Vida en Titán

Junio 10, 2007 by Serafin

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Más allá de Marte y del cinturon de asteroides, en el Sistema Solar exterior, donde moran las esferas gigantes (Jupiter, Saturno, Urano, Neptuno), podría haber vida.

Sí, vida. No vida superior, no vida inteligente o consciente, no vida con civilización tecnológica o cultural, pero vida.

Podría haberla, aunque ínfima. Aunque ínfima sea también la posibilidad de que la haya.

Los exobiólogos -que estudian la vida fuera de la Tierra, o sea: de momento tan sólo su posibilidad- han centrado su atención en los organismos llamados extremófilos. ¿Qué organismos son esos? Pues organismos terrestres (procarióticos principalmente, aunque también hay algún eucariota) que son capaces de apañárselas en la misma Tierra, pero en condiciones extremas. ¿Qué condiciones? Pues acidez extrema (acidófilos), basicidad (alcalófilos), salinidad (halófilos), temperatura elevada (termófilos), temperatura baja (sicófilos). En fin diferentes parámetros, pero extremos.

Estudiando las condiciones en las que esos microorganismos salen adelante, pueden los exobiólogos extrapolar hacia otros planetas esas mismas condiciones extremas para microorganismos no terrestres.

Titán es una de las lunas de Saturno, y destino exquisito de exobiólogos. Es la segunda luna más grande del Sistema Solar, tras la jupiterina Ganímedes. Su nombre está muy bien puesto, teniendo en cuenta su tamaño. Es un cuerpo que se mueve en torno a un planeta -lo cual obliga a considerarlo luna o satélite-, pero es mayor que Mercurio, por ejemplo.

Titán es uno de los cuerpos celestes que más han excitado la imaginación de los escritores de ciencia-ficción a lo largo del XX, siglo como se sabe fatigado de Ciencia y Fantaciencia. Robert A. Heinlein, John Varley o el valenciano Javier Redal (con su Naufragio en Titán) son algunos de los autores que han colocado sus desarrollos fantacientíficos en esa luna de Saturno. Quizá sólo el buen viejo Marte haya tenido mayor tirón popular en los pulps o en los libros de SF que les sucedieron.

El mayor satélite de Saturno tiene una serie de características físicas y físico-químicas que lo hacen muy apetecible para esos buscadores de pepitas bióticas que son los exobiólogos o astrobiólogos (también llamados). Para empezar: la densa atmósfera que posee, que lo asemeja a la Tierra (a la Tierra primitiva, más bien) y lo convierte en un caso atípico entre los cuerpos del Sistema Solar. Una atmósfera de nitrógeno e hidrocarburos. (Y la presión atmosférica más cercana a la terrestre de todo el Sistema). Los hidrocarburos, por cierto, y en especial el metano son los responsables del tono anaranjado de esa luna. La densa atmósfera impidió durante bastante tiempo poder echarle un vistazo a su superficie. Las sondas Voyager 1 y 2 que pasaron junto a Titán en 1980 y 1981 no pudieron ver gran cosa de su superficie o más bien, nada.

Suerte muy diferente ha sido la de la misión Cassini-Huygens (Christian Huygens, astrónomo holandés, fue quien descubrió Titán en 1655). La sonda Cassini abandonó la Tierra en 1997 y se llegó hasta el sistema de Saturno en 2004. La Huygens es la sonda -europea (ESA), por cierto, en tanto que la Cassini (NASA) es estadounidense- que transportada por la Cassini, descendió sobre la superficie de Titán, en el año 2005.

Es mucha la información enviada a la Tierra por la Huygens. Imágenes, películas, sonidos. Y muchos datos inéditos, para acabar de completar el perfil de Titán. Y en el futuro próximo elucidar si hay o no vida, o puede haberla habido, aunque esto es algo más peliagudo, claro.

La atmósfera del satélite está compuesta, como se dijo más arriba, por nitrógeno e hidrocarburos, entre ellos fundamentalmente el metano. Por efecto de la radicación solar, ese metano puede transformarse en una molécula ciertamente energética como el acetileno o etino (dos carbonos unidos mediante un enlace triple), lo cual puede ser de interés de cara a las disponibilidades energéticas, necesarias para cualquier protovida, por mínima que sea.

El metano haría allí de agua. El más simple de los hidrocarburos está presente en la atmósfera y en la superficie, donde lo encontramos conjuntamente con etano (dos carbonos, en tanto que el metano tiene uno) y agua. La superficie en definitiva, está constituida por hielo sucio -hielo de agua mezclado con otras substancias, como hidrocarburos- que haría el papel de las “tierras emergidas”, (si usásemos el simpático simil terrestre)- y los lagos o mares de etano y metano. Algunos de estos “lagos” han sido fotografiados por la Huygens, en su garbeo por Titán.

El satélite sería un cuerpo constituido por material rocoso, por un lado, y hielo e hidrocarburos. O sea que, al igual que Europa y otros satélites exteriores tiene un núcleo rocoso, lo cual lo aproxima a los planetas interiores del sistema solar como Marte o la Tierra. En tanto que los planetas exteriores propiamente dichos, como Jupiter o Saturno, son esferas de gas y líquido aunque con -posiblemente- un núcleo metalo-rocoso (mínimo aunque tal vez del tamaño de la Tierra)

En definitiva. Titán es quizá en el momento actual el candidato número uno de los exobiólogos, quizá por delante de Europa (satélite de Júpiter, con su famoso océano de agua bajo su superficie) y del eterno candidato Marte. Por lo menos ahora, tras la información suministrada por la Cassini-Huygens, la mayor luna de Saturno estará de “moda” durante algún tiempo.

Quizá alguno de esos tres cuerpos (Titán, Europa, Marte) conviertan de una vez por todas a la Biología en una Ciencia Universal (ahora lo es pero de un modo más bien especulativo), como lo es la Física y no en el “localismo” científico que ha venido siendo hasta ahora.

Seguiremos informando. El material de la Cassini-Huygens -como el arte- es largo.

Newton, a hombros de Hooke

Junio 5, 2007 by Serafin

Una de las frases más legendarias de la Historia de la Ciencia fue la pronunciada (escrita) por Isaac Newton (1642-1727) en una carta a Robert Hooke (1635-1703), hacia el año 1675. Newton se encontraba enzarzado con Hooke en polémicas epistolares acerca de la gravitación universal. Me hallo subido a hombros de Gigantes, había escrito aquel, en su carta. Hooke había alcanzado importantes conclusiones sobre la cuestión y se encontraba en pleno intercambio o competencia con Newton. No obstante, el futuro autor de los Principia superaba ampliamente a Hooke en genio matemático y si bien este último llegaría hacia 1678 a proponer la ley inversa del cuadrado, la verdad es que al final no le quedó más remedio que resignarse al futuro despliegue matemático de Newton y la acaparación por parte de éste de la gloria a ojos de los historiadores de la Ciencia. El drama del gran científico que fue Hooke fue compartir país y siglo (espacio-tiempo) con Isaac Newton.

Drama no sólo porque Newton fuese un científico de (aún) mayor envergadura que él, sino que en un plano humano el considerado fundador de la mecánica clásica no puede presentarse como ejemplo de impecabilidad ética. Newton no toleraba ver a nadie que destacase por encima suyo, y ya se encargaría él, Newton, de borrar sus huellas, si tal cosa sucedía. A fe que lo hizo. En especial con el pobre Hooke, luego de aceder a la presidencia de la Royal Society: no quedó allí ni el retrato de su antiguo corresponsal. Esto llevó a que los siglos siguientes infravalorasen y hasta ignorasen a Hooke.

Newton, dicho sea de paso era un buscapleitos y hasta un pelín chulopiscinas. Como director de la Casa de la Moneda no vaciló en enviar a la horca a un bonito número de falsificadores. No le temblaba el pulso, no, al amigo. Se enfadó también con el alemán Leibniz acerca de la paternidad del cálculo diferencial; esto llevo a una especie de guerra fria científica entre Inglaterra y Alemania. A lo largo de su vida, Newton sufrió graves desequilibrios nerviosos, se dice que a causa de sus experimentos (al)químicos o de una sobrecarga de trabajo o tal vez de la ruptura de ciertas relaciones. Yo creo que Newton era el típico personaje que va generando heridas y resentimiento en los otros, y al que puede aplicársele aquello tan nostrat del ja t´ho trobaras.

Una perla que lo demuestra, y que es el motivo de la presente nota o post: el comentario epistolar de Newton a Robert Hooke, lo de que marchaba a hombros de Gigantes. Se suponía que el comentario era un indicio -increíble tratándose de Newton- de modestía hacia sí mismo, de elegante autodisminución frente a Hooke, y que por Gigantes se refería tal vez a Keppler o a Descartes, cuyos libros había devorado ya en su juventud. Pauwels-Bergier en su reivindicación del misticismo El Retorno de los Brujos (1960) llegan a insinuar que con aquello de Gigantes, Newton se refería al enorme y perdido caudal de sabiduría al que él todavía tenía acceso en su XVII y nosotros, ya no.

Y Stephen Hawking ha titulado uno de sus libros justamente con la frase de Newton A hombros de Gigantes, libro en el que recoge las figuras de unos cuantos Giants de la Ciencia, entre ellos el propio Newton.

Bueno, pues nada de esto. El treintaañero Newton había escrito en su carta a Hooke Gigantes con letra mayúscula. Él iba, según escribía a hombros de Gigantes, y que por eso había llegado tan lejos. Pero no, no se refería a Descartes ni a su Geometría. Sino que era más bien -tal y como indica John Gribbin en su Historia de la Ciencia 1543-2001 (2002)- una chanza hacia la no demasiado elevada talla física (y, de acuerdo con el vacilón Newton, tampoco elevada talla intelectual) de Robert Hooke.

O sea que lo que le estaba diciendo al autor de la Micrografía era algo así como: si he llegado tan lejos, tal vez sea en parte debido a mis antecedentes intelectuales, entre los cuales ciertamente no te encuentras tú. Chavalín.

Vaya, vaya.

Newton: menudo pájaro

Alternativos, según House.

Junio 4, 2007 by Serafin

Los Dioses han hablado,

Gracias, House.

Sobre El Retorno de los Brujos (1960, L. Pauwels y J. Bergier)

Junio 2, 2007 by Serafin

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He pasado unos cuantos dias con la lectura (absorvente) de El Retorno de los Brujos (Le Matin des magiciens, Louis Pauwels- Jacques Bergier, 1960), clásico de lo que los autores en su momento llamaron Realismo fantástico, y pretendido texto fundacional. De ahí, de esa fuente o texto, ha derivado buena parte de la actual literatura centrada en la especulación pseudocientífica: antiquísimas civilizaciones que no dejaron ni rastro y que tal vez nos igualaron, visitantes de la Tierra, fenómenos parapsicológicos, etc.

Como texto “fundacional” que es, la lectura de El Retorno de los Brujos es apasionante. Como texto inaugurador de lo que más tarde iban a ser tópicos. Yo iba detrás del libro de Pauwels-Bergier desde hacía bastante tiempo, en concreto desde el momento en el que desde otro texto se me remitió a este Retorno de los Brujos, al hablárseme del visionario y charlatán Horbiger, personaje que tantos estragos causara en la cosmovisión de la Alemania de 1933-45. Pero ya me referiré a Horbiger en otro post porque el tipo se las trae.

La lectura de El Retorno de los Brujos es de esas que te arrebatan, lo cual no quiere decir que no haya que estar ojito avizor hacia sus exageraciones, sus especulaciones sin fundamento y la no poca charlatanería que hay en esas hojas. En el comienzo del libro, el duo Louis Pauwels (1920-1997) y Jacques Bergier (1912-197 8) declara que su principal objetivo es que el lector pueda acabar el texto con un par o tres de ideas que le hagan “ver” más allá. Más allá del actual (1960, momento de la publicación) horizonte científico, sobre todo teniendo en cuenta que ese horizonte científico de la segunda mitad del XX ha sido producto de la crisis previa del horizonte del XIX, de un ver más allá, justamente. En cierto modo, El retorno de los Brujos es una sugerente invitación al ejercicio de lo que los psicólogos cognitivos llaman pensamiento lateral, creatividad, intuición. Apartarse en algún momento del pensamiento lineal habitual -imprescindible éste para apuntalar y acrecentar el edificio científico, eso sí- puede permitirnos “vislumbrar” un nuevo paradigma, por si el viejo ya no sirviese.

En mi opinión, el “objetivo” declarado de Pauwels-Bergier al comienzo de su texto -la de generarte unas cuantas ideas interesantes e invitarte a ejercer esa lateralidad- está perfectamente conseguido.

En esencia, el libro critica el “materialismo” conceptual clásico de la Ciencia contemporánea y, sobre todo, la exclusividad de la via lógico-racional para el abordaje de los problemas. El texto de Pauwels y Bergier reivindica otras “vias” de conocimiento: cierto auxilio del misticismo, y la propuesta de caminos “transversales” al habitual (lógico-racional).

Argumenta -y algo de razon no le falta- que una defensa demasiado marcada del paradigma cientifico del momento impide ese ver más alla y acartona la Ciencia. Es lo que le sucedió a la Ciencia del XIX, convirtiéndose en una especie de Escolástica, un acartonamiento que excluía toda posibilidad de salirse del territorio marcado, sufriendo “excomunión” quienes lo hiciesen. Un dato peculiar apuntado por los autores: al siglo XIX le hubiese sido perfectamente posible en un sentido técnico construir el ingenio submarino de Piccard, pero “decidió” -y fue una decisión no tecnocientífica sino socialmente construida- que aquello era “imposible”. Decidió, igualmente, que volar -entre otras cosas- también era imposible. “Decidió” esto y lo otro, y muchas de esas “decisiones” fueron una construcción social, un acuerdo: una especie de temor a perjudicar un paradigma que de todos modos iba a saltar en pedazos en las primeras décadas del XX.

El libro nos habla también de Poincaré, quien tuvo en sus manos la posibilidad de ser Einstein, pero prefirió no serlo o no se atrevió. Optó por ceñirse a la “disciplina” tecnocientífica y social de su XIX.

Me parece claro, tras la lectura de El retorno de los Brujos, que hay que optar por una complementariedad entre los dos tipos de pensamiento: el lineal y el lateral. El lateral contribuye a hacer entrar en crisis los paradigmas, es el que posibilita la visión de más allá (más allá de lo “marcado” en ese momento, se entiende), el que permite salirse del camino lineal habitual que, llegado un punto, tal vez no conduzca ya a ningún sitio. El pensamiento lateral te lleva a un salto en el vacio, salto en ocasiones necesario, pero para hacerte ganar una nueva superficie. No puedes permanecer permanentemente en el vacio. Una vez recuperas pie, has de volver al pensamiento lineal, al lógico-racional habitual, sin el cual no puede haber Ciencia.

Enlazando con Kuhn, podríamos decir que el pensamiento lateral ayuda al cambio de paradigma o incluso es vital para tal cambio, pero que para la importantísima y cotidiana Ciencia normal, el pensamiento líneal y el método científico clásico continuan siendo las herramientas de elección.

Más ideas sugerentes del libro de Pauwels y Bergier: la historia de la humanidad está llena de pérdidas bibiliográficas tremebundas. Incendios, destrucciones, saqueos de bibliotecas. O simplemente infinidad de textos que no han llegado a nuestros dias. Sólo una pequeña parte -según los autores- del saber que la humanidad ha acumulado a lo largo de siglos y milenios desaparecidos ha llegado a nuestros dias. Así, tal vez la Alquimia sea el resto de un saber técnico refinadísimo -que quizá alcanzase cotas comparables al nuestra actual, léase incluso hitos como la fisión del átomo. La Alquimia: un resto de un saber técnico igual o superior al nuestro, insinúan los autores de El retorno de los Brujos, y no un simple misticismo pretécnico de la Ciencia Química moderna.

Capítulo aparte merece el amigo Horbiger, al que ya he aludido al comienzo de esta reseña. Horbiger fue un “intelectual” influyente durante el periodo nazi en Alemania. Según Pauwels y Bergier, uno de los acontecimientos culturalmente más alucinantes de nuestro siglo fue el abandono por parte de Alemania -territorio hasta entonces integradísimo en la modernidad decimonónica- de la Cosmovisión Occidental y su abrazo de un paradigma semimágico y de cosmogonías extrañisimas, divergentes del paradigma del resto de Europa. Y todo ello desarrollado a lo largo de poco más de una década, en los años centrales de un siglo tan incrédulo como el XX, y en un pais tan minuciosamente cartesiano como la Alemania prehitleriana.

 

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Pues bien, el tal Horbiger impulsó una serie de creencias referidas al pasado de la Tierra y del Hombre. Nos cuenta Horbiger: hubo una Humanidad Secundaria cuyos ecos recogió la Biblia al hablar de “gigantes” (había gigantes en la Tierra aquellos dias -dice el texto bíblico en algún lugar). Una especie precursora nuestra de tamaño gigantesco. Algún dia se encontraran fósiles del hombre secundario, según los seguidores de Horbiger.

No se han encontrado nunca esos fósiles. Por lo tanto, no se ha hallado nunca evidencia empírica alguna de la estrambótica teoria de Horbiger y de aquellos excéntricos intelectuales de la Alemania hitleriana, tan aficionados a lo oculto.

Cosa curiosa, no obstante: acabo de terminar El Retorno de los Brujos, y voy y me encuentro en la red con una serie de fotos, de las que recojo un par. Esqueletos fósiles de gigantes. Vaya por Dios. Los restos han sido presuntamente hallados en la India.

Las imágenes son un clarísimo trucaje, y no demasiado bueno. Manufactura Photoshop, y cutre. Pero me alegra asistir en vivo a un eficaz ejemplo del posible desarrollo -o revival- de una moderna mitología.

Sí, los brujos vuelven. Es que no se han ido nunca.

Solaris (Lem, 1961) / (Tarkovsky, 1971 - Soderbergh, 2002)

Mayo 31, 2007 by Serafin

(Post ya publicado y más bien “lírico”, pero dirigido a un tema si no científico, al menos fantacientífico)   

En torno a  Solaris. Libro (S. Lem, 1961) y película (Tarkovsky, 1971 y Soderbergh, 2002)

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A veces -muchas veces- me pongo a pensar en esa obra conjunta Lem-Tarkovsky que es Solaris. La obra conjunta de ese autor conjunto. El pack libro-película (Lem, 1961 / Tarkovsky, 1971), sin olvidarme del comentario a pie de página de 2002 del estimable, aunque algo romo, Soderbergh.

Solaris, el Planeta, el Océano; el Enigma. Una Inteligencia, una Sensibilidad, ¿una Crueldad? incomprensibles. También la Tierra es un enigma. Ella también “crea”, o pare de su seno, criaturas misteriosas: nosotros, y los autómatas biológicos que nos acompañan. Lo hace sin copiar de original alguno. Solaris recrea a partir de los originales, de los atormentados científicos que hollan su suelo.

Solaris es indescifrable, como es la Tierra y como lo es cualquier Mundo. Como lo es el Cosmos, con sus secretos sólo parcial y recientemente desmadejados. Los secretos. Así lo hemos percibido siempre, y transmutado en clave artística, en épocas pretécnicas. Hace milenios: La Biblia ese maravilloso conjunto de alegorías, ejercicio literario inagotable en el que se metaforizan nuestras antiguas y nunca del todo resueltas perplejidades. El libro de Job, la Zarza ardiendo. ¿Porqué, Dios, me haces esto? ¿Porque tan ciego, irracional, injusto? Porque soy el que soy -responde el Dios-, porque mis caminos son inescrutables. Por mucho que llegues o creas llegar a escrutarlos, en el futuro inconcebible. Por mucho que muerdas el árbol de la Ciencia, mis razones se te escaparán siempre. Lucharás por tu vida y por tu inteligencia y por tu orden y tu equilibrio, y un buen dia un azar fortuito acabará contigo, te borrará a tí y a tus desconciertos.

¿Cual es el sentido? Búscalo tú. Invéntatelo.

Nos hallamos en Solaris, como Kelvin. En un Planeta que escarba dentro de nosotros y nos desafía. Un Planeta-Zarza que arde. Al que se interroga y no responde o lo hace evasivamente. ¿Porqué nos haces esto, porque nos confrontas con lo mas profundo de nuestra (sub)Conciencia?. ¿Con nuestros dolores o nuestros sueños? ¿Porqué nos los colocas ante los ojos, cuando nos hemos pasado media vida tratando de desdibujarlos?

Eso que quereis desdibujar -hubiera podido murmurar el Planeta Consciente- sois vosotros mismos. Pues no sois otra cosa que vuestros sueños y vuestros deshechos. Aqui los teneis.

Plantadles cara.

SGL, 2007