Adrian Berry: Los próximos diez mil años

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(Una antigua reseña de 2001, ya publicada)

En torno al libro de Adrian Berry Los próximos 10.000 años (1973)

El título de este libro resulta algo visionario y sin duda va más allá que el propio contenido del texto, aparte de ser de una osadía insólita. El mundo actual es tan imprevisible y complejo, su evolución futura tan indescifrable, que no es fácil que nadie se atreva a hacer profecias no ya a diez mil años vista, sino tan siquiera a diez mil horas. Puede visualizarse, dentro de unos interesantes límites de probabilidad, la evolución del mundo de aquí al año 2050 o 2060, pero remontarse mucho más allá es un ejercicio que roza la frivolidad intelectual. No obstante, cuando se publicó Los próximos diez mil años corría el año 1973, y eran otros tiempos, tiempos arrogantes en el ámbito tecnológico y aeroespacial y de gran euforia respecto al porvenir inmediato y lejano. Era una época marcada por el entusiasmo de 1969, y que se sentía totalmente embalada hacia el futuro. Sólo en una época así podía aparecer un libro tan (racionalmente) visionario como este.

Siempre me he sentido atraido por el tema de la conquista del espacio y del futuro científico y tecnológico del Hombre. Desde que era adolescente, me sedujo el género de la ciencia ficción, la astronomía, la cosmología, las hazañas científico-tecnológicas y el remoto porvenir. Carl Sagan era uno de mis dioses. Devoré la serie Cosmos a cada pase televisivo y nunca dejó de fascinarme. Leí avidamente su Conexión cósmica, al igual que las obras divulgativas de Asimov. La pasión por estos temas, junto con la ciencia-ficción, fue lo que me llevó a la insólita decisión de matricularme en la Facultad de Química (carrera que muy poco después canjearía por el inacabable estudio de la Farmacia). No es sorprendente, con estos antecedentes, que un libro con un título como Los proximos diez mil años, un título que se remontaba de una manera tan vertiginosa desde nuestro triste y prehistórico tiempo, captase enseguida mi atención. Cuando lo vi un domingo en un tenderete del Mercado de San Antonio, aunque su estado no era demasiado bueno, mi apática mano voló hacia él.

Primeros setenta: éxtasis tecnológico

Los próximos diez mil años es uno de esos libros de divulgación científica que menudearon tanto en la década de los setenta, época como hemos dicho, de gran euforia tecnológica en el terreno aeroespacial. Y es que cuando apareció, hacia tan solo unos pocos meses que el último hombre en pisar la Luna había vuelto a casa. En efecto, en Diciembre de 1972, tuvo lugar la número XVII de las legendarias misiones Apolo, la última cuya tripulación puso pie en el satélite. Han pasado casi treinta años desde entonces y ningún otro ser humano ha vuelto a pisar aquella desolada y remota superficie, lo cual por si sólo indica que fue una proeza tecnológica cercana a lo increible. En sólo 15 años desde el inicio de la era espacial (en 1957, con el lanzamiento del Sputnik por parte de la URSS), la humanidad había hecho realidad la alucinante fantasía de enviar varias misiones tripuladas a la Luna: el Apolo XI, el XII, el XIV, el XV, el XVI y el XVII (el Apolo XIII, como es sabido, tuvo un problema y no alunizó). Aquella fantasiosa literatura de Luciano, Cyrano, Godwin, Verne, Wells y tantos otros invadió al fin la aburrida realidad. El mono desnudo había logrado tocar la Luna tan sólo dos millones de años después de bajarse de los árboles y levantar hacia ella el rostro peludo y simiesco. La humanidad levitaba de éxtasis místico-tecnológico. Ante una hombrada de tal magnitud, cualquier empresa parecía posible en el futuro más inmediato, esto es, a lo largo de las siguiente décadas: viajes tripulados a Marte en la década de 1990, colonias permanentes o semipermanentes en la Luna para pasado mañana y otros logros futuristas.

En 2001, una odisea del espacio, película rodada entre 1964 y 1968, Kubrick y Clarke habían pretendido presentar una visión realista del futuro a 33 años vista: insinuaban que el 2001 real se parecería bastante al de su película y habían contado con bastantes asesores para llegar a esa conclusión. Se equivocaron de medio a medio, ya que hemos llegado a ese mítico 2001 (año tremendamente decepcionante) y nadie viaja a Jupiter ni a Saturno, no hay colonias lunares y ni siquiera HAL existe. Y lo peor de todo: no se ha encontrado ningún monolito en la Luna. Esta vez la ficción superó a la realidad, que por otra parte es lo que sucede casi siempre, para que engañarse. A lo largo de los 70 y los 80 fue llegando paulatinamente el final del sueño de la conquista del Espacio, las misiones fueron evaporándose al igual que el entusiasmo y en el momento actual, con el tema aeroespacial bastante dormido (y con los recientes fracasos de la NASA en sus modestas aventuras marcianas), se habla tan sólo del año 2020 como posible fecha para una expedición tripulada a Marte, único planeta que la humanidad pisará en el siglo XXI. La desaparición de la URSS y la falta de competencia en el ámbito interplanetario (contrariamente a lo que sucedía en los 60) ha sido catastrófico. Y es que, en el fondo, nadie hizo tanto como la antigua potencia soviética para que el hombre acabara pisando la Luna. Nada irritó tanto a McCarthy como el Sputnik. La perrita Laika y Gagarin llevaron a Kennedy a golpear la mesa con el puño y a conjurarse para contrarrestar aquel desafío comunista. Pero hoy dia ya no hay rusos ni guerra fría, y ya no es necesario impresionar a nadie ni hacerse ninguna foto. Ya no hay Comunismo. Sí Capitalismo, aunque eso, por lo visto por sí solo no basta.

El espíritu de la época

Pero en 1973 se estaba aún en plena fase REM del alucinante sueño espacial. Aún estaba en las retinas la imagen de Alan Shepard, comandante de una de las misiones Apolo (no recuerdo cual), golpeando una pelota de golf en la desértica superficie de la Luna. En esa época de triunfos, vítores y épica interplanetaria, en aquel tiempo de competencia entre bloques económicos, de Ciencia publicitaria, de ebullición aeroespacial, de cosmonautas y banderas, fue entonces cuando apareció este libro de Adrian Berry.

Los próximos diez mil años está totalmente contagiado del espíritu de la época. Es decir, es un texto optimista. Mejor dicho, hiperoptimista. Lo de la Luna ha sido sólo el comienzo, ha sido, como diría el pionero Tsiolkovsky, tan sólo abandonar la cuna. El Homo Sapiens está llamado a tocar las estrellas, pero en un sentido físico, no poético. Y esto sucederá más pronto que tarde. El entusiasta libro de Berry nos invita a pasearnos por un espléndido futuro tecnológico y de crecimiento económico imparable. Diez mil brillantes años a lo largo de los cuales el Hombre irá modelando el Universo a su gusto, sirviéndose de las leyes de la Física y de unos posibilidades tecnológicas cada vez más gigantescas. Pero en realidad, el autor no va tan lejos como el título de su libro, ya que apenas habla de lo que sucederá más allá del año 3000: las inconcebibles proezas tecnológicas que entrevé irán sucediéndose a lo largo del milenio que acabamos de comenzar. Es decir, el envío de expediciones tripuladas interplanetarias, la incorporación de los recursos de lejanos mundos a la economía de la Tierra, la terraformación de planetas, el desmantelamiento de Júpiter para la construcción de la esfera de Dyson, la posibilidad técnica del viaje interestelar, el desarrollo de pavorosas disciplinas como la astroingeniería, etcétera, todo ello ocurrirá dentro del aburrido milenio en el que ya estamos aposentados. Decididamente, Berry no es que vea la botella medio llena, a veces da la sensación de que pasa por alto el vidrio.

Profecías audaces

El libro, como ha quedado ya dicho, fue escrito y publicado en 1972-73 y es posible decir ya, en el momento en que escribo esto (año 2001), que algunas de las amenas profecias de Berry no se han cumplido. El autor se mostraba convencido (al igual que Carl Sagan en la Conexión Cósmica y muchos otros) de que el hombre se pasearía por las rojas arenas de Marte antes de 1990 o como mucho, antes de fin de siglo. Pero lo único que se ha paseado por la superficie marciana ha sido ese simpático cacharrito, el Sojourner de la Mars Pathfinder, que arribó al Barsoon de Burroughs en el año 1997. No está mal, pero es bastante menos de lo que habían imaginado Berry o Sagan en los primeros setenta.

De todos modos, yo también creo que muchas de las cosas que este libro profetiza se cumplirán, no me cabe duda, aunque no de una manera tan lineal, ineludible e impetuosa. Probablemente no las veremos dentro del tercer milenio, como el libro parece sugerir, pero quizá sí dentro de esos 10.000 años a los que, después de todo, se refiere el título. Y es que debemos tener presente que no hemos hecho más que comenzar. Hacia el siglo XVII, el Hombre se aburrió definitivamente de la teología y la metafísica y se volvió científico, Roger Bacon se transformó en Francis Bacon. La Teología (esa rama de la literatura fantástica) fue canjeada por la Ciencia Experimental, tal cosa ocurrió, insisto, en el XVII, es decir hace cuatro dias ( o cuatro siglos, tanto da). En aquel momento, el Homo Sapiens llevaba entre uno y tres millones de años en la Tierra, exactamente los mismos que lleva ahora. De ese dilatadísimo periodo, tan sólo nos hemos pasado metidos en el laboratorio los últimos cuatrocientos años, una parte infinitesimal de nuestra existencia como especie. El resto se nos ha ido elaborando amenos juegos teológicos y organizando Concilios. Apenas hemos desembalado el utillaje. No hemos hecho más que desempaquetar los Erlenmeyers y las pipetas.

Seamos pacientes, concedámonos un milloncito de años. Otorguémonos tiempo para salir de la Prehistoria en la que áun nos encontramos. Salgamos de la caverna y levantemos la vista hacia el diamantino cielo. Saludemos con la mano, que diría Bob Dylan.

Las estrellas, de cuyas entrañas salimos, esperan melancólicamente nuestro regreso. 

18 thoughts on “Adrian Berry: Los próximos diez mil años

  1. Exelente, es un libro para leer varias veces; sobre todo por darnos esperanza y optimismo, en este mundo en el que cada vez sentimos que el futuro es mas incierto.

  2. tengo intenciones de terraformar venus y marte en la proxima decada, (corsant_149@yahoo.com.ar) usando las ideas que carl sagan propone en este libro.

  3. Hola

    Me he permitido coger tu foto y reseñar tu artículo, en un post que voy a sacar hoy. Evidentemente, ya te aviso, mi blog no es científico ni mucho menos, pero es en un post más o menos literario. Es un libro que me encantó y tu lo has resumido genialmente.

    Si tienes algún inconveniente en que ponga un link a tu post, me lo dices, vale?

  4. Ese mismo con esa portada lo tengo aqui delante. Tengo 33 años, y mi profesor de sociales de 2º FP nos los hizo leer cuando tenia 16 años más o menos. Recuerdo que me encantó, ya que mi biblioteca consta básicamente de libros científicos y revistas técnicas. Desde luego le recomiendo la lectura a todo el mundo. El autor hace una serie de vaticinios sobre lo que pasara en el futuro con la energía, la colonización de los planetas…algunos muy intrépidos y demasiado optimistas, otros ya se han cumplido antes de tiempo. Uno de los capítulos que mas me chocha del libro (que re-leo cada x tiempo) el el plan de desmantelamiento de Jupiter para crear esferas de Dyson, y crear cientos de planetas orbitando en torno a la tierra, a modo de polígonos industriales y barrios residenciales. Según el se tardaría 40000 años (una pasada) con lo que nadie invertiría en un proyecto así nunca (jeje)

  5. Cierto. El problema con esas supertecnologías que llevan tanto tiempo es que, con la posible aceleración tecnológica, se vuelven obsoletas rápidamente. Y por ello, no merece la pena ni comenzarlas….No sé si sería el caso de las esferas Dyson, pero sí con los actuales proyectos de futura terraformación de Marte o Venus….

  6. Hola, soy de Valencia y estoy buscando ese libro, pero me dicen que está descatalogado y que no lo tienen, ¿sabe alguien donde lo puedo conseguir?, gracias

  7. Mi edición, la de la foto, la encontré en el Mercado de Sant Antoni de Barcelona, y es Alianza Editorial, de 1976 ó 1977.

    Supongo que la única manera que tienes de encontrarlo es a través de alguna librería de viejo On-Line.

    Saludos.

  8. Es interesante pensar en el futuro. sin embargo podemos llevarnos una nocion mas cercana solamente pensemos en 100 años mas adelante del 2010 y saquemos algunas conclusiones si como estamos existirá la raza humana para nuevos milenios.
    Una de dos: Como sere Humanos donde estamos acabando nuestro ecosistema, donde la tierra gime ahora con sus cambios climaticos, terremotos, inclinación del eje terraqueo,y donde seguimos siendo una raza sobervia, egoista, explotadora, destructora, que juega a las guerras, etc, lo más seguro es que cuando vengan los extraterrestres no encontrarían nada.
    pero… bueno esto es olo una opinión.
    Ahora si leemos libros y las profesías bíblicas por ejemplo, nos acercamos a un cambio y mutación de ADN que aun no entendemos, donde nuestros cuerpos serán diferentes. es decir para aquellos que ayan cumplido con su desarrollo moral y espiritual adecuado y hayan esperado su promesa mesianica de su reino y de los mil años que vendrán pronto.
    Bueno por lo menos en un cielo nuevo y tierra nueva quizas podamos seguir viviendo y explorar el universo como nunca lo soñamos.

  9. “Las estrellas, de cuyas entrañas salimos, esperan melancólicamente nuestro regreso.” Esta línea es perfecta.

  10. Ayer comencé a leer este libro que hace años que tengo en casa y nada más con el prólogo ya empiezan las barrabasadas. A los escolásticos los trata de bizantinos, el filósofo Séneca es ridiculizado ante el científico Bacon, y sobre La edad media los mismos tópicos. En fin la pugna de siempre entre las “dos culturas” ciencia y humanismo, denunciada por C. P. Snow en su célebre ensayo. De todos modos : gracias Serafín por tu artículo. El libro promete ser ameno a pesar de todo.

    1. Sí, tienes razón. A mí también me molestó la manera tan frívola con la que Berry ataca a Séneca. Séneca no vivió en el siglo XVII como Bacon. Pero el libro es muy estimulante. Y tiene la valentía de asomarse a un futuro muy lejano, con una confianza muy grande en las posibilidades de la ciencia y la tecnología. Saludos y buena lectura.

  11. La lectura del libro es estimulante y no sólo por atreverse a mirar en un horizonte temporal tan lejano y, aunque como se ha escrito anteriormente, el autor peca de optimismo su idea de fondo, es decir que la Humanidad habrá de seguir más allá de la Tierra es realista.
    Adrian Berry añade que hay varias posibilidades de elección y secuencia en función del desarrollo tecnológico y de la disponibilidad de financiación las etapas que podría seguir la exploración del espacio. Llama la atención que se plantee las limitaciones económicas y que intente darles respuesta, algo que no se suele tener en cuenta en las publicaciones de divulgación científica.
    En la contraposición que hace de Séneca y de Bacon Adrian es duro con la categoría moral de los dos y con toda razón, pero dice y en mi opinión con fundamento, que las ideas de Bacon sirvieron para estimular el progreso y el desarrollo y las de Séneca hicieron todo lo contrario.
    Probablemente no fue lo que pretendió Séneca pero sí lo que hicieron sus seguidores. Todavía a finales del S XVIII en las universidades españolas se despreciaba el estudio de las ciencias experimentales y se estimulaban los ejercicios de agudeza mental estéril sobre temas escolásticos como denunciaban los “ilustrados” españoles Cadalso y Jovellanos. Aristóteles fue una de las grandes mentes de la Humanidad pero hoy en día se puede decir que su influjo en la Física fue negativo: su afirmación de que si un cuerpo se movía era porque algo o alguien lo estaba empujando retrasó dos mil años la Mecánica hasta que alguien tan osado como Galileo se atrevió a experimentar dejando caer cuerpos por planos inclinados y luego por una superficie plana y comprobando que cuanto más lisa era la superficie más lejos llegaba el cuerpo lo que le hizo pensar que si dejaba de moverse sería porque algo se oponía al movimiento, despejando así el camino que siguió Newton.
    Creo que a eso es a lo que se refiere el autor cuando critica a Séneca. En estos días de otoño de 2013 se ha repuesto la versión teatral de una novela de Galdós, Doña Regenta, escrita hace más de ciento treinta años donde se puede encontrar cómo esa manera de discurrir y razonar a base de citas de autoridad se seguía enseñando y usando mucho tiempo después de las denuncias de Bacon y de los ilustrados españoles.

  12. Gracias, Serafín tu artículo es muy bueno. Totalmente de acuerdo en que el libro es hijo de de la euforia tecnológica de la época. Si habíamos sido capaces de pisar la luna en un periodo de tan solo quince años (Sputnik, 1957), ¿qué seríamos capaces de hacer en treinta años más?. La evolución tecnológica no ha ido, al menos de momento, por el camino que Berry o Sagan profetizaban.

  13. Gracias.🙂

    Pues sí, es algo decepcionante que las cosas no hayan ido como se anticipaban en los años setenta. Pero es que el ritmo de avance de la tecnología espacial en el período 1957-1972 fue explosivo. Luego fue ralentizándose.

    Sin duda, a mi me encantaría que se retomase la energía y la épica de los primeros años de Era Espacial. Y fuésemos ya a Marte, que ya toca.🙂

    Saludos.

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