Roger Bacon (1214 – 1292), otro “monstruito”.

Examinando textos primarios y secundarios en torno a Roger Bacon (Ilchester,1214 – Oxford, 1292) , uno no puede menos de concluir que estamos ante otro de esos monstruos de Frankenstein (como Rousseau, Nietzsche, Junger, outsiders) que han recorrido puntualmente los siglos
Fue Bacon uno de los avanzados -quizá el primero y más importante- de la futura Ciencia Experimental y aquel método científico que no se abriría camino definitivamente hasta los siglos XVI y XVII.
Si bien Bacon no es un hombre ni mucho menos por completo desgajado de su época -la medieval- es evidente que no acaba de encajar ahí. Es uno de esos seres que no acaban de fluir con el resto de su Tiempo, ni ganas. Se encuentran en diálogo incansable con su siglo, y diálogo a menudo ceñudo, cuando no iracundo. A Roger Bacon se le atribuyen caricias verbales como por ejemplo yo con las obras de Aristóteles las quemaría, eso haría o bien Tomás de Aquino tiene el problema de que no ha ido suficientemente a la Escuela.
Lo primero, lo de Aristóteles, quizá fuese referido más bien a las versiones latinas adaptadas a su vez del árabe -que a su vez eran versiones, obviously, del griego. Muy diferente sería la valoración de Bacon de los textos originales, los del Estagirita o de cualquier otro, y no las desmañadas traducciones latinas. Y es que una de las cosas que cabreaban a base de bien a Roger Bacon era la insuficiencia en el conocimiento y dominio de lenguas clave para el estudio libresco y de la Biblia -fuente de conocimiento también para el protocientífico inglés-, lenguas como el griego, el árabe o el hebreo. Y para más inri, el manejo del latín, los skills de los eruditos del XIII en la primera lengua culta de aquel siglo, tampoco eran para tirar cohetes y el doctor mirabilis lo sabía y le molestaba.
En sus escritos, en los que abundan incursiones audaces en el terreno de la futura Ciencia Física -en especial en el campo de la óptica-, encontramos a un visionario tecnológico que anticipa a un Leonardo que no estaba destinado a nacer hasta dos siglos después. Pueden encontrarse especulaciones acerca de aparatos móviles por tierra y aire (aeroplanos) en sus textos.
Lo que está claro es que sobre todo en Inglaterra y gravitando en torno a París y Oxford -centros neurálgicos del saber de aquel XIII-, tenemos una serie de mentes (Bacon sería una, Guillermo de Ockam, otra, y alguna más hubo) que constituyeron una avanzadilla del método científico experimental, especie de brote científico en la todavía Alta (Altísima) Edad Media. No obstante, ese brote acabó en nada, en especial tras la muerte de Ockam, y la visión moderna de la ciencia natural iba a tardar todavía un par de centurias en abrirse paso.
Roger Bacon. Con Bacon tenemos aqui a otro friki del conocimiento, a otro seductor. Pero por genial que fuese y recorredor incansable de textos y de libracos en varias lenguas a parte del Latín (él conocía esas lenguas según él imprescindibles, pues predicaba con el ejemplo) y precursor intelectual y fustigador de luminarias, no podía -en realidad nadie puede- desincrustarse por completo de su época. Hay en él demasiado murga medieval, demasiada distorsión conceptual teológica.
Pero los fogonazos de genio, las anticipaciones científicas y técnicas, sus dibujitos y diagramas que parecen salidos de una época futura, hacen temblar al lector y al amigo de los enigmas.
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