Golf lunar


El Apolo XIV (enero-febrero de 1971) fue la tercera de las misiones Apolo en lograr posarse en la superficie lunar, tras el XI y el XII (recordemos que el XIII “tuvo un problema” y no logró alunizar: Ron Howard hizo una peli con Tom Hanks). El Apolo XIV fue también el primero en enviar imágenes en color a la Tierra.

Dicha misión se recuerda también por los golf swings o golpes de golf de su comandante Alan B. Shepard. Una auténtica ocurrencia. Golpeó con una mano, por causa de la rigidez del traje espacial. El primer intento pilló más suelo que bola, como dijo el mismo Sheppard. Hubo algo más de suerte con la segunda, empujándola un par de metros. Y el tercer swing fue el mejor: un elegante golpe (dadas las circunstancias) envió la bola a millas y millas de distancia. O eso aseguró el optimista Sheppard. Aunque la estimación posterior dejó la cosa en unos 200 o 300 metros. Que tampoco está mal.

Fue un momento glorioso y también simpático. Tras cuatro siglos raspados de ciencia moderna, desde aquel momento en que a Galileo se le metió en la cabeza testar experimentalmente a Aristóteles, y comprobar por sí mismo si su física era cierta. Algo que al parecer no se le había ocurrido a nadie en 2000 años.

Cuatro siglos raspados desde Galileo. No, más bien tres y medio. Y ahí estaban esos en aquel 1971, correteando y riendo sobre la mismísima Luna, la que según ciertos antiguos escribas orientales jamás tocaríamos. Que nos den cuatro siglos más. Y serán las estrellas lo que toquemos.

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Viajar a Marte para quedarse

Superficie de Marte

Las misiones Apolo de 1968-1972 fueron de lo más grandioso que hayamos hecho los humanos. La imagen de Alan Shepard golpeando una pelota de golf en La Luna en 1972 resume iconográficamente el enorme potencial tecnológico de nuestra especie.

Muchos, demasiados, piensan aun hoy que una colección de cuentos orientales redactados hace milenios siguen conteniendo la última palabra acerca del Hombre, la Vida y el Universo. En algún lugar de esos textos arcaicos se había proclamado a la Luna como algo inalcanzable para el Hombre. El palo de golf de Shepard envió pelota y cuento a las tinieblas exteriores.

El horizonte de Marte

¿Y Marte? En 1972, al cancelarse las misiones Apolo, era casi unánime la idea de que llegaríamos al Planeta “Vecino” antes de fin de siglo. En La Conexión Cósmica (1973), Carl Sagan ponía 1990 como fecha máxima. Ha habido en los últimos treinta años detalladísimas exploraciones robóticas del Sistema Solar, que nos permiten ahora hasta escuchar los sonidos de Titán mediante un simple click. Pero a pesar de esto, no hemos puesto todavía físicamente pie en Marte.

No obstante, el horizonte, los proyectos, las ideas, las especulaciones, ahí siguen. Ir y volver de Marte (hablamos de misiones tripuladas) es tecnológica y económicamente prohibitivo. Pero ¿y si fuésemos…para no volver?

Viajar a Marte para quedarse (extracto)

Un vuelo tripulado al Planeta Rojo pero sin billete de vuelta disminuiría muchísimo los costes y podría servir como avanzadilla de una colonia permanente.
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Son muchas las dificultades de un viaje tripulado de ida y vuelta a Marte. Como es natural, el coste de enviar una nave con astronautas es muy superior al de las sondas con robots, algo que ya se ha hecho con éxito.

Hay razones importantes para ir a Marte. Colonizar otro mundo es un seguro de vida para el caso de que el nuestro de origen, la Tierra, se hiciese algún día inhabitable. No olvidemos la nada desdeñable posibilidad de desastre planetario: la destrucción nuclear, el impacto de meteoritos, el agotamiento de los recursos, la superpoblación. La posibilidad de que nuestra ciencia y tecnología se estanquen y dejen de estar a la altura de los exigentes retos de nuestra supervivencia. Peligro este último que algunos ven ya en el horizonte, teniendo en cuenta el actual clima ideológico.

Y una colonia en Marte nos proveerá de mejores herramientas de indagación científica. La planetología, la geología, la biología evolutiva son solo algunas de las disciplinas que se beneficiarían enormemente. (…)

Leer más en ECiencia: Viajar a Marte para quedarse allí

Vida en el satélite de Júpiter Europa

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Europa es una de las cuatro lunas galineanas de Júpiter (observadas inicialmente por Galileo), y uno de los cuerpos del Sistema Solar más atrayentes para astrónomos y exobiólogos. El muy probable océano interior de agua o “hielo calido” en el satélite hace posible la existencia de formas de vida, simples o hasta no tan simples.
Europa es junto Marte y el satélite de Saturno Titan, el principal target de los rastreadores de vida en los dominios del Sol.

La muy probable existencia de un océano de agua líquida bajo la superficie del satélite jupiterino Europa, hace concebible la existencia de vida.

El satélite de Júpiter Europa es uno de los cuerpos más fascinantes y prometedores del Sistema Solar. Uno de los cuatro satélites galileanos (aquellos que fueron por primera vez observados por Galileo Galilei en 1610), Europa, presenta un tamaño algo menor que la Luna de la Tierra. Su atmósfera es tenue y de oxígeno. El hielo constituye la superficie visible del satélite, en la que se aprecia un entramado de vetas y “pecas” de forma elíptica o circular.

Internamente, Europa consta de un núcleo de roca y silicatos que lo acercan a las características de los planetas del sistema solar interior (Mercurio-Venus-Tierra-Marte), a pesar de encontrarse ahí fuera, orbitando Júpiter. Según datos suministrados por la sonda Galileo en su acercamiento de 1995, por encima del núcleo rocoso debería haber un océano de agua líquida, o bien hielo “cálido” de agua, de unos 100 km de espesor.

Océano interior en Europa

Y es ahí, en ese océano interior donde se nos prefigura un escenario altamente excitante, ya que podría existir materia viva. Junto con Titán (luna de Saturno) y el viejo candidato Marte, estamos ante uno de los tres principales lugares de nuestro Sistema en la que es concebible la presencia de formas de vida, aunque fuesen simplísimas.

Para especular sobre la posible existencia de vida en el océano interior de agua de Europa, debemos recurrir al único escenario del que sabemos la vida es una realidad efervescente, y no una hipótesis: la Tierra. Es posible realizar proyecciones a partir de determinadas formas bióticas en condiciones extremas o poco habituales en nuestra Esfera. La vida en la Tierra es tan pletórica e increíblemente variada, de recursos tan diversificados, que la han llevado a desafiar algunos de nuestros marcos teóricos previos.

La Tierra nos da la clave de posibles biologías extraterrestres

Como es natural, esto multiplica las posibilidades de vida extraterrestre, dispara el potencial especulativo. Si entendemos que la vida en la propia Tierra cuenta con (todavía) más recursos y capacidades extremas de lo que habíamos supuesto, la Biología puede darnos apasionantes sorpresas, tanto en el resto del sistema solar como en los incontables sistemas extrasolares que continuamente vamos encontrando.

Al hilo de lo anterior: en 1977 se descubrieron formas de vida en la Tierra capaces de subsistir en los océanos sin acceso a la luz del sol, en contra de lo que se pensaba fuese posible. Tales formas (como grandes gusanos tubulares) hacen imaginable la existencia de organismos por sencillos que sean en los océanos interiores de Europa, sin acceso directo a la luz solar.

Organismos extremófilos

En la Tierra existen además y de una manera genérica una serie de organismos llamados extremófilos, que deben su nombre a su capacidad para vivir en condiciones extremas. Ejemplos: halófilos (viven en ambientes hipersalinos como el Mar Muerto), acidófilos (en condiciones de alta acidez), alcalófilos (medios muy alcalinos), termófilos (altas temperaturas), barófilos (presiones muy altas), etc. Dan a los exobiólogos (por su parte seres que estudian el potencial biológico extraterrestre) enormes alegrías teóricas, al permitirles entre otras cosas, abordar la posibilidad de vida en el misterioso océano interior de Europa.

El satélite de Júpiter en la Cultura

Europa no es un cuerpo que haya sido tan utilizado por la ciencia-ficción literaria como decorado con la misma frecuencia que Marte o el satélite de Saturno Titán. Pero también aparece en algunas obras, como en la Fragua de Dios (1987) de Greg Bear, o en dos de las ” Odiseas” de Arthur C. Clarke: 2010, Odisea Dos y 2061, Odisea Tres (Japeto, la luna de Saturno, le robó el protagonismo en la primera de las Odiseas,2001).

Si llegásemos a toparnos con la existencia de vida en Europa, aún a un nivel bacteriano, el impacto sobre la Biología y la Ciencia y hasta sobre la conciencia y el conjunto de la cultura humana sería tal que acaso partiese nuestra Historia en dos.

Vida en Titán

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Más allá de Marte y del cinturon de asteroides, en el Sistema Solar exterior, donde moran las esferas gigantes (Jupiter, Saturno, Urano, Neptuno), podría haber vida.

Sí, vida. No vida superior, o vida inteligente o consciente, ni con civilización tecnológica o cultural, pero vida. Podría haberla, aunque ínfima. Aunque ínfima sea también la posibilidad de que la haya.

Los exobiólogos, que estudian la vida fuera de la Tierra (o sea, de momento tan sólo su posibilidad), han centrado su atención en los organismos llamados extremófilos. ¿Qué organismos son esos? Pues organismos terrestres (procarióticos principalmente, aunque también hay algún eucariota) que son capaces de apañárselas en la misma Tierra, pero en condiciones extremas. ¿Qué condiciones? Pues acidez extrema (acidófilos), basicidad (alcalófilos), salinidad (halófilos), temperatura elevada (termófilos), temperatura baja (sicófilos). En fin diferentes parámetros, pero extremos.

Estudiando las condiciones en las que esos microorganismos salen adelante, pueden los exobiólogos extrapolar hacia otros planetas esas mismas condiciones extremas para microorganismos no terrestres.

Titán: destino exquisito

Titán es una de las lunas de Saturno, y destino exquisito de exobiólogos. Es la segunda luna más grande del Sistema Solar, tras la jupiterina Ganímedes. Su nombre está muy bien puesto, teniendo en cuenta su tamaño. Es un cuerpo que se mueve en torno a un planeta -lo cual obliga a considerarlo luna o satélite-, pero es mayor que Mercurio, por ejemplo.

Titán es uno de los cuerpos celestes que más han excitado la imaginación de los escritores de ciencia-ficción a lo largo del XX, siglo como se sabe fatigado de Ciencia y Fantaciencia. Robert A. Heinlein, John Varley o el valenciano Javier Redal (con su Naufragio en Titán) son algunos de los autores que han colocado sus desarrollos fantacientíficos en esa luna de Saturno. Quizá sólo el buen viejo Marte haya tenido mayor tirón popular en los pulps o en los libros de SF que les sucedieron.

El mayor satélite de Saturno tiene una serie de características físicas y físico-químicas que lo hacen muy apetecible para esos buscadores de pepitas bióticas que son los exobiólogos o astrobiólogos (también llamados). Para empezar: la densa atmósfera que posee, que lo asemeja a la Tierra (a la Tierra primitiva, más bien) y lo convierte en un caso atípico entre los cuerpos del Sistema Solar. Una atmósfera de nitrógeno e hidrocarburos. (Y la presión atmosférica más cercana a la terrestre de todo el Sistema). Los hidrocarburos, por cierto, y en especial el metano son los responsables del tono anaranjado de esa luna. La densa atmósfera impidió durante bastante tiempo poder echarle un vistazo a su superficie. Las sondas Voyager 1 y 2 que pasaron junto a Titán en 1980 y 1981 no pudieron ver gran cosa de su superficie o más bien, nada.

Suerte muy diferente ha sido la de la misión Cassini-Huygens (Christian Huygens, astrónomo holandés, fue quien descubrió Titán en 1655). La sonda Cassini abandonó la Tierra en 1997 y se llegó hasta el sistema de Saturno en 2004. La Huygens es la sonda -europea (ESA), por cierto, en tanto que la Cassini (NASA) es estadounidense- que transportada por la Cassini, descendió sobre la superficie de Titán, en el año 2005.

La misión Huygens

Es mucha la información enviada a la Tierra por la Huygens. Imágenes, películas, sonidos. Y muchos datos inéditos, para acabar de completar el perfil de Titán. Y en el futuro próximo elucidar si hay o no vida, o puede haberla habido, aunque esto es algo más peliagudo, claro.

La atmósfera del satélite está compuesta, como se dijo más arriba, por nitrógeno e hidrocarburos, entre ellos fundamentalmente el metano. Por efecto de la radicación solar, ese metano puede transformarse en una molécula ciertamente energética como el acetileno o etino (dos carbonos unidos mediante un enlace triple), lo cual puede ser de interés de cara a las disponibilidades energéticas, necesarias para cualquier protovida, por mínima que sea.

El metano haría allí de agua. El más simple de los hidrocarburos está presente en la atmósfera y en la superficie, donde lo encontramos conjuntamente con etano (dos carbonos, en tanto que el metano tiene uno) y agua. La superficie en definitiva, está constituida por hielo sucio -hielo de agua mezclado con otras substancias, como hidrocarburos- que haría el papel de las “tierras emergidas”, (si usásemos el simpático simil terrestre)- y los lagos o mares de etano y metano. Algunos de estos “lagos” han sido fotografiados por la Huygens, en su garbeo por Titán.

El satélite sería un cuerpo constituido por material rocoso, por un lado, y hielo e hidrocarburos. O sea que, al igual que Europa y otros satélites exteriores tiene un núcleo rocoso, lo cual lo aproxima a los planetas interiores del sistema solar como Marte o la Tierra. En tanto que los planetas exteriores propiamente dichos, como Jupiter o Saturno, son esferas de gas y líquido aunque con -posiblemente- un núcleo metalo-rocoso (mínimo aunque tal vez del tamaño de la Tierra).

Candidato número uno

En definitiva. Titán es quizá en el momento actual el candidato número uno de los exobiólogos, quizá por delante de Europa (satélite de Júpiter, con su famoso océano de agua bajo su superficie) y del eterno candidato Marte. Por lo menos ahora, tras la información suministrada por la Cassini-Huygens, la mayor luna de Saturno estará de “moda” durante algún tiempo.

Quizá alguno de esos tres cuerpos (Titán, Europa, Marte) conviertan de una vez por todas a la Biología en una Ciencia Universal (ahora lo es pero de un modo más bien especulativo), como lo es la Física y no en el “localismo” científico que ha venido siendo hasta ahora.

Seguiremos informando. El material de la Cassini-Huygens, como el arte, es largo.

Asimov: Civilizaciones Extraterrestres (1979)

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Extraterrestres en el Living ©SG Leon

En torno a la obra divulgativa de Asimov Civilizaciones Extraterrestres: un enfoque racionalista del tema de la vida y la inteligencia extraterrestre.

El primer Asimov que leí no fue ninguna de sus celebradas obras de ciencia-ficción (que devoraría a lo largo de los años siguientes), no fue ningún tomo del ciclo de las Fundaciones, ni de los robots, ni del detective futurista Elías Baley: fue este interesantísimo y riguroso ensayo, publicado por vez primera en 1979, en una época todavía marcada por las hazañas aeroespaciales.

Este libro es todo un baño de racionalismo científico a un tema sobre el que han abundado con frecuencia la mistificacion, la patraña y la superchería. Que han abundado y que abundarán, al parecer. Y es que el siglo que se nos viene encima será, en opinión de muchos, una especie de Edad Media con supertecnología. Un medievo con teléfonos móviles. En efecto, a lo largo del XXI, habrá una curiosa convivencia entre la superstición y el rigor científico-técnico; entre el culto a lo sobrenatural y el creciente dominio de las leyes de la física; brujos, adivinadores, tarotistas y demás fauna compartirán siglo y época con físicos, genetistas, bioquímicos e ingenieros del más alto nivel. La informática doméstica, Internet, la telefonía móvil, los multicanales de televisión y toda la espléndida cacharrería tecnológica tendrán como principal utilidad la de vehicular toda la murga neomedieval.

El XXI será así un siglo peculiar, un siglo de extrañas cohabitaciones: una gran masa popular deslumbrada por brujos y magos catódicos compartiendo piso con una (comparativamente) pequeña élite profesional y culturalmente sofisticada. En lo que respecta al tema de la inteligencia extraterrestre, esta se asociará más a los OVNIS, a la ufología, o a gente como Antonio Ribera o Le Poer Trench que al programa SETI o a Carl Sagan. Por ello, el siglo que ahora empieza va a ser probablemente poco propicio para la clarificación popular del tema del Contacto. Y dejadme decir de paso que ese fascinante y rico género literario (mal) llamado ciencia-ficción continuará asociándose con batallitas galáctico-medievales y seguirá despreciado por la crítica literaria y por los enteradillos culteranos de café.

post-35030-12-Predictions-Isaac-Asimov-Ma-8HDZUn libro de  ciencia

Con este poco apetecible plato que nos van a poner sobre el mantel, la reedición y promoción de una obra tan lógica, racional y rigurosa como Civilizaciones Extraterrestres sería algo verdaderamente de aplaudir. Al igual que el resto de la obra divulgativa de Asimov. Y es que el bioquímico ruso-americano debería ser una bandera a agitar y enarbolar en el oscurantista siglo que acabamos de estrenar. Este claro y límpido enciclopedista dieciochesco extraviado en el turbulento e irracional (aunque muy científico) siglo XX, se nos va a hacer imprescindible en las tenebrosas e irrespirables décadas que se nos vienen encima. La reedición de la espléndida obra divulgativa de Asimov debería ser casi un deber moral para contribuir a ahuyentar a toda la horda de echadores de cartas, de simpáticos y gesticulantes brujos de madrugada, de enlutadas brujitas de escoba electrónica, de tele-tarotistas, de enviados de Dios en formato htm, de milagreros de banner. En esta Edad Media de cable y Banda Ancha que iniciamos, utilicemos pues, a Asimov como amuleto. Utilicemos sus límpidos y cristalinos libros como pata de conejo.

A estas alturas, inútil decir que Civilizaciones Extraterrestres no es un libro de Ufología. Es un libro de Ciencia. De Física, de Química. De Biología. Pero que nadie se espante. Porque Civilizaciones extraterrestres es, ante todo, un libro de reflexión, de lógica y de sentido común. De rigor científico. Un libro cuya línea de razonamiento, cualquier lector de mediana cultura (y de mediana curiosidad o de inquietud mediana) puede seguir perfectamente aunque no tenga ni papa de aquellas venerables disciplinas.

Bueno, venga. Vamos con el libro. ¿Existen las civilizaciones extraterrestres?. Tremenda pregunta. Pudiera ser, desde luego, pero seguro que no envían una nave espacial (un ovni) para jugar al escondite con el género humano, para aterrizar en un campo de patatas y desaparecer y en general, todo ese extraño y desconcertante comportamiento que sugieren los entusiastas de la ufología. ¿Existen las civilizaciones extraterrestres? ¿Qué se necesita para que haya una civilización estraterrestre? Estas apasionantes y aterradoras preguntas (cuya respuesta cambiaría la percepción que la raza humana tiene de sí misma y de su situación en el mundo y en el cosmos) son el núcleo central de Civilizaciones extraterrestres.

Condiciones para la existencia de vida

Asimov empieza haciéndose varias preguntas ¿en qué consiste la vida? ¿Es posible una vida de silicio y no de carbono? ¿Qué exige la vida para su aparición, evolución y desarrollo? ¿Qué características ha de tener un planeta para ser incubador de vida, al igual que nuestra Tierra? ¿y la estrella en torno a la cual este planeta gira? A parte de la existencia de vida, ¿que condiciones son necesarias para que esa vida evolucione hacia la inteligencia y el dominio de la alta tecnología, tal y como ha sucedido en la Tierra? Asimov se va respondiendo a sí mismo utilizando como únicas herramientas la razón, la lógica y los actuales conocimientos científicos y astronómicos. Así, un planeta candidato a incubar vida debería ser de un tamaño similar a la Tierra, y estar formado de roca y metal (semejante por lo tanto a los planetas interiores o terrestres de nuestro sistema solar), debería poseer agua líquida y capacidad para retener una atmósfera. Para la aparición de la tecnología, quizá debería poseer continentes o tierras emergidas. A tal efecto, no serviría un planeta de tipo jupiterino, que es un bola gigante de gas y líquido. ¿Y cómo ha de ser la estrella en torno a la cual gira el planeta? Debería ser como nuestro Sol, nos dice Asimov, es decir una estrella de tamaño mediano. Y esto porque las estrellas de gran tamaño queman hidrógeno muy deprisa y abandonan en seguida su secuencia principal. La vida y su desarrollo es un proceso complejo y muy sofisticado que exige larguísimos periodos de tiempo, por ello es imprescindible que la estrella en torno a la cual gira el planeta candidato a albergar vida permanezca el tiempo suficiente en su secuencia principal.

203¿Y el tema de los viajes interestelares? Esto es, ¿qué hay sobre los requisitos para que ellos (la civilización extraterrestre) y nosotros entremos en contacto físico? Parece ser que unos y otros nos hallamos recluidos por las gigantescas distancias interestelares y el límite físico que impone la infranqueable barrera de la velocidad de la luz. ¿Y otras posibilidades de comunicación o de contacto?. Al elaborar sus respuestas, Asimov adopta un punto de vista conservador y cauteloso, pero aún así, resultaría que en buena lógica podría haber, sólo en nuestra Galaxia, centenares de millones de civilizaciones tecnológicamente avanzadas. Pero entonces…¿dónde están?.¿Por qué no ha habido un contacto entre ellos y nosotros, al menos un contacto rigurosamente documentado, más allá de la manipulación y el sensacionalismo, tan cotidianos a lo largo del pasado siglo XX?. Esta es la gran pregunta.

Abordaje racional

El gran atractivo de este libro es que, aparte de abordar una cuestión siempre fascinante, lo hace desde la verdad y el rigor científico y eso hace que su valor sea doble. Porque algo que es fascinante y que es verdad nos turba más que algo que es solamente fascinante. El tema de la inteligencia extraterrestre brilla aún más al recibir la límpida luz de la razón y la ciencia y no la de la ufología, dudosa y trucada, como las fotografías en que se basa. Al fin y al cabo, ¿por que va a ser tan descabellada la idea de que existan planetas como la Tierra, y que en ellos se haya desarrollado la vida y la inteligencia y la cultura y la tecnología, del mismo modo que lo han hecho en el tercer planeta de la estrella a la que llamamos Sol?. ¿Y porque no soñar con un futuro Contacto como el de la novela de Carl Sagan?. Yo creo que en el futuro, si sigue adelante el programa SETI, este acabará dando sus frutos y se producirá ese anhelado Contacto.

En El futuro es un pais tranquilo, el último libro de Jose Manuel Sanchez-Ron, uno de los mejores historiadores de la Ciencia que tenemos en España, el autor imagina un Contacto hacia el año 7000. Quien sabe. Mientras tanto, y en espera de que llegue ese momento, el lector que quiera combinar la pasión por lo desconocido con el rigor del orden y la inteligencia, que lea Civilizaciones extraterrestres, en definitiva: que lea a Asimov. Que penetre en el mundo de este enciclopedista de la era espacial. De este bioquímico volteriano. De este Diderot de la Ciencia moderna.

En el mundo de quien, por decirlo con palabras de Sánchez-Ron, acercó como nadie la Ciencia a la Vida. 

(2001)

¿Podría haber una civilizacion en el sistema Gliese, en la constelacion de Libra?


Carl vive

Sueño con ello, y a veces…hay malos sueños

Cosmología e Hinduismo

(Artículo publicado originalmente el 14/9/2006)

Décimo aniversario de la desaparición de Carl Sagan (1935-1996)

¿Quien fue Carl Sagan? Astrónomo, exobiólogo, divulgador, humanista, escritor, pero ante todo fue quien me empujó -quien me arrastró- a hacer el bachillerato de Ciencias. Hace algo más de veinte años que visioné por vez primera su Cosmos (no he dejado de hacerlo desde entonces), y ya en aquel momento me impactó aquella manera tan elegante, tan hondamente humanista, de presentar la Astronomía, la Ciencia, su desarrollo en la Historia, los senderos que los hombres -y alguna mujer, como Hipatia- han recorrido para llevarnos hasta aqui, hasta este siglo, que es el nuestro, pero tan atolondradamente tecnocientífico.¿Quienes fueron Eratóstenes, Keppler, Galileo, Halley, Newton, Einstein y los demás? Diamantes arrastrados por el rio luminoso, restallante de la Historia (la imagen no es mia, es de Orwell). Fueron pensadores, científicos, pero también (y sobre todo) seres incrustados en sus respectivos Siglos. Los desarrollos que promovieron fueron los de la Ciencia -hoy delicadamente definida- pero también los de la Cultura y la Civilización humanística. Sí, humanística.

Cosmos: la serie científica más humanista jamás filmada

En boca de Sagan, la Ciencia se hace casi poesía. El enorme respeto del astrónomo estadounidense por las culturas humanas, las civilizaciones más diversas y divergentes, las escuelas filosóficas, las diferentes tradiciones del pensamiento era una constante en Cosmos, pero también puntea sus otras obras, las textuales (La Conexión cósmica, El Cerebro de Broca); no falta tampoco en su única y emocionante incursión en la literatura fantacientífica:Contact (1985). Pero Carl Sagan, con todo su bagaje humanista, su visión integradora de la cultura humana (en la que clava, eso si, a la Ciencia como puntal de esa Cultura), nunca perdió de vista los criterios de demarcación, la distinción -tan borrosa hoy dia- entre Ciencia y PseudoCiencia, entre Conocimiento Positivo y Especulación, por necesaria y excitante que esta última fuera en ocasiones. En el prólogo de su Cosmos, deja clara esta última distinción.

Sagan desapareció hace una década, pero continúa sacando de quicio a mucho neomístico de medio pelo. Era y es un martillo de todo esa murga pseudocientífica, de ese confusionismo vago y vaporoso que disfrazado de humanismo mal entendido nos está haciendo perder el oremus de los criterios de demarcación. Lo se bien: como farmacéutico he debido ocuparme (entre otras cosas aun más escandalosas) de la homeopatía, por ejemplo, esa bruma mística encerrada en cofres tecnocientíficos y galénicos.

¿Disponemos de algún Sagan hoy dia? Hummm. Es curioso, esos grandes humanistas de la Ciencia y su divulgación fueron desapareciendo a medida que nos precipitábamos al final del XX o en los primeros años del neomedieval siglo siguiente: Sagan en 1996, Asimov en 1992, Stephen Jay Gould en 2002.

Voy a incrustar un par de videos del gran Carl Sagan. Ambos de Cosmos. El primero -en inglés- se encuentra en el capítulo I de la serie y es una especie de “editorial” saganiana, una declaración de principios y de intenciones y de algún modo, una reivindicación indirecta de la Ciencia y el conocimiento positivo como fuente de emoción y de poesía. El segundo entrelaza con mano maestra la actual Cosmología, el estado actual de nuestros conocimientos, nuestras creencias actuales sobre el origen, evolución y futuro del Cosmos con antiguas tradiciones de otras civilizaciones, contribuyendo una vez más -tan sólo con este pequeño speech de pocos minutos- a derribar o ignorar el “control aduanero” -nefasto control aduanero- entre las dos Culturas.

SGL, 2006