Cafeína y cultura

Balzac

El café (con su cafeína) es una bebida psicoestimulante que tomada con moderación nos aporta un placer mental al que no hay por qué renunciar.

La droga psicoactiva llamada cafeína ha tenido un gran impacto en nuestra cultura en especial desde el momento de su transformación en bebida social en los salones dieciochescos. Unas cuantas obras literarias parecen deber en buena parte su existencia a la molécula y al brebaje negruzco (el llamado “vino árabe”) que la vehicula. Así, el gigantesco ciclo balzaquiano de la Comedia Humana, compuesto entre 1829 y 1848. Su alcance, profundidad y fulgor estético pueden tener parte de su origen ni más ni menos que en la cafeína y sus efectos.

Honoré de Balzac era una máquina de producir textos y también de consumir litros y litros de café. El escritor de Tours (1799-1850), era el arquetipo opuesto a ese Flaubert que sudaba durante horas sobre el papel, tratando de localizar le mot juste. Balzac no se demoraba tanto, la cafeína no le dejaba. Escribía y escribía, a golpes de trabajo y de genio. Se dice que a Balzac, totalmente enganchado al líquido negro, no le importaba recorrerse París de punta a punta para hacerse con la mezcla que lo deleitaba: bourbon, martinica y moca. A la que atribuía su agudeza mental y literaria. Una frase adjudicada al autor de Eugénie Grandet:  “Con el café, la artillería de la lógica avanza con deducciones impecables. Las frases ingeniosas surgen como balas…”.

Sí, parece que le debemos a la cafeína uno de los más impresionantes e inmortales corpus literarios que se hayan escrito jamás. Solo por eso ya deberíamos sentir por esa molécula una veneración quasi religiosa.

Una bebida “natural” que no siempre fue tan fácil de conseguir

La cafeína es un droga psicoactiva completamente legal y muy popular, cuyo consumo alcanza cifras masivas en todo el mundo. No existe impedimento alguno para adquirirla en cualquier colmado o supermercado, en sus fuentes más habituales (café, té, cacao o refrescos). No hay necesidad de sacar ningún ID como sucede por ejemplo en el Reino Unido para hacerse con la otra gran droga psicoactiva legal: el alcohol etílico. En este caso, se le ha de demostrar a la cajera que se tienen más de 21 años. No así con la cafeína.

Aunque no falta una literatura abundante alertando sobre los supuestos riesgos de café y cafeína, en la que a veces se exageran sus efectos nocivos hasta niveles grotescos. Lo cual es curioso en una época de “divinización” de la Naturaleza y todo aquello (presuntamente) natural: las fuentes de la cafeína (frutos o semillas del café u hojas de té) son cien por cien “naturales”, después de todo. ¿O no?

La cafeína será ahora muy fácil de conseguir, pero no siempre fue así, y su principal fuente (café) hubo de afrontar épocas de ‘catacumbas’ hasta lograr la actual permisividad. Tanto Cristianismo como Islam, las dos grandes religiones de Occidente y Oriente próximo, no podían ver de entrada con muy buenos ojos la aparición de ese siniestro ‘vino árabe’, como lo llamarían en Europa, que amenazaba con convertirse en un nuevo “alcohol”, y dar lugar a nuevas e inquietantes embriagueces.

El café se abre paso en Europa y Oriente medio

Pero era evidente que los efectos del café no eran los del alcohol. Según la célebre leyenda acerca de los orígenes del café, cuando el pastor Kaldi observó en Etiopia la excitación de unas cabras que mordisqueaban frutos y hojas de cafeto (coffea) y tras probarlo luego él mismo, quedó claro que la substancia más bien vigorizaba y agudizaba, todo lo contrario del alcohol, que adormecía.

El nuevo brebaje negruzco podía ser útil para no caerse dormido durante los rezos coránicos, con lo que acabo logrando la bendición de los clérigos del Islam.

En el mundo cristiano a la bebida le costó también abrirse paso, desde luego, sobre todo en el ámbito del Protestantismo, y por remilgos morales parecidos a los del Islam. Pero a lo largo del XVII cada vez son más las ciudades europeas que van abriendo establecimientos públicosbebederos de café (cafeterías) para disfrutar de la nueva droga junto a amigos. Londres abrió la primera en 1652, Berlín en 1670, Paris en 1686. Hablando de Paris, se dice que la idea de la Enciclopedia, enorme proyecto cultural que habría de marcar la Ilustración y el XVIII, surgió en una de esas cafeterías.

El café entra en casa

Fue justamente en el XVIII cuando el café salió de las tabernas cafeteras o cafeterías y se metió en el ámbito doméstico. Las mujeres se aficionaron rápidamente al brebaje, que fue ganando en respetabilidad social y domestica. Había de convertirse en bebida “intelectual”, un clásico dieciochesco. No podía ser de otra manera, tratándose de una droga que parecía afilar el intelecto.

Efectos de la cafeína

La cafeína fue aislada en 1819 por el alemán Friedrich F. Runge que le puso el nombre a partir de su origen mas popular, el café. Se trata de un alcaloide que pertenece al grupo de las xantinas. Su nombre IUPAC no es otro que 3,7-dihidro-1,3,7-trimetil-1H-purina-2,6-diona.

Todos conocemos los efectos de café y cafeína: aumento del estado de alerta, disminución de la fatiga y la somnolencia, diuresis. Tras los 80/100 mg de una o dos tazas de café, sentimos un pequeño subidón anímico, como una ligera elevación mental. Al ir sumando tazas, aparecerán efectos menos agradables: una mayor diuresis, malestares gástricos, insomnio, irritación, ansiedad. La dosis letal no llega hasta los 5/10 gramos en 24 horas, y eso son bastantes tazas de café: entre sesenta y ochenta.

Tomado con “moderación”, ¿por qué renunciar?

Obviamente, la fisiología de cada persona hará que sea más o menos sensible a la cafeína. No falta quien puede dormir perfectamente bien tras una taza de café, otros no pegarán ojo. Consumidores habituales, desarrollaremos una dependencia física y psicológica (no podemos renunciar al placer de la tacita) y cuando nos la retiran, nos sobreviene un claro síndrome de abstinencia en forma de irritación, fatiga o cefalea, aunque remite con relativa facilidad.

Nada hace pues pensar que tomado con moderación, el “vino árabe” no sea esencialmente inocuo (esto es, hasta cuatro o cinco tazas diarias, dependiendo de la personal e intransferible fisiología de cada uno). No hay en principio razón alguna para renunciar a este pequeño placer “natural”, que nos proporciona una deliciosa plenitud mental durante un par de horas, permitiéndonos, además, seguir siendo “nosotros mismos”, al contrario de lo que sucede con el alcohol etílico.

Publicado originalmente en Suite101

4 thoughts on “Cafeína y cultura

  1. En el extremo Sur de América, tomamos “Mate” que es una infusión de hojas de Illex Paraguayensis muy rica en Mateína (Hermana de la Cafeína y la Teobromína). Lo bebemos en un cuenco, con un sorbete llamado “Bombilla” y nos vemos en figurillas para explicarle al vista aduanero de que se trata.
    En el año 1616, el Gobernador del Virreynato Río de La Plata, siguiendo órdenes de La Santa Sede (Equivalente a la CIA ahora), prohibió la práctica del matéo por considerarla satánica. El castigo eran 100 azotes y los elementos se quemaban a orillas del río, tal como se hace con el cannabis ahora.
    60 años después, en Rusia, la posesión de Café, era castigada con el corte de ambas orejas. Eran cuestiones impositivas, disfrazadas de defensa de las tradiciones. ¡Oh tempora, oh mores! Edgardo

  2. Muy interesante el articulo lo unico que no me ha gustado es este parráfo:
    “Aunque no falta una literatura abundante alertando sobre los supuestos riesgos de café y cafeína, en la que a veces se exageran sus efectos nocivos hasta niveles grotescos. Lo cual es curioso en una época de “divinización” de la Naturaleza y todo aquello (presuntamente) natural: las fuentes de la cafeína (frutos o semillas del café u hojas de té) son cien por cien “naturales”, después de todo. ¿O no?”
    Recordarel que la marihuana es una planta y está prohibida, según su planteamiento no debería de ser asi ya que es una droga natural. Yo estoy completamente de acuerdo no se como alguien tiene el dercho de prohibirme algo que solo a mí cuerpo me puede causar daño. O legalizamos todas o prohibimos todas pero no entiendo porque unas si y otras no.

  3. Unos buenos «cimarrones» hacen lo mismo que una taza de café. Al menos te suben el ánimo y te dan mayor agudeza mental.

    Excelente el artículo. Gracias.

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