Asimov: Profesión (1957)

NUEVE FUTUROS (Isaac Asimov)Profesión, de Isaac Asimov, nos muestra una sociedad del año 6510 DC cuyo sistema educativo se basa en dos jornadas fundamentales en la vida de un individuo: el Día de la Lectura, cuyo rito tiene lugar a los 8 años, y el Día de la Educación, una década más tarde, a los 18.

En esta época a cuatro mil años de distancia de la nuestra, el desarrollo tecnológico es tan avanzado y tan elevada ya la exigencia de generar rápidamente conocimiento especializado que ha sido necesario buscar atajos a la formación típica y tradicional: esa que de siempre nos ha exigido años (incluso décadas) de lento aprendizaje. En el mundo de Profesion, hombres y mujeres ya no aprenden a “trocitos”, ya no se pasan años y años recorriendo libros de diferentes materias, quemándose las cejas sobre textos impresos en papel (o digitalizados en una pantalla, for that matter).

Ha sido ya superada esa metodología de estudio propia de las Civilizaciones Antiguas (como la nuestra), en que habíamos de absorber y procesar conocimientos con esfuerzo, dejándolos madurar para que, con el tiempo, fuéramos haciéndolos nuestros. En este siglo LXVI, una increíble neurotecnología es capaz de inocular en un individuo (en los días señalados: Lectura y Educación) toda una habilidad completa o el dominio de una materia en una única sesión de sólo unos minutos. Un dispositivo (sobre cuyo detalle técnico Asimov no se explaya) te confiere en un santiamén, y sin ningun tipo de aprendizaje previo, la capacidad lectora (Día de la Lectura) o el completo cuerpo de conocimientos que exige una profesion especializada (Día de la Educacion).

Todos esos muchachos que, recién cumplidos los 18, se apiñan en las salas de los centros de Educacion saldrán de ahí, en unas horas, convertidos en Programadores Diplomados, Estadísticos Diplomados, Matemáticos Diplomados, Metalúrgicos Diplomados, Obreros Diplomados o hasta Taxistas Diplomados. Es decir, con un título que les habilitará en exclusiva para desempeñar alguna de las innumerables tareas que componen las gigantesca Civilización Humana.

La elección de la Especialidad no corre a cargo del muchacho o muchacha que recibe los electrodos del sistema neurológico de aprendizaje (aunque desde luego el educando habrá tenido previamente sus preferencias). Dependerá tan solo de la conformación específica de su cerebro y sistema nervioso. Las aptitudes que su genética y conformación nerviosa determinen. Los pedagogos expertos decidirán qué especialidad es la que corresponde a cada cual: la más adecuada a su capacidad cognitiva. Esa, y ninguna otra, será la formacion que se le transmitirá tecnológicamente en el Día de la Educación. Sin que su preferencia previa tenga la más mínima importancia.

Toda creatividad y pensamiento original parecen estirpadas de este mundo de insectos económicos productivos y altamente especializados. La gente recibe toda su formacion de una tacada, esa que ha de permitir a cada uno ser un profesional competente en la gran colmena de la Civilización. Y, en lo que respecta a la Educación, aquí se acaba la historia.

George Platen acaba de cumplir dieciocho años. Es un joven inquieto y rebelde, con ambiciones y una marcada individualidad. Tiene sueños y fantasías, aunque también sabe lo que quiere. Introspectivo y algo solitario, es muy aficionado a los libros (lo que en 6510 es una excentricidad aun mayor que en 2015). Le gusta aprender a trocitos, como se hizo siempre (sin que él tenga la menor idea de ello) en los tiempos antiguos. Tras el inminente Día de la Educación, George sueña con convertirse en Programador Diplomado. Incluso ha leído ya algunos libros sobre la materia, algo que oculta a su entorno, pues ni lo entenderían ni lo aprobarían. Confía en que su conformación cerebral le habilite para la Programación. Casi lo da por hecho.  Al menos esa es su ambición y deseo.

Llega por fin el día de la Educación y George es convocado, junto a decenas de jóvenes tan asustados y/o esperanzados como él, en uno de los grandes centros educativos. Ahí, junto a los otros, esperará a que le llamen para que un mecanismo misterioso lo convierta en un Diplomado. ¿Diplomado en qué? Pues en lo que máquina y técnicos estimen adecuado en función de sus (teóricas) capacidades intelectuales. Pero George va a encontrarse con la mayor frustración de su vida. Su autoestima caerá en picado, casi hasta el autodesprecio, lo cual le llevará a una desesperada huida. Pero con el paso del tiempo, irá descubriendo que las cosas no son en absoluto lo que parecen. Ni respecto a él mismo ni a la Sociedad que le ampara.

Profesión apareció por primera vez en el número de julio de 1957 de Astounding Science Fiction, y fue más tarde incluida como historia principal en la coleccion Nine Tomorrows (1959). Tiene algo de novela juvenil, de iniciacion y descubrimiento. Uno de los relatos (largos) más imaginativos de Asimov, puede leerse como una reflexión sobre la Educación, el papel en ella de la tecnología, la forma en que se adquiere el conocimiento y cuáles son los objetivos de dicho conocimiento. También es un bonito (algo ingenuo) homenaje a la creatividad y el talento, la pasión por el aprendizaje y la creencia firme en las propias capacidades.

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Nota sobre Gravity

GRAVITY

Hace un par de días por fin me puse a ver Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), alrededor de un año después de su estreno aclamado y rutilante. Usé la pantalla (de buen tamaño, eso sí), de mi viejo y pesado laptop del año 2009.

Ya sé que la película estaba pensada para verse en 3D y en pantalla gigante. Para vivir una magnífica experiencia visual a gran escala. A pesar de ello, la grandeza del escenario y sus imágenes (incuestionablemente breathtaking) me alcanzaron. Ahí, en la pantalla de un anticuado y quejumbroso laptop, Gravity se las arregló para hacerme soñar. La película de Cuarón no tiene ni de lejos (aunque se haya insinuado) la densidad filosófica de 2001, Una Odisea del Espacio o el Solaris de Tarkovsky. Aunque eficacísima, su historia es bastante simple. Es un thriller espacial, sin duda manejado con maestría por su director. Pero su “gravedad” (valga el juego de palabras) no es del tipo, digamos, intelectual o metafísico.

Ni siquiera es, en sentido estricto, ciencia-ficción. Al menos no en el sentido hard. Neil deGrasse Tyson y otros han señalado sus diversos errores científicos. Sin embargo, y con todo, Gravity logra ser a su manera una gran película. O como mínimo, una pequeña y estimable joyita visual.

Recordemos que el cine es, en sí mismo, un desarrollo tecnológico. Apareció a finales del XIX: una técnica de apariencia casi mágica que impactó, en una época naturalista, a los parisinos de Lumière. (Esa locomotora que se les echaba encima debió aterrar más que las imágenes de Gravity). Luego, a lo largo del XX y el XXI, y al compás de la tecnología, el nuevo arte (o “septimo”, según lo llamaron) siguió evolucionando. Encendiendo más y más, al paso de cada década, la pasión y la imaginación.

Sí. El cine es un arte, pero también una tecnología y, por tanto, tiene dimensiones que la literatura acaso no tiene. La literatura apela a los discretos movimientos del espíritu. O de la sensibilidad. O de la mente. Llámase como se quiera. El cine, en cambio, aspira a reproducir de modo grandioso la realidad tangible. No solo fotocopiarla, sino recrearla. En el sentido mas palpable y visual. Potencialmente, el cine reconstruye con energía tanto la historia (el pasado) como la complejidad material del mismo presente. Incluso inventa el futuro. Y nos coloca su sofisticada y detalladísima imagen delante de los ojos.

Gravity es una pequeña maravilla tecnológica. Querámoslo o no, y si somos realistas, ver películas como Gravity va a ser lo más cerca que estemos la inmensa mayoría de los mortales de vivir cosas tan misteriosas como un paseo espacial, el desconcierto de la ingravidez, el profundo silencio del Cosmos o la contemplación increíble de la Tierra desde las alturas. De pisar la Luna ya ni hablo. Todas esas sensaciones que solo un puñado de hombres y mujeres han podido experimentar, desde el legendario 1961 de Yuri Gagarin.

¿Basta eso para hacer de una pelicula una masterpiece? Yo opino que, en cierto modo, sí.

The Cult: Revista de la Tercera Cultura

a9618d3040c331c1b02c676183f31165_L (1)Leemos en el Quienes Somos de The Cult:

El arte y la ciencia en conversación. Esa es la premisa de la que parte THE CULT. Crear un espacio donde esos dos sectores se encuentren con naturalidad, regalándonos emociones, asombro y reflexión”

“Tenemos algunos indicios de que ese diálogo que planteamos entre ciencias y humanidades es, como mínimo, una nueva referencia. En THE CULT sabemos que el arte puede contagiar emociones científicas, y que la ciencia puede ser tan reveladora como una obra artística”.

“En el ámbito de la divulgación, The Cult se inscribe en la corriente de la Tercera Cultura, que promueve el encuentro entre las ciencias y las humanidades. Defendemos los principios de orden y jerarquía de la cultura periodística, y por ese motivo, en un tiempo de crisis y de grandes cambios, revindicamos el periodismo de fuentes, lejos del dogmatismo, la superficialidad y el sensacionalismo. Porque lo más destacado en The Cult no es lo último ni lo más leído, sino lo más importante”.

Asimov: Franchise (1955)

la_tierra_basta.previewReleyendo estos días Earth is Room Enough (Doubleday, 1957), magnífica colección de relatos del siempre sugestivo Isaac Asimov. Muchas de las piezas de la colección son memorables, pero en mi nueva relectura hay una en concreto que me ha llamado especialmente la atención. Se trata de Franchise (Sufragio Universal), relato aparecido por primera vez en la revista If: Worlds of Science Fiction, en el número de agosto de 1955.

Franchise imagina unos EEUU del futuro (¡año 2008!) como una gigantesca democracia electrónica. (2008 es ya el pasado para nosotros, y por tanto uno de esos paleofuturos de los que hablábamos en nuestro post anterior). El auténtico protagonista del relato es un ordenador de tamaño ciclópeo y prácticamente omnisciente: Multivac, “personaje” tecnológico que también aparece en otras historias cortas de Asimov.

En este 2008 (paleo)futurista de Franchise ya no es necesario celebrar físicamente las elecciones presidenciales cuatrienales, con su habitual feria de urnas y colegios electorales, recuentos, análisis y progresivos índices de participación/abstención. Las cosas se hacen de otra manera. De entre los centenares de millones de ciudadanos estadounidenses con derecho a voto, Multivac escogerá tan solo a uno, aquel que juzgará más representativo del conjunto del electorado y de su previsible comportamiento, calculado al detalle por la máquina. A este ciudadano escogido, Multivac va a plantearle una serie de preguntas sobre diferentes temas de interés político, social o comunitario. Las respuestas del “votante” único podrán ser, según el libre criterio de éste, tanto lacónicas (incluso monosilábicas) como palabreras. Pero será a partir de ellas y sus análisis que Multivac será capaz de establecer con precisión cual habría sido la decisión del cuerpo electoral en su conjunto en unas elecciones al uso.

Norman Muller: el “elector” 

¿Y quien es el ciudadano que selecciona el supercomputador para este sufragio supuestamente universal, pero en la práctica reducido a un solo votante representativo? Pues un tal Norman Muller, anodino empleado de Indianápolis. Un hombre que parece el arquetipo mismo de la clase media norteamericana de los años cincuenta. Ya comentamos que el visionario Asimov lo es (y mucho) en lo que respecta al cambio tecnológico. No tanto en el cambio cultural: la típica sociedad de la América 1950s aparece fosilizada en muchos de sus escenarios, incluso del futuro lejano. Continue reading “Asimov: Franchise (1955)”