El universo y sus propósitos

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¿Tiene el universo un propósito? Tremenda pregunta, de supuesto gran calado filosófico. El sentido, el fin, la meta, el propósito. Los filósofos y pensadores especulativos acostumbran a plantearse preguntas de este tipo, y suelen también señalar que tales cuestiones marcan un ámbito inalcanzable para la ciencia y la investigación empírica del mundo natural. Por su parte, los físicos, o la mayoría, suelen eludir la cuestión. Argumentan que la pregunta no “tiene sentido” (justamente!) desde una óptica científica, o prefieren dejar la cuestión en manos de los profesionales del sentido.

Razones del “rasgo”

Desde un punto de vista rigurosamente materialista y fisicalista, podríamos argumentar que las preguntas existenciales y de gravedad filosófica tienen significado solo para las peculiares criaturas que somos (homo sapiens sapiens, según nos clasifican los zoólogos), y ello porque hay un rasgo de nuestro cerebro que así lo determina. El proceso evolutivo y sus mecanismos nos ha otorgado dicho rasgo (la búsqueda de sentido o propósito) por razones de eficacia y supervivencia, pero qué razones son esas es algo  que no hemos conseguido establecer, o no del todo. Es fácil imaginar por qué la evolución nos ha dotado, por ejemplo, en un contexto de supervivencia, de manos capaces de sujetar con firmeza y precisión. Agarramos armas y herramientas con asombrosa destreza, lo cual fue devastador en su dia para los otros animales: nuestra alimentación pasó de las bayas a los bistecs. Pero ¿ qué pasa con cosas como el sentido artístico y sus ensoñaciones, rasgos radicalmente humanos, y que no logramos entender qué propósito pueden tener cara a la eficacia de la transmisión de los genes egoístas?

El tubo recoge un debate de casi dos horas sobre el difícil asunto del “propósito” del universo. Ahí es nada. Intervienen, entre otros, pesos pesados del pensamiento escéptico como Richard Dawkins o Michael Shermer. El debate no va a resolver la cuestión, que es irresoluble, pero aporta chorros de ideas y argumentos.

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Asimov, entre la ciencia y las humanidades

Asimov, una obra gigantesca, siempre entre la ciencia y las humanidades. Con el escepticismo siempre de fondo. 

(…) Extracto:

En las décadas de 1940 y 1950, el increíblemente prolífico Asimov iría publicando fantaciencia de manera regular, hasta el año 1958. El ciclo de las Fundaciones (Fundación, Fundación e Imperio y Segunda Fundación, 1951-53), Bóvedas de Acero (1953), El Sol Desnudo (1955), El Fin de la Eternidad (1955) y otras obras, fueron sucediéndose a lo largo del decenio de los 50, acaso uno de los más brillantes de la corta historia de la SF. Pero a partir del final de la década, Asimov reorientó su escritura y sus intereses editoriales, y abandonó la ciencia-ficción durante un largo tiempo.

Regreso a la ciencia-ficción en 1972

Hasta su regreso en 1972 (con su extraordinaria novela Los Propios Dioses que le valió los premios Hugo y Nébula), se centró en la divulgación científica y también la cultural (Historia, Literatura y otras disciplinas, ya que apenas dejó alguna sin tocar) y unas cuantas novelas no fantacientíficas. Pero esa vuelta de 1972 a la ciencia ficción fue espectacular. Con Los propios Dioses, Asimov se las arregló para crear una de las novelas más imaginativas e impresionantes. Las criaturas extraterrestres ahí descritas, así como la hábil trama urdida son imposibles de olvidar por el aficionado.

A lo largo de los años 70, Asimov se reencontró pues con la SF, compaginándola con su frenética obra divulgativa tanto en Ciencia como en materias humanísticas. De hecho, era la divulgación científica la que realmente le aportaba ingresos importantes y una notable satisfacción personal, según él mismo confesó tras ese 1958, año de su “abandono” de la ciencia-ficción.

Asimov era un hombre con una excelente capacidad de trabajo, de enorme productividad, al que no le importaba pasarse diez o doce horas frente a la máquina de escribir. Tuvo la suerte, desde luego, de que su actividad profesional se confundiese con sus intereses intelectuales.

1982: vuelta a las Fundaciones

En los años 80 y por presiones de su editorial Doubleday (que no toleraba tener en su nómina a uno de los mayores autores de SF de Estados Unidos y no poder utilizarlo al máximo rendimiento editorial) Asimov hubo de acometer -después de 30 años- la continuación de la legendaria saga de las Fundaciones. Así, tras Fundación, Fundación e Imperio y Segunda Fundación (lejanamente publicadas por vez primera entre 1951 y 1953), vio la luz en 1982 Los Límites de la Fundación, apoteósico éxito al que seguiría en 1985 Fundación y Tierra, y la precuela de 1988 Preludio a la Fundación.

La obra de Asimov, encuentro entre las Dos Culturas

La literatura de Isaac Asimov es una literatura de ideas y de ágiles y absorbentes tramas. Sus personajes no son creaciones rotundamente acabadas y pulidas en un plano psicológico: estos suelen darse a conocer, y poco, a través de rápidas pinceladas y diálogos centrados principalmente en las tramas. Pero los escenarios creados (como el monumental fresco de las Fundaciones), las apasionantes peripecias y la puesta en escena de visiones extraordinarias y hallazgos como las leyes de la Robótica, o la Psicohistoria (que proyecta en el futuro la historia humana de manera científica, como si se tratase de las moléculas de un gas por parte de un fisicoquímico) hacen de Asimov un autor imprescindible, sin duda uno de esos “tres grandes”.

Y más allá de su interés literario y divulgativo, su condición de hombre del Renacimiento (etiqueta que si en alguien tiene sentido, es justamente en Asimov), su tratamiento por igual del conjunto de la Ciencia y las Humanidades, nos colocan ante una figura clave para los apóstoles de la novísima Tercera Cultura, un nuevo paradigma que habrá de superar esa divisoria, que muchos consideran falsa, entre las Dos Culturas, la Científica y la Humanística.

Artículo completo: Isaac Asimov, no sólo ciencia-ficción | Suite101.net

David Deutsch: The Fabric of Reality

En mi opinión, hoy dia sólo es posible el ejercicio eficaz de la “Filosofía”, es decir la especulación estructurada e inteligente acerca de la realidad del Mundo y lo que contiene, si te hallas en posesión de una base más o menos aceptable acerca de los fundamentos del mundo físico o natural. O dicho de otra manera, en posesión de conocimientos suficientes de Biología, Química y sobre todo Física. Que tengas una idea al menos acerca de en qué consiste la textura de la Realidad. La Física se ha desarrollado de manera prodigiosa a lo largo del siglo XX, y ha desbordado el marco “natural” para invadir lo cultural, lo político, lo social, lo ideológico. El paradigma cuántico emergido en el último siglo ha convertido esta disciplina, la Física, en la más aterradora e impactante de cuantas conforman la Cultura humana, y ponerse hoy dia a “filosofar” mientras se la ignora ha de llevar en la mayor parte de los casos (a menos que uno cuente con una mente especialmente afilada) a un resultado antes literario que verdaderamente “sapiencial”.

Creo que en estos instantes iniciales de milenio, en esta breve década inicial, los verdaderos filósofos son aquellos físicos con visión de águila, que van mucho más allá de las ecuaciones y los dividendos prácticos de la Ciencia, individuos con temperamento cuestionador, indagador, “filosófico”. Gentes que no se dedican sólo a establecer matemática o conceptualmente los fundamentos del Universo, sino también a proyectar las implicaciones y consecuencias de tales fundamentos a lo largo y ancho de las muchas sendas del laberinto cultural humano. Hombres como John Wheeler, Hawking, Frank Tipler.

O como el físico de Oxford David Deutsch, en su extraordinario The Fabric of Reality (1997). Un ejercicio metafísico excelente llevado a cabo por un cuántico que palpa con decisión no sólo la textura de la Realidad desde el conocimiento positivo que da el método científico de la Ciencia Natural, sino que roza casi todo lo que es posible rozar entorno a esa textura de lo real: Metafísica, Religión, Inmortalidad, Sentido. Un ejemplo: la presentación por parte de Deutsch del visionario Frank Tipler y su polémico y fascinante (y criticado) Omega point; ahi, los “Sueños” y la Esperanza, la Derrota de la Cesación, la Plenitud, nos seducen de una manera mucho más poderosa que esos habituales ejercicios líricos y esencialmente literarios donde suelen aparecer, ya que aquí se levantan sobre la bien aposentada y clavada tarima de la Ciencia Física.

The Fabric of Reality es un libro para aquellos que realmente quieran conocer o indagar acerca del entramado del mundo y las criaturas en él embebidas, pero desde un suelo de granito y no desde los elegantes alfombrados de nubes de los “filósofos” profesionales.

Alternativos contra Simon Singh

Foto Phil Coburn

Las exquisitas leyes antilibelo en el Reino Unido han llevado al Dr Simon Singh a una situación que de no ser por lo desgastado de la palabreja, podriamos calificar perfectamente de kafkiana. Como alternativa, vamos a llamarla delirante.

Un artículo publicado en el 2008 en el diario progre The Guardian en el que Singh se “atrevía” a criticar los asertos de la “Ciencia” quiropractica, acusandola de ser tan solo “bogus Science”, llevó a la British Chiropractic Association a demandar al divulgador por considerar su artículo… difamatorio.

La broma le ha costado a Singh 100.000 £ de gastos y veinticuatro meses de dolores de cabeza legales. Y es que hay que andarse con mucho cuidado, hoy dia, a la hora de criticar las aseveraciones de la delicada armada alternativa.

Sorprendente victoria

En efecto, al parecer, esa gente pone rapidamente a un lado su deslumbrante y trendy buen rollo “humanístico” cada vez que se topan con algun tipo de comunicación no complaciente con sus lánguidas disciplinas, y el eventual batallador científico harto del daño intelectual (y hasta sanitario) que aquellos están causando, puede llevarse mas de un arañazo legal por la osadía. Esto esta ocurriendo en el 2010, en el centro mismo de la Civilización que parió la Ilustración, esa que parece existir ya sólo en los libros de Historia.

Lo increíble del caso Singh debería servir para impulsar la pertinente modificación legal que garantizase la objetividad del debate periodístico y academico en el campo de la Ciencia y el conocimiento basado en la evidencia.

La victoria de Singh la encuentro no sólo gratificante sino hasta sorprendente, teniendo en cuenta esta época algo oscura intelectualmente. Y habría que aprovecharla para animarse a introducir algun cambio aunque sea mínimo en la problemática interfaz Ciencia/Cultura.

Mi admiración hacia este Singh, este guerrero portador de la llama en la oscuridad, como lo hubiera llamado el inolvidable Carl Sagan. Esperemos que pueda recuperar su dinero, vamos. Y es que, vaya, 100.000 £ de gasto y “penalización” son muchas esterlinas, solo por ejercer su supuesta libertad intelectual. Me parece a mí.

 

Simon Singh: This is goodbye. The Guardian (March, 2010)

Simon Singh wins key battle. The Telegraph (April 2010)

Asimov: Civilizaciones Extraterrestres (1979)

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Extraterrestres en el Living ©SG Leon

En torno a la obra divulgativa de Asimov Civilizaciones Extraterrestres: un enfoque racionalista del tema de la vida y la inteligencia extraterrestre.

El primer Asimov que leí no fue ninguna de sus celebradas obras de ciencia-ficción (que devoraría a lo largo de los años siguientes), no fue ningún tomo del ciclo de las Fundaciones, ni de los robots, ni del detective futurista Elías Baley: fue este interesantísimo y riguroso ensayo, publicado por vez primera en 1979, en una época todavía marcada por las hazañas aeroespaciales.

Este libro es todo un baño de racionalismo científico a un tema sobre el que han abundado con frecuencia la mistificacion, la patraña y la superchería. Que han abundado y que abundarán, al parecer. Y es que el siglo que se nos viene encima será, en opinión de muchos, una especie de Edad Media con supertecnología. Un medievo con teléfonos móviles. En efecto, a lo largo del XXI, habrá una curiosa convivencia entre la superstición y el rigor científico-técnico; entre el culto a lo sobrenatural y el creciente dominio de las leyes de la física; brujos, adivinadores, tarotistas y demás fauna compartirán siglo y época con físicos, genetistas, bioquímicos e ingenieros del más alto nivel. La informática doméstica, Internet, la telefonía móvil, los multicanales de televisión y toda la espléndida cacharrería tecnológica tendrán como principal utilidad la de vehicular toda la murga neomedieval.

El XXI será así un siglo peculiar, un siglo de extrañas cohabitaciones: una gran masa popular deslumbrada por brujos y magos catódicos compartiendo piso con una (comparativamente) pequeña élite profesional y culturalmente sofisticada. En lo que respecta al tema de la inteligencia extraterrestre, esta se asociará más a los OVNIS, a la ufología, o a gente como Antonio Ribera o Le Poer Trench que al programa SETI o a Carl Sagan. Por ello, el siglo que ahora empieza va a ser probablemente poco propicio para la clarificación popular del tema del Contacto. Y dejadme decir de paso que ese fascinante y rico género literario (mal) llamado ciencia-ficción continuará asociándose con batallitas galáctico-medievales y seguirá despreciado por la crítica literaria y por los enteradillos culteranos de café.

post-35030-12-Predictions-Isaac-Asimov-Ma-8HDZUn libro de  ciencia

Con este poco apetecible plato que nos van a poner sobre el mantel, la reedición y promoción de una obra tan lógica, racional y rigurosa como Civilizaciones Extraterrestres sería algo verdaderamente de aplaudir. Al igual que el resto de la obra divulgativa de Asimov. Y es que el bioquímico ruso-americano debería ser una bandera a agitar y enarbolar en el oscurantista siglo que acabamos de estrenar. Este claro y límpido enciclopedista dieciochesco extraviado en el turbulento e irracional (aunque muy científico) siglo XX, se nos va a hacer imprescindible en las tenebrosas e irrespirables décadas que se nos vienen encima. La reedición de la espléndida obra divulgativa de Asimov debería ser casi un deber moral para contribuir a ahuyentar a toda la horda de echadores de cartas, de simpáticos y gesticulantes brujos de madrugada, de enlutadas brujitas de escoba electrónica, de tele-tarotistas, de enviados de Dios en formato htm, de milagreros de banner. En esta Edad Media de cable y Banda Ancha que iniciamos, utilicemos pues, a Asimov como amuleto. Utilicemos sus límpidos y cristalinos libros como pata de conejo.

A estas alturas, inútil decir que Civilizaciones Extraterrestres no es un libro de Ufología. Es un libro de Ciencia. De Física, de Química. De Biología. Pero que nadie se espante. Porque Civilizaciones extraterrestres es, ante todo, un libro de reflexión, de lógica y de sentido común. De rigor científico. Un libro cuya línea de razonamiento, cualquier lector de mediana cultura (y de mediana curiosidad o de inquietud mediana) puede seguir perfectamente aunque no tenga ni papa de aquellas venerables disciplinas.

Bueno, venga. Vamos con el libro. ¿Existen las civilizaciones extraterrestres?. Tremenda pregunta. Pudiera ser, desde luego, pero seguro que no envían una nave espacial (un ovni) para jugar al escondite con el género humano, para aterrizar en un campo de patatas y desaparecer y en general, todo ese extraño y desconcertante comportamiento que sugieren los entusiastas de la ufología. ¿Existen las civilizaciones extraterrestres? ¿Qué se necesita para que haya una civilización estraterrestre? Estas apasionantes y aterradoras preguntas (cuya respuesta cambiaría la percepción que la raza humana tiene de sí misma y de su situación en el mundo y en el cosmos) son el núcleo central de Civilizaciones extraterrestres.

Condiciones para la existencia de vida

Asimov empieza haciéndose varias preguntas ¿en qué consiste la vida? ¿Es posible una vida de silicio y no de carbono? ¿Qué exige la vida para su aparición, evolución y desarrollo? ¿Qué características ha de tener un planeta para ser incubador de vida, al igual que nuestra Tierra? ¿y la estrella en torno a la cual este planeta gira? A parte de la existencia de vida, ¿que condiciones son necesarias para que esa vida evolucione hacia la inteligencia y el dominio de la alta tecnología, tal y como ha sucedido en la Tierra? Asimov se va respondiendo a sí mismo utilizando como únicas herramientas la razón, la lógica y los actuales conocimientos científicos y astronómicos. Así, un planeta candidato a incubar vida debería ser de un tamaño similar a la Tierra, y estar formado de roca y metal (semejante por lo tanto a los planetas interiores o terrestres de nuestro sistema solar), debería poseer agua líquida y capacidad para retener una atmósfera. Para la aparición de la tecnología, quizá debería poseer continentes o tierras emergidas. A tal efecto, no serviría un planeta de tipo jupiterino, que es un bola gigante de gas y líquido. ¿Y cómo ha de ser la estrella en torno a la cual gira el planeta? Debería ser como nuestro Sol, nos dice Asimov, es decir una estrella de tamaño mediano. Y esto porque las estrellas de gran tamaño queman hidrógeno muy deprisa y abandonan en seguida su secuencia principal. La vida y su desarrollo es un proceso complejo y muy sofisticado que exige larguísimos periodos de tiempo, por ello es imprescindible que la estrella en torno a la cual gira el planeta candidato a albergar vida permanezca el tiempo suficiente en su secuencia principal.

203¿Y el tema de los viajes interestelares? Esto es, ¿qué hay sobre los requisitos para que ellos (la civilización extraterrestre) y nosotros entremos en contacto físico? Parece ser que unos y otros nos hallamos recluidos por las gigantescas distancias interestelares y el límite físico que impone la infranqueable barrera de la velocidad de la luz. ¿Y otras posibilidades de comunicación o de contacto?. Al elaborar sus respuestas, Asimov adopta un punto de vista conservador y cauteloso, pero aún así, resultaría que en buena lógica podría haber, sólo en nuestra Galaxia, centenares de millones de civilizaciones tecnológicamente avanzadas. Pero entonces…¿dónde están?.¿Por qué no ha habido un contacto entre ellos y nosotros, al menos un contacto rigurosamente documentado, más allá de la manipulación y el sensacionalismo, tan cotidianos a lo largo del pasado siglo XX?. Esta es la gran pregunta.

Abordaje racional

El gran atractivo de este libro es que, aparte de abordar una cuestión siempre fascinante, lo hace desde la verdad y el rigor científico y eso hace que su valor sea doble. Porque algo que es fascinante y que es verdad nos turba más que algo que es solamente fascinante. El tema de la inteligencia extraterrestre brilla aún más al recibir la límpida luz de la razón y la ciencia y no la de la ufología, dudosa y trucada, como las fotografías en que se basa. Al fin y al cabo, ¿por que va a ser tan descabellada la idea de que existan planetas como la Tierra, y que en ellos se haya desarrollado la vida y la inteligencia y la cultura y la tecnología, del mismo modo que lo han hecho en el tercer planeta de la estrella a la que llamamos Sol?. ¿Y porque no soñar con un futuro Contacto como el de la novela de Carl Sagan?. Yo creo que en el futuro, si sigue adelante el programa SETI, este acabará dando sus frutos y se producirá ese anhelado Contacto.

En El futuro es un pais tranquilo, el último libro de Jose Manuel Sanchez-Ron, uno de los mejores historiadores de la Ciencia que tenemos en España, el autor imagina un Contacto hacia el año 7000. Quien sabe. Mientras tanto, y en espera de que llegue ese momento, el lector que quiera combinar la pasión por lo desconocido con el rigor del orden y la inteligencia, que lea Civilizaciones extraterrestres, en definitiva: que lea a Asimov. Que penetre en el mundo de este enciclopedista de la era espacial. De este bioquímico volteriano. De este Diderot de la Ciencia moderna.

En el mundo de quien, por decirlo con palabras de Sánchez-Ron, acercó como nadie la Ciencia a la Vida. 

(2001)

¿Podría haber una civilizacion en el sistema Gliese, en la constelacion de Libra?


Adrian Berry: Los próximos diez mil años

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(Una antigua reseña de 2001, ya publicada)

En torno al libro de Adrian Berry Los próximos 10.000 años (1973)

El título de este libro resulta algo visionario y sin duda va más allá que el propio contenido del texto, aparte de ser de una osadía insólita. El mundo actual es tan imprevisible y complejo, su evolución futura tan indescifrable, que no es fácil que nadie se atreva a hacer profecias no ya a diez mil años vista, sino tan siquiera a diez mil horas. Puede visualizarse, dentro de unos interesantes límites de probabilidad, la evolución del mundo de aquí al año 2050 o 2060, pero remontarse mucho más allá es un ejercicio que roza la frivolidad intelectual. No obstante, cuando se publicó Los próximos diez mil años corría el año 1973, y eran otros tiempos, tiempos arrogantes en el ámbito tecnológico y aeroespacial y de gran euforia respecto al porvenir inmediato y lejano. Era una época marcada por el entusiasmo de 1969, y que se sentía totalmente embalada hacia el futuro. Sólo en una época así podía aparecer un libro tan (racionalmente) visionario como este.

Siempre me he sentido atraido por el tema de la conquista del espacio y del futuro científico y tecnológico del Hombre. Desde que era adolescente, me sedujo el género de la ciencia ficción, la astronomía, la cosmología, las hazañas científico-tecnológicas y el remoto porvenir. Carl Sagan era uno de mis dioses. Devoré la serie Cosmos a cada pase televisivo y nunca dejó de fascinarme. Leí avidamente su Conexión cósmica, al igual que las obras divulgativas de Asimov. La pasión por estos temas, junto con la ciencia-ficción, fue lo que me llevó a la insólita decisión de matricularme en la Facultad de Química (carrera que muy poco después canjearía por el inacabable estudio de la Farmacia). No es sorprendente, con estos antecedentes, que un libro con un título como Los proximos diez mil años, un título que se remontaba de una manera tan vertiginosa desde nuestro triste y prehistórico tiempo, captase enseguida mi atención. Cuando lo vi un domingo en un tenderete del Mercado de San Antonio, aunque su estado no era demasiado bueno, mi apática mano voló hacia él.

Primeros setenta: éxtasis tecnológico

Los próximos diez mil años es uno de esos libros de divulgación científica que menudearon tanto en la década de los setenta, época como hemos dicho, de gran euforia tecnológica en el terreno aeroespacial. Y es que cuando apareció, hacia tan solo unos pocos meses que el último hombre en pisar la Luna había vuelto a casa. En efecto, en Diciembre de 1972, tuvo lugar la número XVII de las legendarias misiones Apolo, la última cuya tripulación puso pie en el satélite. Han pasado casi treinta años desde entonces y ningún otro ser humano ha vuelto a pisar aquella desolada y remota superficie, lo cual por si sólo indica que fue una proeza tecnológica cercana a lo increible. En sólo 15 años desde el inicio de la era espacial (en 1957, con el lanzamiento del Sputnik por parte de la URSS), la humanidad había hecho realidad la alucinante fantasía de enviar varias misiones tripuladas a la Luna: el Apolo XI, el XII, el XIV, el XV, el XVI y el XVII (el Apolo XIII, como es sabido, tuvo un problema y no alunizó). Aquella fantasiosa literatura de Luciano, Cyrano, Godwin, Verne, Wells y tantos otros invadió al fin la aburrida realidad. El mono desnudo había logrado tocar la Luna tan sólo dos millones de años después de bajarse de los árboles y levantar hacia ella el rostro peludo y simiesco. La humanidad levitaba de éxtasis místico-tecnológico. Ante una hombrada de tal magnitud, cualquier empresa parecía posible en el futuro más inmediato, esto es, a lo largo de las siguiente décadas: viajes tripulados a Marte en la década de 1990, colonias permanentes o semipermanentes en la Luna para pasado mañana y otros logros futuristas. Continue reading “Adrian Berry: Los próximos diez mil años”