Vida en el satélite de Júpiter Europa

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Europa es una de las cuatro lunas galineanas de Júpiter (observadas inicialmente por Galileo), y uno de los cuerpos del Sistema Solar más atrayentes para astronomos y exobiólogos. El muy probable océano interior de agua o “hielo calido” en el satélite hace posible la existencia de formas de vida, simples o hasta no tan simples.
Europa es junto Marte y el satélite de Saturno Titan, el principal target de los rastreadores de vida en los dominios del Sol.

La muy probable existencia de un océano de agua líquida bajo la superficie del satélite jupiterino Europa, hace concebible la existencia de vida.

El satélite de Júpiter Europa es uno de los cuerpos más fascinantes y prometedores del Sistema Solar. Uno de los cuatro satélites galileanos (aquellos que fueron por primera vez observados por Galileo Galilei en 1610), Europa, presenta un tamaño algo menor que la Luna de la Tierra. Su atmósfera es tenue y de oxígeno. El hielo constituye la superficie visible del satélite, en la que se aprecia un entramado de vetas y “pecas” de forma elíptica o circular.

Internamente, Europa consta de un núcleo de roca y silicatos que lo acercan a las características de los planetas del sistema solar interior (Mercurio-Venus-Tierra-Marte), a pesar de encontrarse ahí fuera, orbitando Júpiter. Según datos suministrados por la sonda Galileo en su acercamiento de 1995, por encima del núcleo rocoso debería haber un océano de agua líquida, o bien hielo “cálido” de agua, de unos 100 km de espesor.

Océano interior en Europa

Y es ahí, en ese océano interior donde se nos prefigura un escenario altamente excitante, ya que podría existir materia viva. Junto con Titán (luna de Saturno) y el viejo candidato Marte, estamos ante uno de los tres principales lugares de nuestro Sistema en la que es concebible la presencia de formas de vida, aunque fuesen simplísimas.

Para especular sobre la posible existencia de vida en el océano interior de agua de Europa, debemos recurrir al único escenario del que sabemos la vida es una realidad efervescente, y no una hipótesis: la Tierra. Es posible realizar proyecciones a partir de determinadas formas bióticas en condiciones extremas o poco habituales en nuestra Esfera. La vida en la Tierra es tan pletórica e increíblemente variada, de recursos tan diversificados, que la han llevado a desafiar algunos de nuestros marcos teóricos previos.

La Tierra nos da la clave de posibles biologías extraterrestres

Como es natural, esto multiplica las posibilidades de vida extraterrestre, dispara el potencial especulativo. Si entendemos que la vida en la propia Tierra cuenta con (todavía) más recursos y capacidades extremas de lo que habíamos supuesto, la Biología puede darnos apasionantes sorpresas, tanto en el resto del sistema solar como en los incontables sistemas extrasolares que continuamente vamos encontrando.

Al hilo de lo anterior: en 1977 se descubrieron formas de vida en la Tierra capaces de subsistir en los océanos sin acceso a la luz del sol, en contra de lo que se pensaba fuese posible. Tales formas (como grandes gusanos tubulares) hacen imaginable la existencia de organismos por sencillos que sean en los océanos interiores de Europa, sin acceso directo a la luz solar.

Organismos extremófilos

En la Tierra existen además y de una manera genérica una serie de organismos llamados extremófilos, que deben su nombre a su capacidad para vivir en condiciones extremas. Ejemplos: halófilos (viven en ambientes hipersalinos como el Mar Muerto), acidófilos (en condiciones de alta acidez), alcalófilos (medios muy alcalinos), termófilos (altas temperaturas), barófilos (presiones muy altas), etc. Dan a los exobiólogos (por su parte seres que estudian el potencial biológico extraterrestre) enormes alegrías teóricas, al permitirles entre otras cosas, abordar la posibilidad de vida en el misterioso océano interior de Europa.

El satélite de Júpiter en la Cultura

Europa no es un cuerpo que haya sido tan utilizado por la ciencia-ficción literaria como decorado con la misma frecuencia que Marte o el satélite de Saturno Titán. Pero también aparece en algunas obras, como en la Fragua de Dios (1987) de Greg Bear, o en dos de las ” Odiseas” de Arthur C. Clarke: 2010, Odisea Dos y 2061, Odisea Tres (Japeto, la luna de Saturno, le robó el protagonismo en la primera de las Odiseas,2001).

Si llegásemos a toparnos con la existencia de vida en Europa, aún a un nivel bacteriano, el impacto sobre la Biología y la Ciencia y hasta sobre la conciencia y el conjunto de la cultura humana sería tal que acaso partiese nuestra Historia en dos.

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