Liz Parrish, un año de “tratamiento”

En Septiembre de 2016 se cumplió un año del inicio de la terapia génica de Elizabeth Parrish, CEO de la empresa biotecnológica BioViva.

Liz Parrish se convirtió en el “paciente cero” de dicha terapia, la primera paciente en autoadministrarse una terapia génica antienvejecimento que solo se había ensayado previamente en ratones. Por tanto no se habían realizado ensayos clínicos en humanos. Esto le ha valido críticas por parte de la comunidad científica, al haberse saltado el protocolo de desarrollo de fármacos, y someterse así al riesgo de una terapia que no ha sido probada en humanos, y por tanto de la que se desconocen, entre otras cosas, posibles efectos adversos.

No obstante, el paso dado por Parrish viene avalado por muchos años de investigación previa en este campo. La terapìa génica suministrada se basa en lo que se considera una de las claves del (anti)envejecimiento: la longitud de los telómeros, que se acortan a cada división celular. La terapia previene este acortamiento. En Abril, tras seis meses, la CEO de BioViva anunció que la terapia de momento había sido exitosa, y se había producido un notable restablecimiento de la longitud de los telómeros en sus glóbulos blancos.

Si finalmente la cosa funcionase, y en el futuro pudiese aplicarse esta terapia de una manera precisa y segura y con éxito terapéutico, podríamos estar al fin ante un avance capital: no solo resultaría en un aumento espectacular de la esperanza de vida, sino en la misma reversión del envejecimiento. Esto último es fundamental, ya que se trataría de revertir el proceso de desgaste, y no solo de frenarlo.

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La depresión en Hamlet

La depresión ha sido una antigua compañera del ser humano a lo largo de las épocas, al margen de las distintas interpretaciones que de ella se hayan hecho en cada momento.  El impacto de la clásicamente llamada melancolía en la cultura y la experiencia humanas se ha hecho notar con mucha frecuencia. Un gran ejemplo lo tenemos en Hamlet. Esta tragedia de Shakespeare, al margen de ser una obra dramática de gran altura estética, podemos también considerarla como la declamación poética de un melancólico. Es decir, en lenguaje actual, de un depresivo.

Es posible pensar que las grandes dotes de observación de William Shakespeare, al margen de sus talentos como dramaturgo, le llevaran a la construcción de un personaje no solo literariamente impecable, sino capaz de dar cumplida cuenta en escena a través de sus soliloquios del negro estado de ánimo típico de un individuo que sufre depresión.

Hay varios desencadenantes para la depresión de Hamlet: la muerte del padre, el matrimonio de su tío con la madre, la usurpación, el descubrimiento del asesinato del padre. Los parlamentos del  atormentado príncipe nos dan prueba de una melancolía cada vez más sombría e intensa. Y a lo largo de la obra se nos muestran además otros rasgos típicos del depresivo, como la inacción y la parálisis, la negatividad, el sinsentido o la incapacidad para tomar el control de la propia vida.

Algunos comentaristas han ido más allá y han señalado que Hamlet sufre una depresión maniática, ya que existen momentos en los que el príncipe parece salir del abatimiento y lanzarse a una actitud más alegre y activa. También aparecen síntomas de esquizofrenia y posibles alucinaciones.

Hamlet es por tanto, una obra que ha de fascinar no solo por su altura dramática, sino por ser al mismo tiempo un sutil testimonio clínico en clave poética del estado de ánimo depresivo, de sus síntomas y comportamientos.

Cine y neurociencia: Memento (2000)

Christopher Nolan se ha ido convirtiendo a lo largo de la última década en uno de los primeros directores estadounidenses. Originalidad narrativa y creatividad le caracterizan. Y también la valentía inusual de atreverse a exigirle al espectador.

Su ultima película, la extraordinaria Inception (2010) se mete de lleno en los laberintos del mundo de los sueños. Los efectos especiales son prodigiosos como corresponde a las posibilidades de una industria tecnológicamente tan potente como la hollywoodense. Pero podemos decir sin riesgo que en esta ocasión, los efectos no están ahí porque sí, sino totalmente supeditados a una historia de increíble fuerza y elegancia.

Pero fue Memento (2000) la obra que empezó a poner el nombre de Nolan en boca de todos. La película no es solo una virguería narrativa, con su desarrollo hacia atras y fragmentado, sino una valiosa reflexión en torno a una de las areas estudiadas por la neurociencia: la memoria y sus trastornos.

Amnesia anterógrada

Leonard Shelby (Guy Pearce) ha sufrido un ataque violento en el que además vio como su mujer era asesinada. Como resultado, sufre lo que se conoce como amnesia anterógrada o la imposibilidad de almacenar y fijar nuevos recuerdos. Esto significa que cada nueva experiencia o rostro es borrada completamente de su mente a los diez o quince minutos de experimentarla. Esto le lleva a una penosa reconstrucción permanente de su realidad, ayudándose de fotos y anotaciones laboriosas. Su identidad esencial y su memoria más antigua no sufren ningún tipo de quebranto. Su mal se refiere solo a las vivencias posteriores al trauma. Se borran y desaparecen, a Leonard le es imposible retenerlas.

Las ideas y sugerencias se agolpan en la mente del espectador, e incluso en la del profesional de la neurociencia con veleidades artísticas. Qué tipo de realidad va construyendo Leonard?

Leer más en Suite101: Dos películas de Christopher Nolan: “Memento” e “Inception” | Suite101.net

Maupassant: literatura y neurosis

Procedente de una familia burguesa, Guy de Maupassant (1850-93) fue un soltero acomodado en el Paris de finales del XIX. Amante de los viajes y la vida al aire libre. Un empleo seguro de funcionario ministerial, dinero suficiente para llevar una vida de independencia. Amigos intelectuales y refinados, éxito literario. Una vida social, cultural (y erótica) de aparente calidad.

Sus relatos, junto a los de Chejov, están entre los mejores que se hayan escrito en Europa. Empezó en los 1870s bajo la dirección del perfeccionista Flaubert, con escritos de corte realista. Pero a lo largo de la década de 1880s fue derivando hacia lo sobrenatural, lo terrorífico, lo fantástico. El Horla, elogiadísimo por Lovecraft, o La cabellera, estan en esta linea. Le fascina la Psiquiatria como disciplina y asiste a las conferencias impartidas en 1886 por Charcot.

Maupassant se ve gradualmente devorado por la neurosis y por una soledad enfermiza en cierto modo escogida. Ese proceso fisiopatológico, el que va de la “cordura” (así llamada) al desequilibrio mental, ha quedado talentosamente recogido en sus cuentos. En ellos, el narrador (muchas veces el propio Mauppassant o alguien que se le parece), expone con sutileza el ominoso trayecto que le lleva al colapso de las emociones y la mente.

Maupassant no es solo una narrativa impecable, también es una especie de testimonio clínico.

Guy de Maupassant: vida y obra | Suite101.net

Audiolibro: El Horla (Albalearning)

Medicina convencional y no convencional

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Lo primero que hago cuando llego a una ciudad nueva en la que voy a establecerme una temporada es…hacerme rápidamente miembro de la red de bibliotecas públicas que me corresponde por área.

No son sólo los libros y los papeles que (al menos de momento) uno sigue encontrando en ellas y hacia los cuales uno gravita, sino también el hecho de que esos espacios, las bibliotecas, son una especie de “refugio” en el que todo discurre de una manera más suave y lenta. Uno tiene la sensacion ahí adentro de que el mundo exterior le ofrece una especie de tregua momentanea, interrupción breve de agresiones.

En Londres me ha tocado en suerte la red del Borough de Waltham Forrest. Son siete u ocho bibliotecas apañaditas, chulas.  Pero tanto aqui como en el resto de bibliotecas públicas inglesas a las que he ido afiliándome en el último bienio, he acabado descubriendo un par de cosas que me ponen bastante nervioso.

Sobrerrepresentación de lo “alternativo”

En la sección de Ciencia y Sanidad de practicamente todas esas bibliotecas populares uno encuentra muy pocos libros de Farmacologia, drogas o mecanismos de reacción o interacciones de substancias con sistemas biológicos. O incluso ninguno. Con lo que sí te topas indefectiblemente es con un desdichado montón de mamotretos dedicados a lo Alternativo, en especial a la traída, llevada y masticada Homeopatía. No solo esa disciplina falsaria se encuentra mimada y sobrerrepresentada, tambien lo está el resto de la panoplia misticoide.

Pero hay un detalle que a este servidor le saca especialmente de quicio. A la creciente, casi avasalladora, presencia de esos libros que deseducan del modo mas desgraciado a la población, se añade un truco o “estrategia” constante de sus autores y editores: la insistencia en llamar a la medicina racional y científica medicina convencional.  Y junto (frente) a esa medicina “convencional”, nos sirven ellos su material pseudohumanístico y alternativo. En el mejor de los casos dicho material se nos presenta como un conjunto de terapéuticas alternativas frente a las terapias convencionales farmacologicas. Y en el peor, como auténticas substitutas.

El uso del lenguaje, de la terminología, de la fraseología no es casi nunca inocente.Al llamar medicina convencional a la medicina cientifíca estos amigos estan armando un peligroso edificio conceptual según el cual sus charlatanerías escritas se colocan en un nivel mas “avanzado”, un escalón por encima, digamos, no sólo desde un punto de vista humano, sino hasta científico.

Foto: http://www.medicina-alternativa.com.mx/

House: enigma

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Foto Fox

House es una serie extraordinaria. Y un enigma popular y televisivo. No lo es sólo por la deliciosa incorrección política del personaje asqueroso y delicioso, martillo de charlatanerías culturales, políticas y pseudocientíficas, también y ante todo, porque implica (en clave gamberra) una contundente reivindicación de la Ciencia y la Medicina como frio ejercicio análitico, lógico-racional y escrupulosamente seguidora del método científico. Sin negligir, claro esta, la idea de genio intuitivo -otra incorrección que saca de quicio a los “curas” progres de la época – y que es la que pone en marcha, esa chispa de genialidad, lo que dispara el proceso desvelador.

Para House, la Medicina es puramente una operación intelectual, un desafio detectivesco con un “culpable” (un bichito o un misterioso trastorno fisiopatológico), un escenario (la patología resultante) y una víctima: la víctima. Un Holmes de la Ciencia Médica, para quien solo cuentan las cada vez mas desatendidas células grisáceas de la caja craneana, la recogida de datos y la interrogación crítica de la Realidad. Sin ningún tipo de niebla sobrenatural u oculta como en otras series de television también (y desdichadamente) exitosas.

Frente a la cansina palabrería alternativa con su presunta voluntad de centrarse no en la enfermedad aislada sino en la persona (servidor detesta ese lenguajito newage, suave e infumable), sus mojigaterías humanísticas, sus circulos y espirales especulativas y su bruma no contrastada, House se erige como el campeón de la Medicina Científica Occidental.

¿Y por qué es un enigma este excepcional programa televisivo? Pues porque resulta que ha salido de las profundidades de un estudio de televisión estadounidense (su origen no es precisamente indie) y con vocación comercial, y ello en una epoca de creciente presencia y aceptación desgraciada por parte de un atolondrado publico del rubbish misticoide y alternativo, con sus sibilinos e incrustados ataques a la Ciencia. Esa Ciencia que teniendo en cuenta la enorme cantidad de sufrimiento o simplemente incordio del que nos dispensa en todos los terrenos de la Existencia (no solo en el médico) merecería una defensa lo mas aguerrida posible frente a la caterva de estafadores holísticos. Por todo ello, y más que me callo, olé House.