Objeto de Deseo: La Ciencia.

Diálogos de la Ciencia consigo misma y con la Cultura.

House: enigma

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House es una serie extraordinaria. Y un enigma popular y televisivo.

No lo es solo por la deliciosa incorreccion politica del personaje asqueroso y delicioso, martillo de charlatanerias culturales, politicas y pseudocientificas, tambien y ante todo porque implica -en clave gamberra- una contundente reivindicacion de la Ciencia y la Medicina como frio ejercicio analitico, logicoracional y escrupulosamente seguidora del metodo cientifico. Sin negligir, claro esta, la idea de genio intuitivo -otra incorreccion que saca de quicio a los “curas” progres de la epoca - y que es la que pone en marcha, esa chispa de genialidad, lo que dispara el proceso desvelador.

Para House, la Medicina es puramente una operacion intelectual, un desafio detectivesco con un “culpable” (un bichito o un misterioso trastorno fisiopatologico), un escenario (la patologia resultante) y una victima: la victima. Un Holmes de la Ciencia Medica, para quien solo cuentan las cada vez mas desatendidas celulas grisaceas de la caja craneana, la recogida de datos y la interrogacion critica de la Realidad. Sin ningun tipo de niebla sobrenatural o oculta como en otras series de television tambien (y desdichadamente) exitosas.

Frente a la cansina palabreria alternativa con su presunta voluntad de centrarse no en la enfermedad aislada sino en la persona (como detesta este servidor ese lenguajito newage, suave e infumable), sus mojigaterias humanisticas, sus circulos y espirales especulativas y su bruma no contrastada, House se erige como el campeon de la Medicina Cientifica Occidental.

Y porque es un enigma este excepcional programa televisivo? Pues porque resulta que ha salido de las profundidades de un estudio de television estadounidense (su origen no es precisamente indie) y con vocacion comercial, y ello en una epoca de creciente presencia y aceptacion desgraciada por parte de un atolondrado publico del rubbish misticoide y alternativo, con sus sibilinos e incrustados ataques a la Ciencia. Esa Ciencia que teniendo en cuenta la enorme cantidad de sufrimiento o simplemente incordio del que nos dispensa en todos los terrenos de la Existencia (no solo en el medico) mereceria una defensa lo mas aguerrida posible frente a la caterva de estafadores holisticos.  

Por todo ello, y mas que me callo, ole House.

Agosto 22, 2009 Publicado por Serafin | Ciencia versus Cine, Ciencia y Sociedad, Farmacia/Farmacología, Medicina | | 5 comentarios

Alexander Fleming, sombras biograficas

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La Ciencia no es una construccion en el sentido que le dan unos cuantos sociologos o antropologos, no lo es como producto acabado, aunque pueda serlo a lo largo de determinados periodos en su “cutting edge” o filo cortante. Asi, en el siglo XIX, la victoria de las teorias de Louis Pasteur sobre sus contrarios, los defensores de la generacion espontanea parece ser que no se debio tanto a los legendarios y elegantes experimentos del celebre quimico frances como a un interes sociopolitico y cultural de la Francia de la epoca por favorecer su planteamiento. Ya que, aunque ahora parezca mentira, la teoria de la generacion espontanea a la que se oponian Pasteur y el stablishment del momento se alineaba con posturas mas progres y transgresoras, a las que dicho stablishment era alergico. La ironia es que ese planteamiento conservador acabo siendo el correcto, a la luz de la evidencia que iria mas tarde acumulandose. Pero entonces, en ese ultimo tercio del XIX, la pugna en torno a la  validez o no de la teoria de la generacion espontanea formaba parte del cutting edge del pensamiento cientifico. Ahi, en el cutting edge, donde se la juegan los paradigmas, es donde puede haber construcciones, pero no en el cuerpo de la ciencia, en las proximidades de su centro. Hoy dia sabemos positivamente que no hay generacion espontanea (al menos, no en el sentido decimononico), y ese conocimiento no es una construccion sociopolitica o cultural (si lo fue, como digo, en epoca de Pasteur); es una realidad cientifica contrastada. 

Otro tanto podria decirse del experimento capitaneado por A. Eddington en 1919 para probar la teoria Einsteniana en detrimento de la vision clasica newtoniana. La probatura resultante a partir de los datos recogidos por Eddington fue una construccion, nos aseguran los mas actuales historiadores de la Ciencia, pero eso no quita que la posterior evidencia acumulada a favor de la Teoria de la Relatividad la haya consolidado abrumadoramente como nuevo paradigma. Pero, en efecto, los resultados de Eddington y la puesta de largo de la Relatividad ya en1919, no fue mas que una “decision” intelectual, cultural, politica.

Tenemos pues que el contenido de la Ciencia responde a la Verdad o siquiera a una elevada probabilidad operativa (al menos su nucleo e inmediaciones, quiza no sus bordes o “cutting edge“, como deciamos arriba). No obstante, la imagen popular de la Ciencia, las biografias, la prensa, las peliculas, el imaginario…son algo completamente distinto.

Fleming es uno de los ejemplos. El extraordinario libro de John Waller Fabulous Science lo deja claro en su desmitificador capitulo Fleming’s dirty dishes. El escoces es universalmente aclamado desde la decada de 1940 como el “descubridor de la penicilina”, pero segun Weller, si hubiese que recopilar los meritos de todos los implicados en el desarrollo de esa molecula y su adaptacion tecnologica y sanitaria -su colocacion en la industria para su exitoso uso humano- parece que Fleming no entraria ni en la short list.

 En efecto, entre el accidental descubriento de las posibles propiedades antibioticas del hongo penicillum por parte de Fleming en 1928 y los ensayos clinicos y puesta a punto tecnologica e industrial liderada por el mucho mas meritorio equipo de Florey hacia el final de los 1930 y principios de los 1940 pasaron pues quince anyos. En esa casi decada y media,  el celebre escoces se desentendio casi por completo de la futura penicilina, por mucho que mas tarde, a un tiempo con los desarrollos de Florey y companyia, la reclamara como suya (I wanted to see what youve been doing with “my old penicillin”, le solto a Florey)  y apenas la menciona en sus papeles entre 1928 y los desarrollos del equipo del australiano en Oxford.

Este tipo de circunstancias historico-biograficas son aprovechadas por los aguadores profesionales de la Ciencia para proclamar su caracter relativo y socialmente construido, pero tal cosa suele ser una charlataneria. Quiza la fama de Fleming y su leyenda se deba mas a un malentendido propagado por la Prensa y unos cuantos biografos atolondrados, pero la realidad bactericida de la penicilina es una realidad prolijamente descrita por la farmacologia y por el magnifico impacto sanitario de la molecula, salvando de la muerte a innumerables seres.

Agosto 3, 2009 Publicado por Serafin | Ciencia y Sociedad, Farmacia/Farmacología, La Ciencia en la Historia, Medicina | | Aún no hay comentarios