Golf lunar


El Apolo XIV (enero-febrero de 1971) fue la tercera de las misiones Apolo en lograr posarse en la superficie lunar, tras el XI y el XII (recordemos que el XIII “tuvo un problema” y no logró alunizar: Ron Howard hizo una peli con Tom Hanks). El Apolo XIV fue también el primero en enviar imágenes en color a la Tierra.

Dicha misión se recuerda también por los golf swings o golpes de golf de su comandante Alan B. Shepard. Una auténtica ocurrencia. Golpeó con una mano, por causa de la rigidez del traje espacial. El primer intento pilló más suelo que bola, como dijo el mismo Sheppard. Hubo algo más de suerte con la segunda, empujándola un par de metros. Y el tercer swing fue el mejor: un elegante golpe (dadas las circunstancias) envió la bola a millas y millas de distancia. O eso aseguró el optimista Sheppard. Aunque la estimación posterior dejó la cosa en unos 200 o 300 metros. Que tampoco está mal.

Fue un momento glorioso y también simpático. Tras cuatro siglos raspados de ciencia moderna, desde aquel momento en que a Galileo se le metió en la cabeza testar experimentalmente a Aristóteles, y comprobar por sí mismo si su física era cierta. Algo que al parecer no se le había ocurrido a nadie en 2000 años.

Cuatro siglos raspados desde Galileo. No, más bien tres y medio. Y ahí estaban esos en aquel 1971, correteando y riendo sobre la mismísima Luna, la que según ciertos antiguos escribas orientales jamás tocaríamos. Que nos den cuatro siglos más. Y serán las estrellas lo que toquemos.

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