágenes creadas hacen emerger una nueva visión de nosotros mismos, de nuestra realidad, según cuenta la artista. Una visión alternativa, surgida a partir de frias herramientas para el análisis de patologías.

El color, las lineas y las formas en la obra de Ingrid Dabringer nos muestran, a través de un lirismo totalmente inédito, nuestra vida y nuestra realidad interna. En especial en ese instante en que somos mas vulnerables: Cuando la patología se hace presente, cuando las placas nos muestran la enfermedad, el desajuste, el dolor.

Cuenta Ingrid en su blog:

“Yo uso líneas y formas orgánicas de color para atraer a la gente a un diálogo que no siempre es tan simple como parece. Hay lirismo en estas imágenes llenas de color que va en contra de la información subyacente. El balance de color y la belleza de los rayos X muestran nuestro amor por la vida y la admisión de que en realidad no tenemos control sobre ella. La belleza pide rendición al igual que los rayos X exigen que nos rindamos a nuestros huesos y circunstancias.”

Ingrid Dabringer: X-rays Portfolio 

Body Painting anatómico de Danny Quirk

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Echad un vistazo a la obra del artista estadounidense Danny Quirk. Con un muy trabajado detalle, su llamativo body painting nos revela ese complejo universo anatómico oculto bajo nuestra piel.

Según he leído en el Huffington Post, Danny (ilustrador científico) halló esta exitosa via de expresión artística tras intentar hacerle a su novia un disfraz de Halloween.

Aqui un par de enlaces que nos muestran su trabajo:

Facebook/ Danny Quirk Artwork

MedInArt / Danny Quirk 

La Voz de Su Amo, de Stanislaw Lem

Stanislaw_Lem_2A pesar de su densidad, La Voz de Su Amo (1968), es una de las novelas más fascinantes del polaco Stanislaw Lem (1921-2006), acaso el más grande autor de los que hayan escrito en eso que suele etiquetarse como ciencia-ficción. Pero más allá de los etiquetajes (que a menudo solo sirven para alimentar prejuicios y dificultar una valoración crítica y/o estética adecuada), con Lem sin duda estamos ante uno de las mayores figuras literarias del siglo XX. Y ello a pesar de que quizá no demasiados críticos y académicos (de formación esencialmente humanística) estarían muy de acuerdo con este aserto.

Personalmente estoy convencido de que la importancia de Stanislaw Lem dentro del mainstream literario irá creciendo según avance el presente siglo. Tal cosa sucederá a medida que el impacto social y cultural de la tecnociencia (cada vez más abrumador y gigantesco) se deje sentir también en el mundo de la creación con propósito estético. De hecho, si hablamos de humanidades, no hay una mayor que la ciencia y el conocimiento basado en la evidencia, y tal idea no puede sino abrirse paso con el tiempo.

En La Voz de su Amo, Lem nos presenta un escenario similar al de Contact (1985) de Carl Sagan. Un mensaje procedente de las estrellas llega a la Tierra, se abre camino hasta el corazón de nuestra civilización, dejando a nuestros científicos e intelectuales llenos de zozobra. Mientras se dilucida si dicho mensaje es o no de origen artificial (es decir, si procede de una tecnología extranjera desde un planeta y un sol distantes), el impacto de dicho mensaje sacude todos los departamentos de nuestra cultura humana. Todo se ve sacudido y fuertemente influenciado. Desde la teología hasta el arte, pasando por la filosofía, la antropología, la psicología, la sociología o la política. La Voz de su Amo puede leerse, igual que otras obras de Lem, como uno de esos ricos y rebosantes textos borgeanos que se mueven entre la ficción y el ensayo, que borran la divisoria entre géneros.

La obra de Stanislaw Lem no es solo un verdadero festín intelectual: es también una representación de la cultura en un sentido total: aquel que incluye la ciencia experimental y la técnica en el entramado de nuestra vida y preocupaciones.

Fragmento  (…)

downloadPuesto que incluso en aquel tiempo pertenecía yo a la vanguardia del mundo matemático, el impacto de esta prueba sobre las comunidades de antropólogos, etnólogos, biólogos yfilósofos fue igual a cero. Durante mucho tiempo no pude entenderlo. Mi trabajo no era una hipótesis, sino una prueba formal —y, por tanto, irrefutable—que demostraba que ciertas características humanas sobre las que una legión de pensadores a lo largo de los siglos se devanó los sesos, erantotalmente explicables por un proceso de fluctuación estadística, un proceso—sea en la construcción de autómatas o de organismos— imposible de evitar.

Más tarde extendí la prueba para dar cabida además al fenómeno de la aparición de la ética en los grupos sociales, y en este caso pude recurrir al excelente material preparado por Thorpe. Pero tampoco este ensayo fue tenido en cuenta. Al cabo de varios años, después de muchas discusiones con especialistas dedicados al hombre, llegué a la conclusión de que mi descubrimiento no había sido reconocido, porque ninguno de ellos deseaba esa clase de descubrimiento. El estilo de pensar que yo representaba en esos círculos era repugnante, porque no daba cabida a la contraargumentación retórica.

¡Vaya falta de tacto la mía! Probar algo referido al hombre …matemáticamente. En el mejor de los casos mi trabajo fue considerado «interesante». Ninguno de esos especialistas estaba dispuesto a aceptar que el venerable Misterio del hombre, los aspectos inexplicables de su naturaleza, son una consecuencia de la Teoría General de la Regulación. Por supuesto, esa oposición no se expresó de manera directa, pero la prueba se esgrimió en mi contra. Me había comportado como un caballo en una cacharrería, porque lo que no había podido ser resuelto por la antropología ni la etnografía con su trabajo de campo o por las más profundas meditaciones y reflexiones filosóficas sobre la «naturaleza humana», y que desafiaba la formulación preposicional tanto de la neurofisiología como de la etología, y que procuraba terreno fértil para la siempre proliferante metafísica, para las oscuridades psicológicas y para el psicoanálisis, tanto el clásico como el lingüístico y sabe Dios qué otros estudios esotéricos, yo había pretendido cortarlo, como un nudo gordiano, con una prueba contenida en nueve páginas impresas.

Se habían acostumbrado al alto oficio de Guardianes del Misterio, ya se llamara el Misterio Transmisión de los Arquetipos, Instinto, Fuerza Vital o Deseo de Muerte; y yo, tachando esas sagradas palabras con determinada especie de grupos transformativos y teoremas ergódicos, ¡ pretendía poseer la solución del problema! De modo que me cogieron una decidida antipatía (aunque escrupulosamente disimulada), experimentaron indignación contra ese pagano que había osado levantar una mano contra el Enigma, que intentaba terminar con el perenne flujo de la fuente y silenciar los labios que con toda satisfacción formulaban infinitas preguntas. Como la prueba no tenía refutación posible, se hizo necesario no tenerla en cuenta.

Stanislaw_lem_his_master_voice_francisco_alves_editora_rio_de_janeiro_1991Estas observaciones no se fundan en una vanidad herida. Las obras por las que fui alzado a un pedestal pertenecen a otro campo, el de las matemáticas puras. Pero la experiencia fue muy esclarecedora. Tendemos a subestimar la inercia del estilo de pensamiento en las diversas ramas de la ciencia. Psicológicamente, claro está, es de esperar. La resistencia que oponemos al modelo estadístico es mucho más fácil de superar en la física atómica que en la antropología.

Aceptamos de buen grado una teoría del núcleo atómico lúcida y estadísticamente bien construida si la experimentación le presta apoyo. Al familiarizarnos con esa teoría, no preguntamos: «Muy bien, pero ¿cómo se comportan en realidad los átomos?», pues sabemos perfectamente que semejante pregunta sería una tontería. Pero lucharemos hasta el último aliento contra una revelación similar en el reino de la antropología.

Se sabe, desde hace ya cuarenta años, que la diferencia entre un hombre noble y recto y un maníaco degenerado puede señalarse en un poco de masa de materia blanca en el cerebro, y que la acción de un bisturí en la zona supraorbital puede convertir un alma espléndida en una criatura execrable.

Sin embargo, ¡qué enorme proporción de la antropología —para no mencionar la filosofía del hombre— se niega a reconocer esta circunstancia!

Pero no soy aquí ninguna excepción; científicos y legos convenimos finalmente en que nuestros cuerpos se deterioran con la edad, pero ¡¿y la mente?! Nos gustaría verla distinta de cualquier otro mecanismo terreno sujeto a defecto. Deseamos vehementemente un ideal, incluso uno al que preceda el signo menos, incluso vergonzoso, pecaminoso en tanto nos libre de una explicación peor que la satánica: que lo que está ocurriendo es un juego de fuerzas perfectamente indiferente en relación con el hombre. Y como nuestro pensamiento se mueve en círculos de los que es imposible librarse, admito que hay algo de verdad en las palabras de uno de nuestros más destacados antropólogos. Me dijo una vez —lo recuerdo bien—: «La satisfacción con que usted exhibe la prueba del origen casual de la naturaleza humana no es pura. Además de la alegría del conocimiento, hay placer en mancillar lo que otros consideran bueno y tienen en gran estima».

060515_lem_ficcion_epistemologica_03_0Siempre que ese trabajo mío no reconocido me viene a la mente, no puedo evitar pensar con tristeza que quizás haya muchos parecidos en el mundo. Ricas cargas de descubrimientos potenciales yacen sin duda en muchas bibliotecas, pero han permanecido inadvertidas, sin explorar, para la gente competente.

Estamos a nuestras anchas con esta sencilla imagen: lo que es oscuro y desconocido se extiende ante la monolítica línea frontal de la ciencia, mientras que lo que se ha adquirido y comprendido constituye su retaguardia.  (….)

Stanislaw Lem, La Voz de Su Amo

Ciencia y literatura: intersecciones

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En este artículo de Alberto G Rojo se nos presentan cuatro ejemplos de “intersecciones” entre la ciencia y la literatura: Aquiles y la generación espontánea; Poe y la paradoja de Olbers; Borges y los mundos cuánticos; Sagan y el viaje en el Tiempo. 

En estos ejemplos propuestos, una “obra literaria” ha anticipado en años o siglos la formulación de un problema científico. La “literatura” ha hablado y la “ciencia” ha escuchado, como si dijéramos. La literatura es arte, pero también es un caudal gigantesco de ideas y experiencia, en el que la ciencia puede y debe bucear.

Proust y su Recherche es un ejemplo inmediato. Un esteta observador y minucioso podría haber aportado ideas de valor para la neurociencia. http://www.albertorojo.com/lyc/