Viajar a Marte para quedarse

Superficie de Marte

Las misiones Apolo de 1968-1972 fueron de lo más grandioso que hayamos hecho los humanos. La imagen de Alan Shepard golpeando una pelota de golf en La Luna en 1972 resume iconográficamente el enorme potencial tecnológico de nuestra especie.

Muchos, demasiados, piensan aun hoy que una colección de cuentos orientales redactados hace milenios siguen conteniendo la última palabra acerca del Hombre, la Vida y el Universo. En algún lugar de esos textos arcaicos se había proclamado a la Luna como algo inalcanzable para el Hombre. El palo de golf de Shepard envió pelota y cuento a las tinieblas exteriores.

El horizonte de Marte

¿Y Marte? En 1972, al cancelarse las misiones Apolo, era casi unánime la idea de que llegaríamos al Planeta “Vecino” antes de fin de siglo. En La Conexión Cósmica (1973), Carl Sagan ponía 1990 como fecha máxima. Ha habido en los últimos treinta años detalladísimas exploraciones robóticas del Sistema Solar, que nos permiten ahora hasta escuchar los sonidos de Titán mediante un simple click. Pero a pesar de esto, no hemos puesto todavía físicamente pie en Marte.

No obstante, el horizonte, los proyectos, las ideas, las especulaciones, ahí siguen. Ir y volver de Marte (hablamos de misiones tripuladas) es tecnológica y económicamente prohibitivo. Pero ¿y si fuésemos…para no volver?

Viajar a Marte para quedarse (extracto)

Un vuelo tripulado al Planeta Rojo pero sin billete de vuelta disminuiría muchísimo los costes y podría servir como avanzadilla de una colonia permanente.
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Son muchas las dificultades de un viaje tripulado de ida y vuelta a Marte. Como es natural, el coste de enviar una nave con astronautas es muy superior al de las sondas con robots, algo que ya se ha hecho con éxito.

Hay razones importantes para ir a Marte. Colonizar otro mundo es un seguro de vida para el caso de que el nuestro de origen, la Tierra, se hiciese algún día inhabitable. No olvidemos la nada desdeñable posibilidad de desastre planetario: la destrucción nuclear, el impacto de meteoritos, el agotamiento de los recursos, la superpoblación. La posibilidad de que nuestra ciencia y tecnología se estanquen y dejen de estar a la altura de los exigentes retos de nuestra supervivencia. Peligro este último que algunos ven ya en el horizonte, teniendo en cuenta el actual clima ideológico.

Y una colonia en Marte nos proveerá de mejores herramientas de indagación científica. La planetología, la geología, la biología evolutiva son solo algunas de las disciplinas que se beneficiarían enormemente. (…)

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