Un “repaso” a la Homeopatía

La homeopatía data del primer tercio del siglo XIX, época en la que la farmacología comenzaba a desarrollarse. ¿La farmacología? Esto es: empezaban a aislarse algunos de los principios activos responsables del efecto curativo a partir de extractos de plantas que era lo que se había utilizado clínicamente hasta entonces, con mayor o menor fortuna. Así por ejemplo, el principio activo del opio -especie de extracto lechoso de la planta llamada Papaver Somniferum, del mismo género que la amapola, la Papaver rhoeas- fue aislado por primera vez por farmacéuticos franceses en la década de 1820. Hasta entonces, el opio había sido utilizado profusamente como hipnótico-sedante y analgésico (también como inductor de estados alterados de conciencia, soit dit, que le pregunten a De Quincey). Pero no se administraba como es lógico, la molécula responsable del efecto, sino el opio, el extracto completo, es decir principio activo y vehículo. A lo largo del XIX serían aislados muchos más principios activos, de suerte que comenzó a desarrollarse una farmacia química o farmacología que cohabitó con las curas clásicas basadas en las plantas y sus extractos, esto es, la fitoterapia tradicional.
Esta especie de “alejamiento” de lo que podríamos llamar una farmacia “naturista” clásica hacia un nuevo paradigma químico basado en “fármacos” (las quintaesencias que intuyó Paracelso) fue tal vez una de las causas (aunque esto quizá habría que estudiarlo más a fondo) del desarrollo paralelo de la homeopatía, justamente por aquellos años, las décadas iniciales del XIX.
S. Hahnneman (1755-1843), progenitor de la homeopatía, se descolgó con una filosofía curativa enteramente nueva y divergente de la medicina tradicional basada en la cura por contrarios. Esa medicina, insisto, parecía alejarse a lo largo del XIX de su base “naturista” con su progresivo abandono de la fitoterapia en beneficio de la farmacia química. Esa filosofía curativa enteramente que había auspiciado Hanneman en torno a 1800, pretendía “curar” en base a un nuevo paradigma, el de la cura por similares, en oposición al clásico de la cura por contrarios, que a dia de hoy (2007) dicho sea de paso, sigue conformando y conformará el núcleo de la medicina científica. Al menos, si consideramos la farmacología una modernización científicamente refinada de la clásica alopatía.
¿Homeopatía? ¿Cura por similares? Se pretendía que el mismo agente que producía el mal era capaz de curarlo, si se lo administraba en dosis mínimas y se lo sometía a ciertas agitaciones -que a mí, personalmente, esto de las agitaciones, me traslada a antiguas épocas en las que el pensamiento mágico era protagonista. La homeopatía que tuvo un gran desarrollo en Francia y también en España, en concreto en el siglo XIX, en la que era una “terapia” bastante atendida- continua hoy dia con el mismo planteamiento de cura por similares y agitación, además de la dilución extrema del principio “curativo”. Las diluciones y agitaciones, dicho sea de paso, no deben hacerse -de acuerdo con los entusiastas- de cualquier manera, sino con rigor y método.
Los tubitos homeopáticos -y el arsenal homeopático en su conjunto- han llegado hasta el año 2007, y no gozan de mala salud, precisamente. El actual paradigma cultural postmoderno, el continuo custionamiento de la Ciencia “dura” occidental (“deshumanizada”, “que cura enfermedades y no enfermos”, etc), el multiculturalismo mal entendido, el ignorante nivelamiento entre las terapéuticas “alternativas” y la medicina racionalista (Occidente no tiene la “culpa” de si ésta es esencialmente occidental, al menos en sus desarrollos modernos): todo ello ha propiciado no sólo el mantenimiento y hasta el incremento del status de la homeopatía, sino la emergencia y puesta de largo de otras “terapias” más dudosas aún si cabe.
El problema -uno de los problemas- con la homeopatía es que, si se analizan cualesquiera de sus famosos tubitos de gránulos, por ejemplo, en los que presuntamente se nos aparece ese principio similar que ha de “curar” el mal, si se someten a una analítica cualitativa y cuantitativa rigurosa, se obtiene como resultado la ausencia total de principio. Esto es, en el tubito, tan sólo hay disolvente, vehículo. No hay ni rastro de substancia física presuntamente curativa. Por mucho que la cura haya de ser por similares y no por contrarios, me pregunto yo bobaliconamente-: ¿no habría de estar presente alguna molécula, aunque sea en concentración mínima?
Pues no hay nada, señores. Nada. Los homeópatas -confrontados con este dato- hablan con desparpajo de una especie de “aura” que pervive en el tubito tras las diluciones y agitaciones y que es el responsable, según ellos, del efecto curativo. Efecto que se produce, dicho sea de paso, a veces sí, a veces no, y siempre con afecciones menores. En cualquier caso, no parece que haya mucha diferencia en relación al placebo en lo que a resultado terapéutico se refiere.
Hoy dia, existe un importante resurgimiento de disciplinas que hace sólo unas pocas décadas parecían desechadas ante el empuje de la Ciencia y el mantenimiento -que parecía férreo- del marco racionalista. Algunas de ellas -quizá la mayoría, son sencillamente risibles. No obstante hay otras, como la homeopatía y otras terapias “alternativas” que parecen situarse en una zona fronteriza entre la Ciencia y la Pseudociencia. La Homeopatía -como intento argumentar- es muy probablemente humo, supervivencias de pensamiento mágico pre-ilustrado, pero el caso es que la discutida terapeutica reviste los típicos ropajes galénicos (comprimidos, jarabes) de la farmacia científica “clásica”. Esta “apariencia externa” de medicamento les confiere una cierta verosimilitud y credibilidad. ¿Pero, insisto, donde está la molécula curativa, esa que ha que si cura si acaso por similitud?. Lo del aura, chicos, no me sirve. Currároslo un poquito más. En el laboratorio, si puede ser. No en el escritorio.
Dos cosas me gustaría comentarle al homeópata: a) exigís respetabilidad cientifica. En lo que a mi respecta, no tengo inconveniente en daros toda la respetabilidad que querais, pero no respetabilidad científica. Aun no habeis bebido suficiente leche. La Homeopatia no cuenta con un fundamento lo suficientemente sólido como para considerarla -en mi opinión- algo más que pura especulación, y es muy dudoso que algún dia lo tenga. No hay un cuerpo de resultados experimentales que avalen un determinado mecanismo de acción previamente dibujado, no hay mecanismo de acción dibujado. Solo hay discurso. Un discurso que suena a puro misticismo. Es lo primero que te salta a la cara cuando ojeas un libro de homeopatia: la fraseología new age que se gastan. En fin.
Segunda cosa, homeópata, b): la homeopatía solo se atreve con pequeñas dolencias, cosillas tipo resfriado. Pero cuando estan en presencia de algo serio -y no hace falta que se trate de un tumor- me lo mandan al paciente al “alópata”, es decir al médico científico. Al insensible, al deshumanizado, a ese que cura enfermedades y no enfermos.
¿No es esto un confesión de incapacidad?
El auge de la homeopatia (disciplina con una tradición más que centenaria, pero tambien la triaca fue más que centenaria), con sus escasos fundamentos racionales, su esencia basicamente especulativa y su misticismo verbal obedece, creo yo, al empuje de esas variantes novísimas (increíblemente resurgidas) de pensamiento magico que, desde hace bastantes décadas, estan poniendo en cuestion el mismo paradigma racionalista clásico.
El siglo XVIII supuso, entre otras cosas, la depuracion en Europa de todo resto de pensamiento magico, y la entronizacion definitiva del logos griego, de la racionalidad griega, tras mil quinientos años de letargo o de somnolencia. Algunos quieren devolvernos al XVII, a la época preilustrada. Y no solo en el ámbito medico, con su bello discursito naturista mal entendido. También en muchas otras disciplinas de la cultura. Y nos estamos dejando. Ah, si Sagan, si Asimov, si Jay Gould se levantaran.
Al final acabaremos todos con una pata de conejo bajo la almohada. O donde sea que se pongan las patas de conejo, o se lleven. O invocando a alguna divinidad vieja o nueva. Iracunda o benévola. Quizá lo que pase es que tras el horrible -en su dimensión humana- siglo XX, hemos perdido la confianza en nosotros mismos, y la arrogancia. Dando un portazo, nos marchamos de casa de los papás (s. XVIII) y tras una serie de palos, de reveses y de ostias, ahora queremos volver a casa, de nuevo con los papás. Con los Dioses. Hace cosa de un siglo, Freud escribió El Porvenir de una Ilusión, desmenuzamiento de la necesidad de divinidades por parte del Hombre.
Creo que la Ilusión vuelve. Porque tenía un porvenir muy largo. Más de lo que soñaba Freud.
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la pata de conejo. No se refiere al pensamiento cuántico, o sí.
Verdaderamente,da para todo.
Hay muchas contradicciones ,cada día me asombro más .Unos artículos juran que estan en lo correcto ,luego viene la descalificación. pero es divertido leer tantas opiniones respecto a las
enfermedades o enfermos para que nadie se moleste.
Me quedo con mi propia versión.
me encanta leer sobre la física cuantica.