Ese Futuro que nunca llega

Recorriendo Imaginary futures (2007), de Richard Barbrook, que utiliza la Feria Mundial de Nueva York en 1964 como uno de sus centros, uno no puede menos que estar completamente de acuerdo con el autor: el Futuro sigue siendo el que era, el que siempre ha sido. Ahí sigue, impertérrito, inamovible, cegador y relumbrante.

Estamos en el 2010, un año digamos, vertiginosamente “futurista”. Pero la sensación de vivir, de habitar en el Futuro, hum, yo creo que no acabamos de tenerla. Lo cual no tiene demasiada importancia salvo si acaso para los que nos consideramos freaks de la Ciencia y la FantaCiencia y seguidores de los imaginarios futuristas que han recorrido el XIX, el XX y esta década que llevamos de XXI. Pero lo que sí resulta un poquito patético es esa insistencia del entramado mediático-publicitario de colocarnos una y otra vez la noción de un delicioso futuro hightech, y rotundo, que está (ese futuro) constantemente -un año tras otro, una década tras otra- a la vuelta de la esquina. El problema es que, aparentemente, no acabamos nunca de llegar, de recorrerlo con los dedos.

Vamos, que el Futuro, en el imaginario, en el mundo de las agencias de publicidad y de las marcas, de la TV y la mercadotecnia, sigue siendo inamovible. En 1939, en 1964. En 1976. En 2001: una idea fantástica y metalizada, llena de sonrisas y simpáticos gadgets, en medio de los cuales, discurre (discurrirá) la vida, maravillosa.

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