La sinfonía de la ciencia – John Boswell

Ode to the Brain 

Children of Africa (The Story of Us) 

Onward to the Edge

The Symphony of Science es un interesante proyecto del músico y productor John Boswell, cuyas dos pasiones, afirma, son la ciencia y la música. El proyecto, que hasta la fecha consta ya de doce vídeos, prentende acercar la ciencia a la gente, transmitiéndole una emoción musical a los grandes “relatos” que a dia de hoy ha establecido la física, la biología, la astronomía, la química o la medicina.

Los videos recogen distintan temáticas científicas, comunicando en clave musical y artística las certezas (o las teorías más avanzadas) a las que hemos llegado en el terreno del conocimiento basado en la evidencia: origen y evolución del cosmos, la evolución de las especies, el origen africano del hombre, la neurociencia, el mundo cuántico o el futuro de la exploración de Marte.

Boswell dice haberse inspirado en Carl Sagan y su magistral serie divulgativa Cosmos (1980), la más impresionante amalgama de ciencia y sensibilidad humanística que se haya filmado nunca para el medio televisivo. En la serie se  dramatizaba con actores y reconstrucciones históricas el desarrollo de la ciencia y sus avances a lo largo de los siglos. Y la música ayudaba a subrayar la grandeza de ese itinerario intelectual, así como sus impresionantes resultados. No solo la música de Vangelis, la que más se asocia con la serie, sino la de Mozart, Shostakovich, Pachelbel o Bach.

En The Symphony of Science, Boswell no usa composiciones clásicas como se hacía en Cosmos, sino un tipo de música mucho más popular, la electrónica, mezclando y sincronizando con habilidad las notas con las voces de científicos y divulgadores famosos como Feynman, Dawkins, Richard Attemborough, Brian Cox (físico y ex-teclista) o el propio Carl Sagan.

Personalmente pienso (y esto es solo mi opinión) que desde un punto de vista artístico el resultado final es a veces algo hortera, aunque desde luego no está exento de atractivo musical. Pero si cumple su cometido de divulgar los contenidos básicos de la ciencia de una manera agradable, y logra fascinar a una parte del público estimulando su interés por la ciencia y el pensamiento crítico que le es propio, entonces estamos sin duda ante una gran idea y un buen producto.

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Einstein y el violín


Toda su vida lo acompañó el violín. Acostumbraba a tocarlo de madrugada en casa, improvisando melodias. Sus notas lo ayudaban a resolver complicadas cuestiones físico- matemáticas. Aprendió a tocar el instrumento a los cinco años.

Mozart y Bach eran sus pasiones: admiraba la “clara estructura arquitectónica” de sus piezas, que parecían “dibujadas por el cosmos mismo, más que por la mano humana”.

La larga cadena de los siglos (El Fin de la Eternidad)

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Sobre El Fin de la Eternidad (Isaac Asimov)

El Tiempo y su definición han dado mucho trabajo tanto a filósofos como a científicos. “Si no me lo preguntan, sé lo que es; si me lo preguntan, no lo sé“, dijo San Agustín, sobre el escurridizo concepto de Tiempo. Aparte del sabio de Hipona, otros grandes pensadores como Bergson o Heidegger se han ocupado de él. En Ciencia, existen diferentes enfoques a la hora de tratar el Tiempo: el clásico, el relativista, el cuántico.

El Tiempo ha dado también mucho juego literario. Al gran antecedente de The Time Machine (1895) de Wells, se le han sumado muchas otras obras de mérito. Una de las más relevantes es El Fin de la Eternidad, del gran divulgador científico y autor de ciencia ficción Isaac Asimov (1920-92).

La novela es ante todo una especie de thriller tecnológico, centrado en el Tiempo y su manipulación, con personajes eso sí unidimensionales, de escasa entidad psicológica, típicos de la literatura pulp. Pero El Fin de la Eternidad, además de un ágil e inteligente divertimento, nos permite reflexionar sobre las implicaciones que tendría la existencia de una gigantesca civilización (extra)-temporal con capacidad para manipular los destinos de las criaturas humanas que  se suceden a lo largo del rio del Tiempo.

El Fin de la Eternidad, de Isaac Asimov 

Publicada por primera vez en 1955, El Fin de la Eternidad es para muchos una de las mejores novelas de su autor. En la década de los cincuenta, Asimov se encontraba en plenitud de forma, y varios de sus clásicos de la llamada ciencia-ficción datan de esta época. En 1958 abandonaría el género para centrarse básicamente en la divulgación científica y humanística. No retomaría la ciencia-ficción hasta 1972.

En la literatura de ficción científica es vital que el autor sepa levantar un mundo alternativo en el espacio o en el tiempo, que sea creíble y coherente. Es ahí donde luego habrá de insertar a los personajes y desarrollar sus tramas. En El Fin de la Eternidad, estamos ante un universo extraño, pero sólido y rigurosamente construido, algo fundamental para que se asiente una historia de este tipo.

La Eternidad

La Eternidad es una monumental organización que está fuera del tiempo, al margen de la larga cadena de los siglos. A través de la Ingeniería Temporal, controla el tiempo, más exactamente los siglos que van del 27 (de nuestra era) al 70.000. Los hombres de la Eternidad, o eternos, se hallan al cuidado de la historia humana. Estudian la sociedad, la política y la cultura de cada siglo. Su ciencia, su tecnología, su arte o la psicología de sus gentes. Para ello disponen de una población de especialistas que habitan la Eternidad y se dedican a ella en cuerpo y alma. Programadores, analistas, sociólogos, ejecutores, aparte de un ejército de técnicos de mantenimiento.

Su supuesto objetivo es el permanente aumento de la suma global de la felicidad humana. Analizan la realidad de los siglos, y se permiten alterar dicha realidad cuando lo creen conveniente. Ciertos técnicos de la Eternidad (los llamados ejecutores) son los encargados de insertar un pequeño cambio introduciéndose en un determinado siglo. Un microcambio puede dar lugar a resultados espectaculares remontando la flecha del tiempo. Un ejecutor atasca el embrague de un vehículo, su propietario llega tarde a una conferencia técnica que había de generar en su mente una idea capital. Entonces un desarrollo tecnológico no tiene lugar, y no aparece en la realidad un determinado tipo de arma, lo que evitará una guerra en el futuro o cambiará su signo. Todo esto es previamente estudiado al detalle por analistas, programadores y sociólogos. Continue reading “La larga cadena de los siglos (El Fin de la Eternidad)”