“Alopatía y homeopatía en el amor”

augAlopatía y homeopatía en el amor, según las explicaciones del doctor Andres Hurtado en El Árbol de la Ciencia. Trasunto parcial del propio Pío Baroja, Andrés es también un médico de tendencias filosóficas, inquieto y un punto sombrío. Con una especie de rebeldía íntima y reconcentrada.

El Árbol de la Ciencia, escrita en 1911, está ambientada hacia 1890.

Andrés divagaba, lo que era su gran placer, en la tienda de Lulú. Ella le oía sonriente, haciendo de cuando en cuando alguna objeción. Le llamaba siempre en burla don Andrés.

–Tengo una pequeña teoría acerca del amor –le dijo un día él.

–Acerca del amor debía usted tener una teoría grande –repuso burlonamente Lulú.

–Pues no la tengo. He encontrado que en el amor, como en la medicina de hace ochenta años, hay dos procedimientos: la alopatía y la homeopatía.

–Explíquese usted claro, don Andrés –replicó ella con severidad.

–Me explicaré. La alopatía amorosa está basada en la neutralización. Los contrarios se curan con los contrarios. Por este principio, el hombre pequeño busca mujer grande, el rubio mujer morena y el moreno rubia. Este procedimiento es el procedimiento de los tímidos; que desconfían de sí mismos… El otro procedimiento…

–Vamos a ver el otro procedimiento.

–El otro procedimiento es el homeopático. Los semejantes se curan con los semejantes. Éste es el sistema de los satisfechos de su físico. El moreno con la morena, el rubio con la rubia. De manera que, si mi teoría es cierta, servirá para conocer a la gente.

–¿Sí?

–Sí; se ve un hombre gordo, moreno y chato, al lado de una mujer gorda, morena y chata, pues es un hombre petulante y seguro de sí mismo; pero el hombre gordo, moreno y chato tiene una mujer flaca, rubia y nariguda, es que no tiene confianza en su tipo ni en la forma de su nariz. 

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–De manera que yo, que soy morena y algo chata…

–No; usted no es chata.

–¿Algo tampoco?

–No.

–Muchas gracias, don Andrés. Pues bien; yo que soy morena, y creo que algo chata, aunque usted diga que no, si fuera petulante, me gustaría ese mozo de la peluquería de la esquina, que es más moreno y más chato que yo, y si fuera completamente humilde, me gustaría el farmacéutico, que tiene unas buenas napias.

–Usted no es un caso normal, Lulú.

–¿No?

–No.

–¿Pues qué soy?

–Un caso de estudio.

–Yo seré un caso de estudio; pero nadie me quiere estudiar.

–¿Quiere usted que la estudie yo, Lulú?

***

 Pío Baroja, El Árbol de la Ciencia

Capítulo IX: “Amor, teoría y práctica” / Del Blog Elucubraciones Espontáneas

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