El Libro que Sacó de Quicio

Foto telegraph.co.uk

Sobre El Origen de las Especies (1859)

(Defensa- bastante apasionada- de la obra de Darwin)

Borges dijo del filósofo aleman del XIX A. Shopenhauer que acaso “había descifrado el universo“. No creo que Shopenhauer descifrara el Universo, si acaso fue responsable de algun que otro penetrante comentario entorno a ese desciframiento problemático e inacabable.

Un desciframiento que es obra de los hombres y los siglos y sus esfuerzos continuados, su tesón, la superación de devastadoras frustraciones, el enfrentamiento a la Autoridad y a los paradigmas políticos yculturales de cada Tiempo, la indagacion desprejuiciada del mundo y la realidad, el coraje, la capacidad de estoicismo y aguante de la injuria politica o ideológica.

La obra de Darwin ella sola despejó muchas brumas entorno a los misterios del planeta y sus criaturas. Por supuesto que no descifró el Mundo en solitario ni en su totalidad, pero sí hizo avanzar de manera gigantesca ese gran proyecto intelectual humano. Desveló (nada menos) cual era la fuerza motriz que impulsaba el origen y desarrollo de las criaturas vivas, y las razones de la espeluznante diversidad biológica, algo que antes de aquel 1859 parecía para siempre iba a quedar oculto al animal humano y a su Ciencia en desarrollo.

Fin de todo misticismo

Un hombre, Darwin, y un libro, El Origen de las Especies -1859, pusieron al fin al Simio Desnudo y Mejorado en la ruta correcta del descubrimiento de los orígenes, la estructura emocional y mental, los comportamientos, los oscuros fondos, las morfologías y anatomías de sí mismo y del resto de los seres del mundo. Ruta que seguimos recorriendo entre gritos de enemigos y oscurantistas, aun hoy. El hundimiento (futuro) de todo misticismo y fuerza sobrenatural que el texto darwiniano trajo consigo, la colocación del Animal Humano en el suelo de lo Racional y lo Terrestre (su despojamiento de cualquier posibilidad de delirio sobrenatural) es algo que nos llevara quien sabe si hasta milenios asumir, como estamos ya viendo en esta ya casi segunda decada del XXI, con su desconcertante rediviva misticoide.

Fue de nuevo el gran Borges quien escribió una de las mejores y más emocionantes definiciones que Servidor haya leído acerca de lo que es un Texto Clasico: un libro que las generaciones de los hombres recorren con previo fervor y una misteriosa lealtad. Deficinión poetica y certera a la que yo me atrevería a aportar del modo que sigue: Clasico es el libro de vida propia e inagotable que un siglo y medio despues de su aparicion esperanzadora (o irritante) sigue sacando de quicio a sus muchos enemigos.

El Origen de las especies es el gran clasico científico, intelectual (y literario) de nuestro zigzagueante comienzo de milenio. El vozarrón escrito de Darwin sigue guiando, inspirando, enfureciendo.

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Ese Futuro que nunca llega

Recorriendo Imaginary futures (2007), de Richard Barbrook, que utiliza la Feria Mundial de Nueva York en 1964 como uno de sus centros, uno no puede menos que estar completamente de acuerdo con el autor: el Futuro sigue siendo el que era, el que siempre ha sido. Ahí sigue, impertérrito, inamovible, cegador y relumbrante.

Estamos en el 2010, un año digamos, vertiginosamente “futurista”. Pero la sensación de vivir, de habitar en el Futuro, hum, yo creo que no acabamos de tenerla. Lo cual no tiene demasiada importancia salvo si acaso para los que nos consideramos freaks de la Ciencia y la FantaCiencia y seguidores de los imaginarios futuristas que han recorrido el XIX, el XX y esta década que llevamos de XXI. Pero lo que sí resulta un poquito patético es esa insistencia del entramado mediático-publicitario de colocarnos una y otra vez la noción de un delicioso futuro hightech, y rotundo, que está (ese futuro) constantemente -un año tras otro, una década tras otra- a la vuelta de la esquina. El problema es que, aparentemente, no acabamos nunca de llegar, de recorrerlo con los dedos.

Vamos, que el Futuro, en el imaginario, en el mundo de las agencias de publicidad y de las marcas, de la TV y la mercadotecnia, sigue siendo inamovible. En 1939, en 1964. En 1976. En 2001: una idea fantástica y metalizada, llena de sonrisas y simpáticos gadgets, en medio de los cuales, discurre (discurrirá) la vida, maravillosa.