Teleologismo en Jurassic Park

La película es un espectáculo espléndido; una joyita del cine comercial y uno de los tratamientos más sugestivos que ha hecho el cine reciente -al menos el que se fabrica en Los Ángeles- en torno a la Ciencia Natural.

Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993) tiene algo de Tiburón, algo de ET y de los Gremlims y de los bichitos spielbergerianos, pero sobre todo mucho de Frankenstein y su complejo; de su historia y su advertencia. De nuevo la Ciencia hurgando donde no debe; eso al menos se nos insinua, sutilísimamente, en la película. Esto es lo que se nos insinua: los dinosaurios tuvieron su oportunidad y la naturaleza (mediante su mecanismo, la evolución) se los sacó de encima. El diseñador inteligente, como lo llaman ahora, se los sacó de encima, y sus caminos son inescrutables. El hombre no puede, no debe, colocarlos de nuevo en escena, a esos dinosaurios desestimados. Si hace eso, que se prepare porque le van a ocurrir cosas muy desagradables. Se enfrentará quizá a la ira del diseñador inteligente.

Y le ocurren esas cosas desagradables a lo largo y ancho de las dos horas del metraje de Parque Jurásico. Vaya que si le ocurren. Los dinosaurios se zampan a más de un visitante y se mueven por aqui y allá como ratones; hasta en la cocina (literalmente) se los encuentra uno.

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Correteos, gritos y bocados

Luego de mil y un correteos y gritos y bocados, hacia el final de la película, con Laura Dern y compañía ya confortablemente instalados en un avión o helicóptero y reponiendose del susto, hay un bello plano en el que aparecen unas aves o pájaros sobrevolando el cielo y el oceáno. Los personajes sobrevivientes contemplan desde su avión o helicóptero ese cielo y esas aves y no dicen nada, pero la cámara del sibilino Spielberg lo dice todo. Uno de los intrépidos científicos nos había previamente recordado que las aves son los descendientes actuales de los extinguidos dinosaurios. Nos dicen, yo no se si Spielberg pero sí sus inteligentes imágenes: Esas aves ensoñadas que sobrevuelan ese cielo- son los dinosaurios del presente: no queramos alterar este bello presente (re)creando lo que no debemos, sumergiéndonos en el infierno al que va irremisiblemente el que se atreve a morder el árbol de la Ciencia. No transmutemos en infierno y en dinosaurio lo que Dios -y su inteligente diseño– ha transformado andando el tiempo en bellas y poéticas aves del presente. Una advertencia teleologista (si Dios ha convertido a los megareptiles en aves por algo será) apretada en ese plano, en esas aves y ese cielo.

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Algo así se nos proclamó también en la versión de 2005 (igualmente de Spielberg) de la Guerra de los Mundos. El mensaje del cine comercial norteamericano parece ser el siguiente: “Dios es el mejor ingeniero, el más inteligente de los diseñadores. No hemos de entrometernos en sus planes (Frankenstein, Parque Jurásico); en ocasiones incluso sus diseños nos sacan las castañas del fuego (Guerra de los mundos, 2005).

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En definitiva. No manipulemos la obra del Diseñador -nos advierten desde Hollywood- y confiemos, si el caso lo requiere, en Su infinita inteligencia.

2 thoughts on “Teleologismo en Jurassic Park

  1. Ha pasado que los intereses de uno van y vienen. Ahora vivo en Manchester, patria chica de John Dalton y en cierto modo tambien de Ernest Rutherford. Espero volver a la fiebre bloguera en breve. Saludos.

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