Objeto de Deseo: La Ciencia.

Diálogos de la Ciencia consigo misma y con la Cultura.

Solaris (Lem, 1961) / (Tarkovsky, 1971 – Soderbergh, 2002)

(Post ya publicado y más bien “lírico”, pero dirigido a un tema si no científico, al menos fantacientífico)   

En torno a  Solaris. Libro (S. Lem, 1961) y película (Tarkovsky, 1971 y Soderbergh, 2002)

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A veces -muchas veces- me pongo a pensar en esa obra conjunta Lem-Tarkovsky que es Solaris. La obra conjunta de ese autor conjunto. El pack libro-película (Lem, 1961 / Tarkovsky, 1971), sin olvidarme del comentario a pie de página de 2002 del estimable, aunque algo romo, Soderbergh.

Solaris, el Planeta, el Océano; el Enigma. Una Inteligencia, una Sensibilidad, ¿una Crueldad? incomprensibles. También la Tierra es un enigma. Ella también “crea”, o pare de su seno, criaturas misteriosas: nosotros, y los autómatas biológicos que nos acompañan. Lo hace sin copiar de original alguno. Solaris recrea a partir de los originales, de los atormentados científicos que hollan su suelo.

Solaris es indescifrable, como es la Tierra y como lo es cualquier Mundo. Como lo es el Cosmos, con sus secretos sólo parcial y recientemente desmadejados. Los secretos. Así lo hemos percibido siempre, y transmutado en clave artística, en épocas pretécnicas. Hace milenios: La Biblia ese maravilloso conjunto de alegorías, ejercicio literario inagotable en el que se metaforizan nuestras antiguas y nunca del todo resueltas perplejidades. El libro de Job, la Zarza ardiendo. ¿Porqué, Dios, me haces esto? ¿Porque tan ciego, irracional, injusto? Porque soy el que soy -responde el Dios-, porque mis caminos son inescrutables. Por mucho que llegues o creas llegar a escrutarlos, en el futuro inconcebible. Por mucho que muerdas el árbol de la Ciencia, mis razones se te escaparán siempre. Lucharás por tu vida y por tu inteligencia y por tu orden y tu equilibrio, y un buen dia un azar fortuito acabará contigo, te borrará a tí y a tus desconciertos.

¿Cual es el sentido? Búscalo tú. Invéntatelo.

Nos hallamos en Solaris, como Kelvin. En un Planeta que escarba dentro de nosotros y nos desafía. Un Planeta-Zarza que arde. Al que se interroga y no responde o lo hace evasivamente. ¿Porqué nos haces esto, porque nos confrontas con lo mas profundo de nuestra (sub)Conciencia?. ¿Con nuestros dolores o nuestros sueños? ¿Porqué nos los colocas ante los ojos, cuando nos hemos pasado media vida tratando de desdibujarlos?

Eso que quereis desdibujar -hubiera podido murmurar el Planeta Consciente- sois vosotros mismos. Pues no sois otra cosa que vuestros sueños y vuestros deshechos. Aqui los teneis.

Plantadles cara.

SGL, 2007

Mayo 31, 2007 Publicado por Serafin | Ciencia versus Cine, Ciencia versus Literatura | | 2 comentarios

En torno a Civilizaciones Extraterrestres (1979, Isaac Asimov)

(El que sigue es un artículo publicado en una de mis viejas Webs 1.0, en el lejanísimo 2001).

En torno a la obra divulgativa de Asimov Civilizaciones Extraterrestres (1979)

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El primer Asimov que leí, en los inconcebiblemente lejanos 80’s, no fue ninguna de sus celebradas obras de ciencia-ficción (obras que devoraría a lo largo de los años siguientes), no fue ningún tomo del ciclo de las fundaciones, ni de los robots, ni del detective futurista Elías Baley. Fue este interesantísimo, riguroso y ameno ensayo publicado por vez primera en 1979, en una época todavía marcada por las hazañas aeroespaciales.

Es este libro todo un baño de racionalismo científico a un tema sobre el que han abundado con frecuencia la mistificacion, la patraña y la superchería. Que han abundado y que abundarán, al parecer. Y es que el siglo que se nos viene encima será, en opinión de muchos, una especie de Edad Media con supertecnología. Un medievo con teléfonos móviles. En efecto, a lo largo del XXI, habrá una curiosa convivencia entre la superstición y el rigor científico-técnico; entre el culto a lo sobrenatural y el creciente dominio de las leyes de la física; brujos, adivinadores, tarotistas y demás fauna compartirán siglo y época con físicos, genetistas, bioquímicos e ingenieros del más alto nivel. La informática doméstica, Internet, la telefonía móvil, los multicanales de televisión y toda la espléndida cacharrería tecnológica tendrán como principal utilidad la de vehicular toda la murga neomedieval. El XXI será así un siglo peculiar, un siglo de extrañas cohabitaciones: una gran masa popular deslumbrada por brujos y magos catódicos compartiendo piso con una (comparativamente) pequeña élite profesional y culturalmente sofisticada. En lo que respecta al tema de la inteligencia extraterrestre, esta se asociará más a los OVNIS, a la ufología, o a gente como Antonio Ribera o Le Poer Trench que al programa SETI o a Carl Sagan. Por ello, el siglo que ahora empieza va a ser probablemente poco propicio para la clarificación popular del tema del Contacto. Y dejadme decir de paso que ese fascinante y rico género literario (mal) llamado ciencia-ficción continuará asociándose con batallitas galáctico-medievales y seguirá despreciado por la crítica literaria y por los enteradillos culteranos de café.

Con este poco apetecible plato que nos van a poner sobre el mantel, la reedición y promoción de una obra tan lógica, racional y rigurosa como Civilizaciones extraterrestres sería algo verdaderamente de aplaudir. Al igual que el resto de la obra divulgativa de Asimov. Y es que el bioquímico ruso-americano debería ser una bandera a agitar y enarbolar en el oscurantista siglo que acabamos de estrenar. Este claro y límpido enciclopedista dieciochesco extraviado en el turbulento e irracional (aunque muy científico) siglo XX, se nos va a hacer imprescindible en las tenebrosas e irrespirables décadas que se nos vienen encima. La reedición de la espléndida obra divulgativa de Asimov debería ser casi un deber moral para contribuir a ahuyentar a toda la horda de echadores de cartas, de simpáticos y gesticulantes brujos de madrugada, de enlutadas brujitas de escoba electrónica, de tele-tarotistas, de enviados de Dios en formato htm, de milagreros de banner. En esta Edad Media de cable y Banda Ancha que iniciamos, utilicemos pues, a Asimov como amuleto. Utilicemos sus límpidos y cristalinos libros como pata de conejo. 

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A estas alturas, inútil decir que Civilizaciones extraterrestres no es un libro de Ufología. Es un libro de Ciencia. De Física, de Química. De Biología. Pero que nadie se espante. Porque Civilizaciones extraterrestres es, ante todo, un libro de reflexión, de lógica y de sentido común. De rigor científico. Un libro cuya línea de razonamiento, cualquier lector de mediana cultura (y de mediana curiosidad o de inquietud mediana) puede seguir perfectamente aunque no tenga ni papa de aquellas venerables disciplinas.

Bueno, venga. Vamos con el libro. ¿Existen las civilizaciones extraterrestres?. Tremenda pregunta. Pudiera ser, desde luego, pero seguro que no envían una nave espacial (un ovni) para jugar al escondite con el género humano, para aterrizar en un campo de patatas y desaparecer y en general, todo ese extraño y desconcertante comportamiento que sugieren los entusiastas de la ufología. ¿Existen las civilizaciones extraterrestres? ¿Qué se necesita para que haya una civilización estraterrestre? Estas apasionantes y aterradoras preguntas (cuya respuesta cambiaría la percepción que la raza humana tiene de sí misma y de su situación en el mundo y en el cosmos) son el núcleo central de Civilizaciones extraterrestres.

Asimov empieza haciéndose varias preguntas ¿en qué consiste la vida? ¿Es posible una vida de silicio y no de carbono? ¿Qué exige la vida para su aparición, evolución y desarrollo? ¿Qué características ha de tener un planeta para ser incubador de vida, al igual que nuestra Tierra? ¿y la estrella en torno a la cual este planeta gira? A parte de la existencia de vida, ¿que condiciones son necesarias para que esa vida evolucione hacia la inteligencia y el dominio de la alta tecnología, tal y como ha sucedido en la Tierra? Asimov se va respondiendo a sí mismo utilizando como únicas herramientas la razón, la lógica y los actuales conocimientos científicos y astronómicos. Así, un planeta candidato a incubar vida debería ser de un tamaño similar a la Tierra, y estar formado de roca y metal (semejante por lo tanto a los planetas interiores o terrestres de nuestro sistema solar), debería poseer agua líquida y capacidad para retener una atmósfera. Para la aparición de la tecnología, quizá debería poseer continentes o tierras emergidas. A tal efecto, no serviría un planeta de tipo jupiterino, que es un bola gigante de gas y líquido. ¿Y cómo ha de ser la estrella en torno a la cual gira el planeta? Debería ser como nuestro Sol, nos dice Asimov, es decir una estrella de tamaño mediano. Y esto porque las estrellas de gran tamaño queman hidrógeno muy deprisa y abandonan en seguida su secuencia principal. La vida y su desarrollo es un proceso complejo y muy sofisticado que exige larguísimos periodos de tiempo, por ello es imprescindible que la estrella en torno a la cual gira el planeta candidato a albergar vida permanezca el tiempo suficiente en su secuencia principal.

¿Y el tema de los viajes interestelares? Esto es, ¿qué hay sobre los requisitos para que ellos (la civilización extraterrestre) y nosotros entremos en contacto físico? Parece ser que unos y otros nos hallamos recluidos por las gigantescas distancias interestelares y el límite físico que impone la infranqueable barrera de la velocidad de la luz. ¿Y otras posibilidades de comunicación o de contacto?. Al elaborar sus respuestas, Asimov adopta un punto de vista conservador y cauteloso, pero aún así, resultaría que en buena lógica podría haber, sólo en nuestra Galaxia, centenares de millones de civilizaciones tecnológicamente avanzadas. Pero entonces…¿dónde están?.¿Por qué no ha habido un contacto entre ellos y nosotros, al menos un contacto rigurosamente documentado, más allá de la manipulación y el sensacionalismo, tan cotidianos a lo largo del pasado siglo XX?. Esta es la gran pregunta.

El gran atractivo de este libro es que, aparte de abordar una cuestión siempre fascinante, lo hace desde la verdad y el rigor científico y eso hace que su valor sea doble. Porque algo que es fascinante y que es verdad nos turba más que algo que es solamente fascinante. El tema de la inteligencia extraterrestre brilla aún más al recibir la límpida luz de la razón y la ciencia y no la de la ufología, dudosa y trucada, como las fotografías en que se basa. Al fin y al cabo, ¿por que va a ser tan descabellada la idea de que existan planetas como la Tierra, y que en ellos se haya desarrollado la vida y la inteligencia y la cultura y la tecnología, del mismo modo que lo han hecho en el tercer planeta de la estrella a la que llamamos Sol?. ¿Y porque no soñar con un futuro Contacto como el de la novela de Carl Sagan?. Yo creo que en el futuro, si sigue adelante el programa SETI, este acabará dando sus frutos y se producirá ese anhelado Contacto.

En El futuro es un pais tranquilo, el último libro de Jose Manuel Sanchez-Ron, uno de los mejores historiadores de la Ciencia que tenemos en España, el autor imagina un Contacto hacia el año 7000. Quien sabe. Mientras tanto, y en espera de que llegue ese momento, el lector que quiera combinar la pasión por lo desconocido con el rigor del orden y la inteligencia, que lea Civilizaciones extraterrestres, en definitiva: que lea a Asimov. Que penetre en el mundo de este enciclopedista de la era espacial. De este bioquímico volteriano. De este Diderot de la Ciencia moderna.

En el mundo de quien, por decirlo con palabras de Sánchez-Ron, acercó como nadie la Ciencia a la Vida. 

SGL, 2001

Mayo 31, 2007 Publicado por Serafin | Astronomía, Divulgación Científica | | 4 comentarios

Roger Bacon (1214 – 1292), otro “monstruito”.

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Examinando textos primarios y secundarios en torno a Roger Bacon (Ilchester,1214 – Oxford, 1292) , uno no puede menos de concluir que estamos ante otro de esos monstruos de Frankenstein (como Rousseau, Nietzsche, Junger, outsiders) que han recorrido puntualmente los siglos

Fue Bacon uno de los avanzados -quizá el primero y más importante- de la futura Ciencia Experimental y aquel método científico que no se abriría camino definitivamente hasta los siglos XVI y XVII.

Si bien Bacon no es un hombre ni mucho menos por completo desgajado de su época -la medieval- es evidente que no acaba de encajar ahí. Es uno de esos seres que no acaban de fluir con el resto de su Tiempo, ni ganas. Se encuentran en diálogo incansable con su siglo, y diálogo a menudo ceñudo, cuando no iracundo. A Roger Bacon se le atribuyen caricias verbales como por ejemplo yo con las obras de Aristóteles las quemaría, eso haría o bien Tomás de Aquino tiene el problema de que no ha ido suficientemente a la Escuela.

Lo primero, lo de Aristóteles, quizá fuese referido más bien a las versiones latinas adaptadas a su vez del árabe -que a su vez eran versiones, obviously, del griego. Muy diferente sería la valoración de Bacon de los textos originales, los del Estagirita o de cualquier otro, y no las desmañadas traducciones latinas. Y es que una de las cosas que cabreaban a base de bien a Roger Bacon era la insuficiencia en el conocimiento y dominio de lenguas clave para el estudio libresco y de la Biblia -fuente de conocimiento también para el protocientífico inglés-, lenguas como el griego, el árabe o el hebreo. Y para más inri, el manejo del latín, los skills de los eruditos del XIII en la primera lengua culta de aquel siglo, tampoco eran para tirar cohetes y el doctor mirabilis lo sabía y le molestaba.

En sus escritos, en los que abundan incursiones audaces en el terreno de la futura Ciencia Física -en especial en el campo de la óptica-, encontramos a un visionario tecnológico que anticipa a un Leonardo que no estaba destinado a nacer hasta dos siglos después. Pueden encontrarse especulaciones acerca de aparatos móviles por tierra y aire (aeroplanos) en sus textos.

Lo que está claro es que sobre todo en Inglaterra y gravitando en torno a París y Oxford -centros neurálgicos del saber de aquel XIII-, tenemos una serie de mentes (Bacon sería una, Guillermo de Ockam, otra, y alguna más hubo) que constituyeron una avanzadilla del método científico experimental, especie de brote científico en la todavía Alta (Altísima) Edad Media. No obstante, ese brote acabó en nada, en especial tras la muerte de Ockam, y la visión moderna de la ciencia natural iba a tardar todavía un par de centurias en abrirse paso.

Roger Bacon. Con Bacon tenemos aqui a otro friki del conocimiento, a otro seductor. Pero por genial que fuese y recorredor incansable de textos y de libracos en varias lenguas a parte del Latín (él conocía esas lenguas según él imprescindibles, pues predicaba con el ejemplo) y precursor intelectual y fustigador de luminarias, no podía -en realidad nadie puede- desincrustarse por completo de su época. Hay en él demasiado murga medieval, demasiada distorsión conceptual teológica.

Pero los fogonazos de genio, las anticipaciones científicas y técnicas, sus dibujitos y diagramas que parecen salidos de una época futura, hacen temblar al lector y al amigo de los enigmas.

 

Mayo 31, 2007 Publicado por Serafin | La Ciencia en la Historia | | 1 comentario