What’s so terrible about being beautiful?

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Sobre Number 12 Looks Just Like YouThe Twilight Zone (Episodio 137/ Temporada 5). Primera emisión: 24 de enero de 1964.

Asociar ciencia y tecnología con la tiranía política y la extinción de la individualidad o la identidad personal es un verdadero clásico de la sci-fi y sus escenarios de anticipación. Se trata de una idea antigua, sin duda bienintencionada y con propósito de advertencia honesta, pero que también se plantea no pocas veces de manera equivocada o desacertada.

Number 12 Looks Just Like You es uno de los títulos legendarios de The Twilight Zone. (Incluso una banda estadounidense de avant-garde metal tomó de aquí su nombre). Number 12 no fue escrita por Serling: se trata de una adaptación de The Beautiful People (1952), relato de Charles Beaumont.  Sin duda es un episodio brillante, inteligente, inquietante, a la altura de la serie de ciencia-ficción (sort of) quizá más classy e intelectualmente sofisticada de la historia de la TV estadounidense. Es decir, de la TV.

En Number 12, una sociedad de apariencia amable y discretamente totalitaria obliga, mediante un patrón cultural tiránico, a someterse, una vez cumplidos los 18, a la llamada transformación. Ésta es una operación fisiológica que se lleva a cabo tras la elección, por parte del “interesado/a”, de un modelo bello y estandarizado de apariencia física, de entre un limitado repertorio numerado. El profesor Sig (psicólogo y apólogo de la técnica operatoria, así como de la sociedad construida en torno a ella) explica los orígenes de la misma a la reticiente joven Marilyn Cuberle que, tras cumplir los 18, se ve amistosamente forzada por su madre, familia y amigos al rito operatorio, que ella rechaza. “Se trataba -explica el doctor Sig- de eliminar la fealdad, fuente inagotable de infelicidad y resentimiento en el seno de la humanidad“. La transformación es sin duda un desarrollo biomédico impresionante, ya que también permite alargar hasta dos o tres veces la duración de la vida humana, extirpar toda posible patología y además, es capaz de instilar en nosotros, irreversiblemente, una manera positiva y feliz de percibir el mundo que nos rodea. Number_12

El placer de la imperfección

La joven Marilyn Cuberle atesora el recuerdo de su padre, persona de gran cultura y sensibilidad, que inculcó en ella la pasión por la individualidad, el orgulloso placer de ser ella misma y amada como tal, con todas sus imperfecciones. El gusto de Marilyn por la poesía, los libros, las conversaciones, es también una herencia de su padre. Shelley, Keats, Byron o Dostoievski son algunos de los nombres que, durante la sesión de introspección, la desesperada e incomprendida muchacha (*) le lanza a la cara al doctor Sig. Que, por su expresión, no parece identificarlos, o no del todo.

En Number 12, nos sale al paso una noción que también es ya un clásico: la enfermedad mental como construcción socio-cultural y no como realidad fisiopatológica. De nuevo es esta una idea valiosa, pero que ha conducido a no pocos excesos intelectuales. Estamos de acuerdo: la “locura” como etiqueta puede ser una argucia social (claramente lo es en el caso de Marylin Cuberle) para atajar desviaciones de la norma que puedan poner en peligro la delicada arquitectura de una sociedad. Pero la esquizofrenia, la “verdadera locura”, es (nos tememos) una realidad clínica y fisiológica, que ha de corregirse con medicación o mediante procedimientos ante todo físicos.

La farmacología igualmente asoma su cara “siniestra” en Number 12: esa bebida llamada Instant Smile, que se le ofrece a la joven protagonista, se adivina un brebaje farmacológico de tipo psicotrópico. Un estabilizador del estado de ánimo, un Prozac avant la lettre. Sólo que (a diferencia de nuestros algo desmañados psicofármacos reales, tan rough), su funcionamiento parece especialmente suave, instantáneo, preciso.

Otro tema que sin duda interesó al enfant terrible Rod Serling, tan amigo de encapsular crítica social en los guiones fanta-científicos de su Twilight Zone: la tiranía de la juventud y la belleza física. Esa especie de fascismo estético que, todavía embrionario en los cincuenta y sesenta (y por tanto aún susceptible de ser señalado y criticado), se ha incorporado hoy de una manera tan íntima a nuestro tejido cultural que se ha vuelto invisible. images (2)

¿Quién es el culpable? 

Tras la experiencia de ver Number 12 (e ir devorando de paso el resto de la magnífica Twilight Zone) no nos queda muy claro quién o qué es el culpable de ese estado de cosas. A eso nos referíamos arriba. ¿Lo es la tecnología biomédica que hace posible la “transformación”? ¿O más bien el tipo de sociedad que utiliza esa tecnología para estructurarse de una manera tan alienante e injusta?

En este blog tenemos claro que la ciencia y la tecnología cuentan con un inmenso potencial liberador, al margen de su uso político en una dirección u otra. En efecto, la tecnociencia, como la llaman los sociólogos franceses, puede ser, de hecho lo es ya, aliada de la libertad y la individualidad. Lo estamos viendo con nuestros mismos ojos, en nuestra experiencia cotidiana, sobre todo en las últimas dos décadas. Un ejemplo: esos fulminantes desarrollos de las tecnologías de la información que han mejorado la comodidad, riqueza y potencial de nuestras vidas de manera vertiginosa.

Pero si ciencia y tecnología son utilizadas (perversamente) para apuntalar un marco totalitario, deleznable, falsamente benigno, no podemos desde luego, culpar a aquellas. Algunos pensamos que la ciencia y la tecnología nos liberarán de la servidumbre economica y, en aparente paradoja, de la alienación de una existencia mecánica. Recordemos a Keynes, que se atrevió a anticipar un futuro óptimo para el género humano: “The day is not far off when the economic problem will take the back seat where it belongs, and the arena of the heart and the head will be occupied or reoccupied, by our real problems – the problems of life and of human relations, of creation and behavior”.

Creemos que solo la tecnociencia (y no un reordenamiento político de ninguna clase) hará que tal día llegue y que el “problema económico”, es decir, el de la subsistencia, ocupe por fin ese back seat, que dijo Keynes. Y tan sólo de nosotros dependerá que esa impresionante herramienta lo sea de liberacion y no de tiranía. Pero si de nuevo sucediese lo segundo, al menos no busquemos, como de costumbre, a los culpables fuera de nosotros mismos.

(*) Marilyn no parece estar en contra de la tecnología biomédica: no ve con malos ojos vivir dos o tres veces más; es solo que no desea ser embellecida, modelada y estandarizada. 

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